
Poesía
Sobre mi
poesía:
“No se puede vivir la
nostalgia de lo perdido"
Edmund P. Kirk
Esa palabra, ese fragmento de un verso, una frase de un texto cualquiera; los restos de una conversación cotidiana, pueden ser la materia que produzca esa primera pequeña iluminación de la que se desencadenará, inicialmente, el contrapunto de voces y sonidos que habitan y son requeridos por el poema.
Ecos que inician entre sí un intercambio íntimo que se corresponde con aquellas otras voces que habitan las páginas amarillas, subrayadas y anotadas, de libros envejecidos que nos aguardan en nuestra biblioteca personal.
Murmullos que no podrás erosionar de tu memoria, “Schwarze milch der Frühe wir trinken sie abends [...] wir trinken und trinken” correspondiéndose con “All changed, changed utterly: /A terrible beauty is born” o con “por fervor de la mente, el valimiento/ de no ser copias serviles sino formas, /purificada acentuación de formas”.
Presuntas consignas para ese juego que crees controlar: “el susurrado aullido de sus preguntas/ preguntas que no requieren respuestas inmediatas/quizás tan sólo -nuevas preguntas/ así ellos/ frasean su respuesta –en el armónico plisado de unos sonidos”.
Sólo sonidos girando en el vacío, buscándote la lengua, siempre, persiguiendo eso que está por verse en la palabra.