"La poesía es militancia" (Laura Yasan)

 

 

arte poética


era mi oficio
desplegar unas alas de latón como si fueran pétalos
abiertos en la piel de los amantes

y ella tejía los abrigos

separaba las hebras en la frente
de los corderos lastimados
pude ver el futuro
leche cuajada en la lengua del lobo
música escrita sobre el filo del mundo

era mi habilidad
salvar las criaturas que anidaban en la corteza de los días
negar sus huevos quebradizos
delicados cadáveres de almejas pegados a la ropa
lentejuelas cosidas al brillo de los ojos

bebí de su tazón
granos de sal como piedras preciosas

ella cantaba sobre las manos ásperas
del trabajo mal pago


                                                                              julio de 2005
 


 

Más sobre la poesía de Laura Yasan:

 

"La crónica del Buenos Aires violento, desde la poesía de imágenes impactantes de Laura Yasan"  
 por Jorge Boccanera*
 

 

Contrariando la idea de que sólo géneros como la novela, el teatro o el ensayo, son los encargados de dar cuenta del presente y la conflictiva situación social, desde la poesía Laura Yasan, autora del libro “Tracción a sangre”, hace la crónica del desamparo y la violencia sin pagar tributo al testimonio lineal, y con  imágenes de bella factura.

Nacida en Buenos Aires en 1960, Yasan -quien obtuvo con un libro anterior, “Loba negra”, el Premio centroamericano EDUCA de poesía- palpa la atmósfera de la ciudad y traza el registro de la crisis: “Me preguntaría si es posible no dar cuenta de todo esto. Ser poeta no es estar separado del ser social. La poesía es una mirada del mundo y el mundo empieza en mi casa, en un barrio donde cada dos pasos un chico me pide una moneda, un hombre duerme en la vereda, una familia junta cartones. ¿Sería ético callarse? El  poeta debe  cuestionar. Soy parte de un nosotros, por eso digo en un poema: ‘Todos estamos solos en Buenos Aires’. Hace unos días un hombre de setenta años se puso un revolver en la boca para que la obra social le brinde un servicio de quimioterapia; ¿cómo puedo después de eso sentarme a escribir un poema que no haya sido rozado por esa bala?

Una mirada descarnada y para nada autocompasiva, es la de esta poeta que desde 1995 lleva publicados varios libros, todos con títulos que parecen rotular historias del policial negro:  “Doble de alma”, “Cambiar las armas” y “Cotillón para desesperados”. Entre sus temas se patentiza la dificultad de ser mujer en medio de la crisis social: “Todo nos cuesta una moneda extra, pero sabemos mucho de crisis, mantenernos a flote y remar. Hay que pelear el doble por un lugar en el mundo, adaptarse permanentemente a nuevas condiciones, negociar cada día lo que se suponía  ganado. En la crisis es la mujer la que saca el hogar adelante, la que contiene, la que convoca, la que para la olla mientras la televisión dice que para ser feliz hay que darle besitos al envase de detergente. Tenemos la capacidad de ser creativas en el dolor, y de darle lugar al deseo”. 

       El hablante de “Tracción a sangre”, que acaba de publicar editorial La Bohemia, es el sobreviviente de una urbe deshumanizada, Yasan lo dice de este modo: “hay un tic tac de bomba que me borra las líneas de la cara...son tiempos de no abrir la puerta a nadie....detrás de la ventana/ una mujer se enciende de pastillas/ y se pone a pescar besos enfermos...somos esa mujer/ la llevamos revuelta en la mirada como un vestido sucio...soy la loca que barre/ la antesala del mundo”.

Y sobre ese ciudadano en caída libre, explica: “La ciudad es un vértigo. A veces salgo a la calle y siento que me estoy tirando de un décimo piso, y cuando vuelvo al silencio de mi casa impacto contra el pavimento, es como un bloque de silencio contra el cuerpo. Todos estamos así y abajo no hay red. Todos corren con el celular en la mano, tocan bocina y suben el volumen. Somos suicidas urbanos en potencia”.

       La poesía de esta autora, no exenta de originalidad en el plano local, es un entramado entre locuciones populares e imágenes talladas con delectación. Entre Discépolo y Olga Orozco, Gelman y Cortázar, se reconoce en la oralidad de la calle: “Escribo en el idioma que hablo, un porteño medio reo, arrabalero. Mis abuelos hablaban una mezcla de idish con lunfardo, pero nunca se escuchó tango en mi casa, al tango entré de grande. Mis poemas nacen de una frase escuchada en la calle; luego se me arma un collage en la cabeza con las imágenes del subte o del super de los chinos, y ahí va el cóctel con mi cotidiano, con la problemática que esté atravesando. No me emocionan textos donde el poeta muestra la tinta y esconde el cuerpo. El lenguaje es algo vivo que se actualiza permanentemente”. 

       En este sentido, Yasan, que coordinó talleres de escritura en unidades penitenciarias e institutos de menores elige sus vecindades: “Me fascina el imaginario del Indio Solari, los poetas del tango, me pegan fuerte las imágenes visuales, me quedo con un ‘quisiste con ternura y el amor te devoró de atrás hasta el riñón’ a cualquier otra disquisición subjetiva. Me dejo influir por todo lo que me gusta; también se escribe mirando por los ojos de otros”.

Un título anterior, "Cotillón para desesperados", alude con ironía a un trueque desigual; cambiar algo precioso por collares de fantasía: “Uno da una vida de laburo y después arreglate con doscientos pesos de jubilación, uno entrega el oro, su corazón, su vida, y le regalan espejitos. En ese poema pongo todas las fichas en la mesa, digo ‘del trabajo a la cama forrar el ataúd con el salario mudo del fracaso’, es todo lo que te dan por dos tapitas más un peso. Busqué una simbología para eso tan abstracto que es el poder, el sistema, y aludo al canje desigual. Termino diciendo: ‘por tres libras de carne más la furia te dan tres aspirinas y una bala‘.

Otro de los temas que atraviesa sus libros es un deseo siempre escamoteado: “En el poema ‘Animales domésticos’ digo: ‘el deseo es un animal que vive en las entrañas/.... el vacío es un animal que vive en el deseo’. No lo siento como algo escamoteado o postergado, al contrario, el deseo es algo tan fuerte en mí que no acepta una negación, ‘todo lo que deseo es mío’, digo allí. El deseo es una máquina que trabaja noche y día, me genera permanentes cuestionamientos, paredes donde uno choca a mil por hora, vacíos del tamaño de un océano donde suelo naufragar una vez obtenido lo deseado”.

La poesía de Yasan lleva una marca fuerte: la ironía que –subraya- forma parte de ella misma: “Pienso siempre en un registro irónico, soy cínica, escéptica y fatalista. Humor y compromiso no tienen por qué ir por carriles separados, hay que saber reírse de uno mismo. El humor es sanidad mental. Amo los textos que me arrancan una carcajada,  algo que afloje un poco la angustia”.


*(Reportaje realizado para Télam, publicado en la revista chilena AErea-Anuario hispanoamericano de poesía, nº8, 2005)

 

 

         

 

 

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