
Poemas
Sombra de mar
Grandes sombras atrapadas
En el blanco
Una carreta desmenuzada en el hastío
La pureza desde donde
Las migas de los sones
Caen
Y se hartan
En su propia biografía
La muchacha etrusca
Hilvana la aurora
Y se dice soledad
Mientras abraza como un cetro
El cesto completo
De lienzos y almas
Y camina en la irregularidad
Del lodo
El río recibe y saluda su intemperie
Recuperación de los cargos
Y largos sueños de barcos
Y ya se sabe todo río sueña ser lo móvil
Emplaza a los dioses su destino de mar imposible
No hay brisa allí
No existen aves marinas
Pero todo es litoral
Es orilla también
Los ojos abiertos de la muchacha
Mientras se inclina para lavar los pecados de las ropas
Las intenciones de futuro
La impavidez de los recuerdos tan próximos
Su cabello se enjuga y lamenta
Su estirpe plebeya se aproxima
A la peste
Que nadie sabe
Si llegará con animal o dios
Ella aguarda entre los brazos
Toda la humedad de su vientre
Y así detenida en el movimiento constante del lavado
Se acerca el hombre que perturba lo escrito
Quizás la muerte tomada
La custodia del tiempo
Que se entrega
Como una princesa
Que domina el puñal de la vida
Como una loba feroz
Que bebe la muerte como un racimo de tierno césped
Arrancado a la tierra
Y esparcido en la espalda del hombre que se atreve a
Trastocar la bitácora de la rutina
De la pradera como si se tratara de un barco a la deriva.
Un mar tan seco como la boca de un hombre sin futuro.
Lungo
lungo mare
estiraba la abuela para
estabilizar la aleación de hierro y sinapsis
tantos viajes después
es más lungo
inversa
de sensaciones de amplitud
que habitan la infancia
aparta su mundo a un lado
desde donde el viento
amartilla a esa joven mujer
por delante de nuestras huellas paralelas
sobre la arena
una nube con hijos aplana
la visión
para propone algún límite
pero ella los desconoce
despelleja sus ilusiones y las remonta contra el viento frío
que il lungo mare desmorona
en plano y angulado nivel
sus ojos se tensan en el rostro pequeño
y brilla su rubí de la mañana gris
su horizonte de pan y claridad
es tan diáfano como su voz
y la agonía única de la rosa en cada conjunción
lleva una caja de hojas verdes
y blancas en perfecto desorden
donde el agua de manuela aguarda
y el viento arremolina sus manos
la ventura de mar de lungo mare
mueve su eterno compás que
reitera la espera sin final
Apellido apellido
Tacto de padre
maternal congo tibio
tanta superficie
para obviar tequieros
por el ojal del escudo macho
de gran metal
que obtuvo lágrimas nunca
entre las piedras
dedal por dedo caricia
en gotas
derrama soles
en el puerto del patio
temporal de tu invierno
visto
la misma savia
que el tiempo
enlaza
como dos mitades.
Siesta de Ambar
Chivilcoy, 17 de enero de l889
Fui una mención apenas
una carta amarilla entre los libros dormidos,
la luna enfriaba su tiempo neto
con un momento de niebla,
la aguja en mi mirada de seda pura
para erguir el vuelo
soltando la carga, los años.
Fui, por supuesto, un espejo renuente
atrapado entre el nogal ligero
que ahondaba la galería infinita
como una explosión tranquila y esperada,
los rizos brillantes y vivaces
revoloteaban mi escote drapeado.
El sol machacado inflaba las copas
y fijaba el almidón en la tela de mi alma,
un símbolo, la escarapela de mi huida,
sembrado del regusto de las almendras
amargas.
Salida laboral
Bajó la persiana
en la oscuridad
para impedir que escaparan
nuestras almas,
se acercaron las paredes
tras su espalda y cayeron,
la alfombra roja como la noche
era una mano de placer
y desodorante, intenso
que olía su propio abrazo
nuestros cuerpos de silencio
de aceite
nuestros cuerpos huecos...
Punto atrás
un mar de hemisferio
bajo los alargados hitos de tus costillas
tanto burdo tiempo
tanto dios
en tu entraña
la desierta placidez
un barco de monedas y providencia
mi mano venosa es la estúpida pregunta
que desteje tu vientre.
Geometría del remordimiento
“la luna es
una muerte que vuelve”
Inicio imposible del círculo
lengua de gato
en el arco submamario -perfecto-
como fiordo
arcano, paralelo de sombra y ángulo
venir y volver
cono tras el régimen de tinta
-lágrima de árbol-
del oscuro sol interno,
en el centro
elíptico
de la ballesta
la cola de la flecha
besa el porvenir
que cierran las manos tensas.
Espada de iris
“detrás de la tormenta, un cuento que habla de distancias
o de peces arrojados en la orilla”
Daniel Grad. Renacer sin morir-Cartas-
la vieja pupila brilla en el ocaso
triunfo
desamor del habla
el silencio
que ella elige
como una ceniza
huele con alas de saqueo
amor
mío
roca
rastro
página
arrasada de la historia
exacto
manuscrito desde donde ver
soy ese
insecto
ventisca
estómago reluciente
que hierve
la voz es aguda infantil
no desemboca en el rostro
y dice soy más fuerte de lo que pensamos
esa voz va
un resplandor en el miedo en la frontera
despierto al llegar sus consonantes delineadas
y el aroma de las vocales clarísimas
pero no me nombra
no
es otro el llamado
la urgencia
que serpentea
su vientre
no me nombra
no me descubre
sus ojos me traspasan buscando oro.
Castelo arena
La fortaleza es plana apacible
El pesar aquí no ingresa
Un hipo del viento se aproxima y teje
La diadema de nubes
Una luz doméstica
Restalla y escapa (el escape es la desmemoria de lo imposible)
Transforma la luminiscencia en algo más feliz
Toda la arena como esa fortaleza sin ruedos
Tiene aún las manchas de la lluvia nocturna
Ella descree del frío pero la invade
Desde el mar se sabe a sí misma
Y tiene las manchas de la lluvia de la noche
Pero en esta mañana su pequeño talle
Es una bandera inmaculada se ajusta en su biquini alba
No es casual que nadie habite la playa
Surge como un caracol de bronce
Y el líquido escapa de su cuerpo helado en caminitos argentinos
Pero el escape es la desmemoria
tiene un dolor en el horizonte y la arena blanda le impide volar
Descree de la frialdad de mí
me pide su túnica para enfrentarse al frío
Y pelea
ofrece la lucha cuando corro hacia un sitio absurdo
Salpicando la arena seca casi sobre el límite del beso de agua
Y me persigue
y corremos con el viento agudo en la cara y la boca abierta
Ella abre sus labios y se traga la mañana de un bocado
ya habrá
tiempo para sorber y suspenderse en el sabor
Pero corre para crear el prisma y reducir todas las luces al único color
Su color
Y corre enfurecida y feliz tras de mí exigiendo su abrigo
Corre hacia un universo fabuloso
Donde anidar y desovar las perlas de la felicidad.
Presbicia de once de enero
música
cielo gris
instrumento de viento silbante y agudo
un niño contempla la maravilla desde el entrecruzado diseño de los alambres
más agudos los sonidos que genera el viento en los tubos
son invisibles y diminutos
indefensos
como los cabellos de la embarcación en el sueño del mar luego de la tormenta
esa muralla se derrite entre candelabros
y las hojas suben su color su cambio de hendidura
un viejo duplica la realidad empañada
delante de sus ojos
acomoda eternamente las lentes que caen eternamente
como para recordarle que esa realidad debe ser husmeada
pero no decide aún cual de las dos es la designada
la construcción atávica de la muerte trama la urdimbre
tieso
deja hacer
deja de esperar
y espera
tantas estaciones y noches sin números
la mujer que se llamó gran amor
le arrebató el reloj de la vida.
Una guarda
Allí cuidadosamente elegida
Separa la unión en medio de la pared y se recorre
Por los diálogos en la cocina
Los exiguos
Los esperados colores
Del otro lado de la ventana que regalan las flores
Soportando la intensa luz
La irregularidad del agua
Los esperados diálogos
Desde un lado de la mesa pequeña
Los encerrados mensajes ocultos enfrente
Como una guarda en la conjunción que separa
Y ella vuelve sobre sus palabras escasas
El impedimento
Ciclo cumplido
En los tonos de la guarda
Ciertos más claros y felices
Cuando quiebra la distancia y rodea la mesa
Para sentarse donde debe
Sólo porque sí así es
Y su peso es magia de la levedad
Con algo rico despaciosamente construido
Como para quedar en aquel lugar por siempre
Registrando los teamos
La media y la posición exacta
De la guarda sobre la pared blanca.
Maquillaje
El tatuaje en el párpado
Derecho
Circula, viborea, late
Tiene la esfera desinflada
Como la laxitud
Anacorética
De la luna
Por la tensión insospechada
Y relampagueante
De una vela
Un ojo en el riesgo del espejo
Sobre el marco
De la cabellera
Rescatada del naufragio
Ella ve la mitad
De lo que su mano
Derecha
Arde
Y dibuja
En la mitad sombras
Y parece no recordar
El influjo
De las palabras
Ni las paredes amoldadas
Durante toda la noche
En la humedad de la seda
Y vuelve a delinear
Los límites
Párpado, ojo, pestaña
Como un agobio
Impenetrable
Y sin retorno
Sobre la subsistencia nocturna
De mi visión
En su rostro
Allí
Barco, mar, destino.
El túnel
Y entonces la niña
Toma su escoba y lacera los espejos
Sacude la imagen de niña
Barre sus estampidas
Y renueva las súplicas
De ojos de niña
Morigerar
Los diminutos destellos
Y salidas
Ocultas
Es un insecto primitivo
Débil
Entre los infinitos pétalos de la rosa
Y es su trampa
Es su túnel
Sabedora de la sangre
Que sabe a amputación
De su propia vida
Su lengua reitera los caminos
Desliza entre los dedos
La miel y atesora los sacramentos
Es la visitante magnífica la señora niña del túnel
Los seguidores las sombras de redondeadas armas
Y escudos
Trastos de heráldica pertenencia
La flormaría del túnel
Es la hora
Y no es azaroso
Que todos bebamos
Ávidos nuestros destinos
Ella revuelve del tiempo
Ella pisa sus tacos y apenas eleva su aroma
Y todo se entinta del eco de sus gestos
La reserva de sus ojos (El enigma)
Esclarece como faro en el desierto
Y nos despegamos de las húmedas paredes
Y en mudez articulamos el ejército
En el seguimiento
El derredor sombrío
El túnel se despeja
La maga ha llegado a instalar sus manos
De luz
Entre nuestras cabelleras.
Hotel Internacional
sirven azúcar
tres ancianas lamen sus joyas
giran las cucharas destellos allí
allí
silencio y murmullos
educadísimos
el
toque delicado
los
dientes y los mordiscos escasos, apenas el meñique
comer
sin hambre, no desplegar el rouge,
no
doblar la espalda
inmóviles los peinados
contraluz del sol en el ambiente artificial
la alfombra difunde olor a seguridad
allí y por allí, apagados pasos de impecables suelas
desde el piano la música y su pertenencia
en la mesa los incorporados viajes lugares disgustos
collares que ciegan una anciana a la otra y a la otra
las increíbles perlas muertas
ajustan poco a poco
los cuellos fláccidos
y
ellas tan tranquilas, mastican la dulzura
giran las cucharas
beben la vida.
De secado
Es claro que ha perdido la cabeza
sus manos rehuyen el sol
sus manos de pan
aminoran el solsticio
y
acuden el intercambio de los turistas
en las calles en las plazas en las alcantarillas
es la soledad de las hojas
rescatadas debajo de su voz
en el soliloquio
y la discusión
permanecer
soledad
el juzgamiento vendrá con las horas de los corales
más atrás de la intensidad de la sombra
desde donde el engendro lastima sus secretos
y los relame
como el ácido pezón en la estepa de su mirada
el anciano ríe
como una madeja vieja entre los olores de la herrumbre
es más bien una fricción
arcaica y desopilante
de los reinos
a los que nadie pudo acceder
o quizás sí
no hay testigos vivos
que repartir en toda esa intemperie
es una fricción lúbrica
su risa
detenida entre instantes de silencio
y el mayor plegamiento imposible de piel
sucio papiro de fantasmas y las caricias
el nido de alimañas
el secreto de los ancestros
cuevas de gemidos y silencios como esquinas
y reflejos de abalorios de los sexos
en el arrugado rincón la cabeza gacha
convulsiona
parvo cabello, los pómulos y la libertad
horizontal de la mandíbula inferior y desdentada
convencen sobre el capítulo
de la carcajada
pero los ojos
la piel se frunce, desplaza algunos ruidos a base de íes
algo expandido
y trasladan el recuerdo de la alegría
pero los ojos
hombros en ascensión irregular y desigual
y se adivina la resistencia en el abdomen y algún desahogo
en el pecho que culminan en la risotada
pero los ojos
allí sus ojos muerden
remuerden
tanto manoseado dolor
tanto tan rojo dolor
doblado sobre sí
las pestañas se toman la boca del estómago
en los desteñidos ojos
ojos huecos en el símbolo real del supremo
sufrimiento
sufrir en el padecer del abismo
y un horizonte plagado de muros
húmedos
y aún así
secos de rojo dolor
las lágrimas agotadas en la fuente de los años
sin relación causal
no hay más delirio
no hay más un sueño
no hay más que un altísimo deseo
llorar
llorar y dejar el cuerpo a su superior antojo
y voluntad
que el llanto imposible y marchito
sea la tarea de toda la vida
y se encoge en el dolor que no duele
de tanto doler en el rojo insondable
todos dirían
que los ángeles lo sacuden
reviviendo sus experiencias
todos dirían
que se arropa en la búsqueda peregrina
del puerto donde volver
cerca de aquella pasta líquida y tibia
el dulce calor desconocido
que recuerda vívidamente
mientras tanto ríe
no ven cómo ríe
perdiendo su cabeza
está tan loco el pobre
y alguien arroja una moneda
hacia sus manos en cuenco
fijas y tan secas
como esperando la humedad
de una espera
última
lágrima.
luna de trinos amarillos
a mc
algún dolor debajo
de las
uñas
se
quita
junto a otras memorias
como madera humeante
en caída vertical
ciertas ropas
despliegan un breve vuelo
y tiñen los pasos
que de a poco se apagan
entonces
ella toma su piel
toda su piel
íntegra
con sus
ventanas de luz
que enceguecen
y así
más desnuda que el pan tibio
regala
una permanencia transparente y verde
como luna que entrega a sus hijos
a la vida
y ella misma se dibuja
toda
toda la eternidad
lección E
un cuerpo
E lección
los que se aman se eligen
a sí mismos no eligen
al otro al no otro
y el otro es la elección en el antes
del después
se descalzan en lo efímero
y se perduran
en cierto cúmulo de luz impregnado
del ya de la oscuridad
ahora no se eligen
la elección suprimida en su sustancia
por ésima vez
como la astilla elige
ser arena que desgasta
su propio deseo su futuro estallado
él la elige
elige mirar la mira
ella elige sus ojos propios por decir
su penumbra felina atrapada
en medio de su poder
ladea apenas su rostro
estira sutilmente su comisura labial
izquierda
dice esta mal?
dos alucinados en la lluvia de presente
irrumpe y abandona atravesando
sus débiles cuerpos en un furor de electricidad
nada es prisa
aurora boreal enclavada por el
fugitivo vuelo de un cuervo luego
el tren
que sencillamente los abandona
y se abandonan
en todos lados, en el pensamiento
en el fumar, en la multitud de la semejanza
en la elección que beben
en que se nutren
creen saber que eligen la palabra
de un idioma que escribe la piel
un oído que es presagio de sonido
de fricción
historia hecha migajas de un pan muerto
y eligen su fe su abrazo al destello
a la estampida del entendimiento y del olvido
el abrazo gira en los diámetros del abrazo
punto de partida de decenas de palomas quietas
en el tejado derruido
instante de sosiego, de frío
ellos se clavan la eternidad con un
puñal de doble punta
y son parte del dibujo
una acción abandonada de textura
de dimensión
ah penas un abrazo que se hilvana