
Poesía
Fragmentos extraídos del epílogo del libro “De Volcanes y Giralunas en
celo”:
“Hace un año, más o menos, Rubén Soriente (un amigo pintor) me comentaba una
idea que esgrimiera Miguel Ángel Buonarotti. Este escultor solía decir, al
tiempo que escogía entre enormes bloques de mármol de Carrara a aquellos en
los que iba a trabajar, que la obra ya estaba allí desde antes. Sostenía que
su trabajo se reducía a quitar lo que sobra. Y así era que se
componía su criterio de selección, finalmente. Esto me ayudó a sintetizar lo
que venía experimentando con la poesía.
La hoja en blanco no está en blanco. Como aquel italiano, uno puede
ver al trasluz la obra que pide por alguien que le quite lo sobrante; lo que
le impide salir a la luz y darse a compartir. Las diferencias con el
reconocido plástico puede que no pasen de herramienta y técnica
(prescindiendo de opiniones valorativas).
Aquél golpeaba para quitar los blancos y nosotros, los que escribimos,
coloreamos a la que pide libertad...
...La hoja no es la que parece; una que espera sobre la mesa,
es la que llevamos puesta. Aquella primera se parece más a una mujer
de hielo con una niña que nos mira desde dentro.
Esa pálida mujer es tan lejana, tan inabordable porque no se trata de la que
nos conmueve dejando un antes y un después a ambos lados de su paso.
Esta otra hoja nuestra, en cambio, dialoga con la niña inquieta, inasible
y cercana a la vez, la niña que sólo necesita que uno aprenda a
escucharla y esté atento para abrirle la puerta. Y esto es, para mí, tan así
de evidente porque esa niña es la vida.
El compromiso que yo siento con esa pequeña es la honestidad.
Ser leal a lo vivido y rendirle honor es descubrirla bajo esa transparencia
mortal.
Si logro dejar que la pasión derrita esa capa de supuesta tiranía,
lo que saltará a respirar es una criatura que se parece mucho a la que todos
llevamos dentro. Y es bien posible, entonces, que no nos resulte extraño
encontrarnos en su espejo...
...Lo poético viene a demorar la percepción, a presentarnos la cosa
de tal modo que debamos reparar en ella y volver a pensarla. Es como si se
tratara siempre de la primera vez (y es en este sentido que
entiendo una función social de lo poético). Este modo de re-presentar es,
para mí, lo poético. Un modo conciente que transporta lo sentido,
apelando tanto a la emoción como al entendimiento. Es también un
juego, un desafío desde la combinación y hacia los espíritus dispuestos.
Como creo que la hoja que llevamos puesta; la experiencia vital,
es también anterior, y anterior en términos de antigua, adhiero a la
idea de que hay una memoria de muchas generaciones que sustenta todo lo que
no podemos explicar desde lo cultural de nuestro tiempo, desde el caótico
entramado social en el que vivimos. Esta memoria funciona como un
palimpsesto; tabla capaz de contener, a un tiempo y conjuntamente, la
escritura presente y la pasada; lo escrito hoy junto a las huellas de lo
escrito ayer. Todo lo que pensamos ha sido pensado y todo lo que sentimos ha
sido sentido. El pasado se re-escribe en nosotros permanentemente.
Vivimos en un retorno inagotable. Por esto es que podemos entender a la obra
como lo que ya estaba allí, antes de disponernos a colorearla.
Finalmente, la maravilla de todo esto es que nada se agota y que,
mientras se transforma, tenemos la dicha de elegir un lugar creativo para
este cambio. Nada mejor que una mente satisfecha en su intento
inagotable, dentro de un cuerpo cansado al final de la jornada; un espíritu
inquieto siempre en carrera hacia el horizonte móvil de la felicidad...”