Tres autores
, por Pablo Javier Resa

Néstor Costa
Norberto Antonio
Horacio Scondras
 

 

Néstor Costa (de: “Desde el fuego de abajo”,  Avellaneda – 2001)

 


la lluvia no alcanza en otoño


celmira
anoche no durmió
no pudo acomodar su cuerpo
   dulzón por la diabetes
al hueco de la cama
no soportó el silencio de las hojas caídas
ni la ausencia del viento en los tejados
y maldijo a la luna que se mudó de barrio
llevándose con ella al perro que le aullaba

celmira
ayer lavó la ropa vieja
la pollera floreada del domingo a la tarde
   de olor a naftalina y pubertad
la blusa blanca
   cobijo del pudor de bisoñas turgencias
   vencidas por el tiempo
   resecas de lactancias
y el camisón que alguna vez fue rosa
  testigo de su primer orgasmo frígido
  con el hombre que se obligó a querer
y en aguas jabonosas
sin remolino alguno
las manchas juveniles recorren los desagües

amaneció lloviendo
celmira
                regando espectros de un rosal
bajo la lluvia llora

un vecino la mira
ella sonríe y dice
                sin dejar de llorar en su jardín sin flores
usted sabe don juan
la lluvia no alcanza en otoño



 



Norberto Antonio
(de: “Paladar Negro”, La Plata – 2003)




La lluvia no mojaba, la calle se movía,
el beso era desapasionado,
las flores demasiado artificiales,
la escena debía repetirse.
Entonces ambos preparan sus labios
con decisión, las flores simulan más colores,
la lluvia parece ser intensa.
Los críticos de cine se preguntan:
los actores sobreactuaron?
la pasión puede fingirse?
el director estuvo alguna vez enamorado?





 


Horacio Scondras (de: “De grotescos, lunfardos y fantoches", Avellaneda)

 


Hijos del desafuero


Mis grotescos –lunfardos y fantoches-
son testimonio de mi andar errante,
son los nietos de aquellos inmigrantes
colgados a la vida con un broche.

Orilleros –humildes- atorrantes
mis indigentes parias de la noche,
no dominan la lengua de Cervantes
ni engrupen a las grelas con un coche.

No les vengan con versos de artificio
porque son sabedores de un oficio:
conocen a los chantas de memoria...

Cuando escuchan un tango que les duele
añoran socarrones los burdeles
de las putas del Puente de la Noria.

No los mueve la fama ni la gloria


 
 

 

 

 

 

 

 

 

 


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