Mientras que para los Aliados el problema era cómo coordinar mejor sus esfuerzos militares para darle a Alemania el golpe de knock-out, para el Vaticano la cuestión era cómo asegurar que la maniobra militar y política que había logrado la rendición e incluso la preservación parcial de la Italia fascista fuera repetida en la Alemania Nazi antes de que el tiempo se agotara.
Individuos y grupos una vez más empezaron a trabajar, movidos por sentimientos políticos y patrióticos pero sobre todo por el temor al caos Bolchevique que la completa derrota de Alemania traería con ella. Sus objetivos: derrocar a Hitler, establecer una dictadura provisional, pedir la paz a los Poderes Occidentales para detener el quiebre completo del orden social en todo el Reich. Tal cambio evitaría que los Ejércitos soviéticos entraran en suelo alemán, el cual se sellaría herméticamente una vez que el nuevo gobierno hubiera aceptado los términos de paz de los Aliados.
Como en el caso de Italia, aquellos planes de cambios venideros se habían estado trazando con grados variables de éxito desde hacía cierto tiempo, habiéndose acelerado esas actividades después que la derrota final de Alemania se había hecho inevitable.
[Un atentado sobre la vida de Hitler se había hecho en 1939, después de la campaña polaca. El primer complot organizado (además del de 1939) tuvo lugar en marzo de 1943. (Nótese la fecha. Durante la misma primavera los conspiradores italianos estaban haciendo preparativos para librarse de Mussolini.) El complot fue concebido por los mismos elementos que el año siguiente iban a intentar arrestar o matar a Hitler y, a diferencia del ejemplo de los italianos, estableciendo una dictadura militar. En su malogrado atentado de 1943, el complot abortó, debido principalmente a la no explosión de una bomba puesta en el avión en el que Hitler estaba viajando (13 de marzo de 1943).]
Como previamente a la caída de Mussolini, así también ahora el Vaticano, Gran Bretaña y los Estados Unidos de América estaban en completo acuerdo sobre apoyar a esos elementos dentro de Alemania listos para llevar a cabo el golpe. Los objetivos nacionalistas y patrióticos fueron hábilmente mezclados con los religiosos de manera tal que estos elementos (entre quienes había individuos cuyos motivos eran todo menos religiosos) aparecerían exteriormente como un movimiento cuya tarea era puramente política. Sus objetivos inmediatos: el salvamento de cualquier cosa que pudiera ser salvada del desastre final, y el establecimiento de una dictadura militar.
Después del golpe italiano, el Vaticano -que aunque era uno de los principales poderes interesados detrás de la escena, en los complots de Italia y de Alemania actuó aparentando ser un distante observador- habiendo hecho
acercamientos adicionales tanto a Hitler como a los Aliados en la esperanza renovada de que alguna clase de arreglo pudiera alcanzarse, viendo acabar nuevamente en el fracaso a sus intentos, comenzó a trabajar para evitar la catástrofe militar final de la toma de Alemania antes de que un nuevo Gobierno estuviera listo para asumir.
Fue así que en la primavera de 1944 el Vaticano se puso activo en ese tipo de discreta pero presagiosa actividad que en la primavera anterior había precedido a la caída de Mussolini. El Embajador Nazi efectuó varias visitas oficiales y extraoficiales al Papa, como lo hizo el Embajador británico ante la Santa Sede, mientras que el enviado especial de Roosevelt, Mr. Taylor, volvió a Roma, donde no era menos entusiasta que sus colegas alemanes y británicos en tener largas entrevistas privadas con Pío XII.
Una vez más el Vaticano sirvió como una especie de enlace entre los Aliados y los alemanes en la clandestinidad encargados de la tarea de reemplazar a Hitler.
Se había aconsejado a los alemanes de la resistencia a actuar antes de que los Aliados invadieran el Continente. Porque si hubiesen tenido éxito en establecer un nuevo Gobierno, a ellos les habría resultado infinitamente más fácil pedir la paz que a los Nazis; y así, obtener términos por los cuales el desmembramiento del Reich podría evitarse, y la sombría posibilidad de que los soviéticos ocuparan parte de Alemania sería descartada. Debe recordarse que para esta época, la primavera de 1944, los Ejércitos soviéticos estaban avanzando firmemente hacia el oeste, mientras que los Aliados Occidentales todavía no habían puesto un pie en Europa.
En vista de la gravedad de la situación, los conspiradores -en vez de planear eliminar a Hitler arrestándolo como se había hecho con Mussolini- decidieron su asesinato. Un complot que se había planificado durante las diez semanas del verano de 1943, en el momento en que el plan italiano fue ejecutado, estaba completo ahora, "los detalles militares para el golpe fueron mayormente desarrollados por el Conde Stauffenberg, y el Mayor Ulrich von Oertzen, en colaboración con el General Treschow."
El Coronel Claus Schenk von Stauffenberg era Jefe de Personal en la Oficina General del Ejército, bajo el General de Infantería Friedrich Olbritch, siendo este último uno de los principales conspiradores. El Conde Von Stauffenberg era un muy ardiente católico y pertenecía a una familia que durante siglos había estado profundamente empapada en el Catolicismo. El Catolicismo de los Stauffenbergs era su característica principal; ellos favorecían el antiguo orden de cosas, y por lo tanto en política aborrecían las doctrinas socialistas y todo lo que ellas implicaban; como patriotas ardientes y como católicos devotos, su meta principal era favorecer los intereses de Alemania y de su Iglesia, y combatir a sus enemigos con todos los medios posibles.
En esta escena debe notarse que mientras que los anteriores infructuosos planes nunca habían sido totalmente aprobados por Roma, ahora que el Vaticano había dado su bendición, de repente se destacaba un católico muy devoto (muchos católicos tomaron parte en los complots anteriores, pero siempre habían permanecido en segundo plano). Si esto fue debido a la inusual experiencia organizacional de Von Stauffenberg o a otras causas, es difícil decirlo; el hecho significativo permanece, sin embargo, que desde este tiempo en adelante, es decir, cuando los ejércitos soviéticos avanzaban, los católicos celosos se volvieron más activos que nunca.
Además de los detalles militares del plan, el Conde Von Stauffenberg y sus amigos habían preparado un cuidadoso proyecto en el campo político. Muchos de sus socios pertenecían a la oposición Cristiana -léase Católica Conservadora- a Hitler, y se habían vuelto los líderes del Partido Unión Democrática Cristiana, o Unión Socialista Cristiana, encabezada por el devoto Dr. Mueller.
Según este proyecto, tan pronto como Hitler fuera eliminado los conspiradores establecerían una dictadura militar. Ésta duraría lo suficiente como para prevenir el desorden revolucionario y llegar a un acuerdo con los Aliados. Fue estimado que tal dictadura provisional militar a ser modelada a semejanza de la del General Badoglio en Italia existiría aproximadamente tres meses. [Según Fabian Von Schlabrendorjq, en la dictadura militar, los dos líderes hubieran sido el Coronel General Ludwig Beck quien "iba a desempeñarse como Jefe de Estado hasta que se tomara una decisión final acerca de la forma de Gobierno," y el Dr. Goerdeler, como Canciller. El Dr. Goerdeler era nominalmente un representante de las empresas industriales Bosch (vea Collier. 27.7J946).]
Una vez que los elementos subversivos se hubiesen neutralizado seguramente, un Gobierno Civil con dos cámaras parlamentarias tomaría el lugar de la dictadura temporaria. Se reanudaría la interacción de varias fuerzas políticas. El parlamento sería controlado por una institución que se hallaría sobre él para "garantizar" la estabilidad necesaria para una sociedad ordenada: es decir, sobre el Gobierno habría un Rey. Citamos aquí las palabras de uno que tomó parte en el complot: "Habría un Parlamento de dos cámaras, a semejanza del sistema inglés. El jefe del ejecutivo sería el Canciller y se correspondería a un primer ministro. Además, se pensó que debía haber un departamento que estuviera sobre la discusión política, porque el carácter y la historia del pueblo alemán son tales que la dirección no puede ser construida exclusivamente desde abajo. Para satisfacer esta necesidad, muchos de nosotros propiciamos una monarquía."
El lector debe notar la significativa frase: "la dirección no puede ser construida exclusivamente desde abajo" -una de las principales doctrinas políticas de la Iglesia católica, que enseña que la Autoridad deriva de Dios y no del pueblo.
Los conspiradores persuadieron a muchos altos funcionarios alemanes para estar al lado de ellos. Entre éstos estaba el Coronel General Otto Von Stulpnagel, Comandante en jefe en Francia, y el General Alexander Von Falkenhausen, Comandante en jefe en Bélgica y el Norte de Francia. (Uno debe recordar la relación armoniosa entre Von Falkenhausen y el Primado de Bélgica a quien el General agradeció "por la solicitud en favor del interés que yo represento que usted ha adecuadamente evidenciado".)
Se decidió matar a Hitler durante una de sus habituales conferencias militares. Al principio hubo gran dificultad para encontrar voluntarios para la tarea, hasta que finalmente el Mayor General Hermuth Stieff, del Alto Mando, avanzó, y otros dos, el Mayor Kuhn y el Teniente Albrecht von Hagen, se ofrecieron a ayudarlo.
Debido a la falta de circunstancias favorables, sin embargo, el atentado se pospuso de semana en semana, hasta que por fin los conspiradores perdieron las esperanzas. Hubo también otros planes, pero todos quedaron en la nada. (Otro plan era hacer que Hitler repitiera su anterior visita al Grupo del Ejército del Centro en Rusia, donde Trekow y Von Schlabrendorff casi habían provocado la muerte del Fuehrer en marzo de 1943. Sin embargo, nada podía persuadir a Hitler para que viajara allí de nuevo.)
Entretanto, los eventos se sucedían rápidamente, la fecha del desembarco Aliado estaba acercándose, y los conspiradores veían con desmayo como ellos todavía no habían hecho nada para realizar sus planes. "Nosotros desesperadamente queríamos poner en escena nuestro golpe antes de que la esperada invasión Occidental de los Aliados tuviera lugar. Pero un accidente infortunado seguía a otro, hasta que el 6 de junio de 1944 la invasión comenzó."
A estas alturas algunos, habiendo abandonado toda esperanza, decidieron renunciar a su proyecto. No así otros, sobre todo aquellos que representaban a la oposición Cristiana Conservadora. Porque aunque el primer desastre que llevó a toda Alemania al precipicio, es decir la invasión Aliada de Europa, ya les había alcanzado, el segundo, el avance de las legiones Bolcheviques en suelo alemán, todavía podría impedirse con la condición de que no se perdiera tiempo.
La amenaza Roja se volvió una pesadilla aun más horrenda cuando, poco después (el 22 de junio de 1944), los rusos siguieron a la invasión Occidental con su ofensiva en el Este.
En esta etapa, en la que que ni el patriotismo ni el temor a la revolución social, a la conmoción política o a la derrota nacional habían tenido la fuerza para lograr, la convicción religiosa y la voluntad de hombres que creían su deber tomar cualquier riesgo, costara lo que costare, para defender el interés y quizás incluso la misma existencia de su Iglesia ante su archienemigo, les hizo saltar a la acción.
Como los Ejércitos Rojos avanzaban y ninguno de los otros conspiradores actuaba, el devoto católico Conde Von Stauffenberg dio un paso al frente y se ofreció él mismo para matar a Hitler. (Von Stauffenberg, a propósito, había sido destinado a ser el hombre clave junto al General Olbricht en la estructuración de las futuras fuerzas interiores, cuya tarea habría sido aplastar a todos los elementos subversivos en la Alemania post Hitler.)
En las palabras de Fabian Von Schlabrendorff:
"Diez días después (contando desde el 22 de junio) recibí un mensaje del Conde Stauffenberg. Él había decidido que ya era imposible esperar más. Él iba a matar a Hitler. Nosotros nos prepararíamos por si el asesinato sucediera cualquier día."
Esto fue aún más notable puesto que "en el plan original, Stauffenberg no había sido considerado como un posible asesino, ya que él tenía sólo una mano, a la cual le faltaban dos dedos. Pero él era intrépido y capaz, y uno de los pocos hombres de la resistencia que estaban en una posición para llegar a Hitler."
El 20 de julio de 1944, el Conde Von Stauffenberg actuó. Ese día él llevó a la oficina de Hitler un maletín cargado con explosivos, cronometrado para estallar en minutos. Habiéndolo depositado, se retiró sin ser sospechado. Luego siguió una explosión tan terrorífica que Von Stauffenberg no tuvo dudas de que Hitler y los que le acompañaban habían sido matados.
Inmediatamente después del atentado una descontrolada confusión se apoderó de Berlín. Von Stauffenberg, el General Olbritch y otros empezaron a poner sus planes en acción, empezando por mantener al General Fromm, Comandante de las fuerzas interiores, como su prisionero. (Fromm que después ejecutó a Von Stauffenberg, fue a su vez él mismo ejecutado por Hitler, quien sospechó que él había sabido del complot.)
Pero los complotadores siguieron adelante por sólo un par de horas. Hitler había escapado de nuevo, y todavía estaba vivo. [Es destacable que ciertos sectores semi oficiales en los países Aliados, con especial interés por la
Corporación de Radiodifusión Bitánica [BBC], además de grandes porciones de la prensa británica y norteamericana, particularmente la católica, normalmente muy reservada, ahora enfatizaban reiteradamente que el hombre que había osado intentar librar al mundo de Hitler era un "católico romano". Esto fue más destacable aún cuando uno recuerda que en circunstancias similares la iglesia a la que un asesino político pertenece es raramente o nunca mencionada. (Transmisiones de la BBC del 20 y 21 de julio de 1944.)
Stauffenberg y Olbritch fueron inmediatamente ejecutados. Al General Beck se le permitió suicidarse, otros fueron muertos ante los pelotones de fusilamiento del Fuehrer.
Así el plan que en el caso de Italia había funcionado tan fácilmente y con tanto éxito, en el caso de Alemania se malogró completamente.
Inmediatamente se supo que el atentado falló, el Cardenal Faulhaber, Arzobispo de Munich, envió a Hitler sus felicitaciones junto a la de sus Obispos por su escape del ataque contra su vida. Esto fue seguido por la celebración del Te Deum en la Catedral de Munich.
El Vaticano permaneció mudo durante un tiempo. Pero después de unos días, mientras observaba impotente el despliegue de la catástrofe final, empezó una vez más a advertir sonoramente a las naciones victoriosas sobre dos cuestiones principales: Primera, que los Aliados tenían que ser generosos con Alemania; y, segunda, que ellos debían tomar medidas para prevenir la propagación del Comunismo y para impedir que "la Rusia Atea" conquistara Europa.
Como el fin de la resistencia del ejército Nazi alemán estaba aproximándose y como los ejércitos rusos avanzaban hacia Berlín, Roosevelt continuó sus esfuerzos para tender un puente sobre el inmenso hueco que separaba el Vaticano y el Kremlin. Ya en marzo de 1945, después de prolongadas negociaciones con el Vaticano, Roosevelt mandó a Roma a otro enviado personal, Mister E. J. Flynn. Mr. Flynn vio al Papa en varias ocasiones, y también al Secretario Asistente del Papa. El propósito de la visita era un muy conocido "secreto" -otro de los muchos esfuerzos de Roosevelt para un acercamiento entre Moscú y el Vaticano. Pero una vez más los esfuerzos del Presidente fallaron, debido a la obstinación del Papa.
La desintegración "invernal" de los ejércitos de Hitler alcanzó un climax durante la primavera de 1945, cuando los ejércitos soviéticos se precipitaron hacia la Capital Nazi, mientras los Aliados estaban ocupando las grandes ciudades de Alemania Occidental. Durante abril y mayo los ejércitos Nazis estaban colapsando, y el 7 de mayo Alemania se rindió incondicionalmente, precedido y seguido por la rendición de varios ejércitos en diferentes partes de Europa. Así acabó la Alemania Nazi y la Segunda Guerra Mundial en Europa.
Unas semanas después de que los ejércitos aliados y rusos se habían instalado en una Alemania absolutamente arruinada y humeante, después de haberse reportado la muerte de Hitler en Berlín, después de que una campaña de horror se había desatado en el mundo por la apertura de los campos de concentración, y después de que el pueblo alemán se había vuelto el objeto del odio mundial, entonces empezaron a ser oídas las desoídas voces alemanas de humillación y degradación nacional e individual. Ellas eran las mismas voces que el pueblo alemán había estado oyendo por años durante el régimen de Hitler; las mismas voces que, unos años antes, habían orado por los ejércitos de Hitler y por el "Gran Fuehrer"; las voces que, al atreverse a susurrar protestas contra el Nazismo, sólo se quejaron cuando estuvieron en juego "violaciones al Concordato".






El horror del holocausto
Cardenales alemanes y obispos alemanes, al mostrarles las ruinas de sus catedrales a los periodistas extranjeros, empezaron a tronar contra el "malvado Nazismo", "la causa primaria de toda esta devastación en tantos edificios sagrados." Ellos aseguraron repetidamente a los británicos y norteamericanos que ellos, los cardinales y obispos, así como la Iglesia católica, siempre habían no sólo condenado al Nazismo, sino que también lo combatieron desde su mismo comienzo. Las asombrosas declaraciones de estos dignatarios llenarían libros enteros, pero debemos contentarnos con dos ejemplos típicos de esta súbita conversión: los de dos altos prelados con quienes ya nos hemos encontrado en este libro, a saber, el Cardenal Faulhaber y el Arzobispo Groeber.
Sólo diez días después de la capitulación alemana, el Cardenal Faulhaber, después de haber dado una perorata contra el Nazismo a los corresponsales norteamericanos, fue preguntado por qué se oponía tan violentamente al régimen anterior. Él declaró decididamente: "Porque el Nazismo estaba contra el Cristianismo y el Catolicismo." Luego dio cuatro principales razones de por qué el Nazismo creó dificultades para el Catolicismo:
1. La inspección semanal de la Juventud de Hitler, siempre realizada en domingo, chocaba con los servicios de la Iglesia.
2. La abolición de la instrucción religiosa en las escuelas para todos los alumnos de más de doce años.
3. La impregnante atmósfera anticristiana en la que toda Alemania estaba sumergida.
4 La incesante propaganda para el militarismo y los insidiosos métodos para apartar a los niños de la influencia familiar.
Después de dar estas razones, el Cardenal declaró: "No debe permitirse que el nazismo surja después de la guerra" (12 de mayo de 1945).
[Con el alejamiento de la guerra como trasfondo, sin embargo, varios miembros de la Jerarquía alemana empezaron a salir en defensa del régimen Nazi. Un ejemplo típico fue el Cardenal von Galen, quien en febrero de 1946 dio un discurso en la Iglesia de Santa María dell'Anima en defensa del Nazismo. El discurso fue posteriormente impreso en forma de panfleto, bajo el título de Ley y Anarquía, y distribuido primero en la zona británica y luego en otras partes de la Alemania ocupada. (Ver Kirchlisches Amtsblatt fuer die Diozese Mfinster, julio de 1946.)]
Casi al mismo tiempo el Arzobispo Groeber publicó una carta pastoral en la cual, por fin, se atrevía a condenar al Nazismo. Él intentó explicar por qué una "revolución católica contra Hitler fue una imposibilidad":
No sólo lo fue porque los Hitleristas habían usurpado el poder por medio de un voto regular y podrían por lo tanto reivindicar la legalidad de su régimen [él dijo], sino que toda resistencia contra éste se derrumbaba ante una fuerza que estaba despojada de todo escrúpulo y que era cruel hasta la médula.
Él continuó: "Nunca el pueblo alemán fue tan engañado como lo fue durante los últimos trece años." Finalmente, recordando la parte que él y la Iglesia católica habían jugado, exclamó significativamente: "Sin embargo, ante los ojos de Dios por lo menos, nosotros tenemos una considerable responsabilidad."
Entonces, más de un mes después de la completa derrota de Alemania; sobre los gemidos de los millones de alemanes desposeídos, sin hogar, heridos, humillados, y desconcertados; sobre las 9,000-10,000 Iglesias católicas de un total de 12,000 en Alemania que fueron completamente destruidas o seriamente dañadas por las incursiones aéreas Aliadas o por las batallas en tierra; sobre las quemadas cáscaras de catedrales asomando torvamente contra el cielo, por primera vez desde el surgimiento del régimen, el Papa se atrevió a exhalar la palabra Nazismo" en condenación. Durante una breve alocución Pío XII tuvo la osadía moral para declarar que era "algo bueno" que el "Satánico Nazismo" hubiera sido destruido.
Eso fue todo. El Papa había hablado contra el Nazismo al fin.
[Cuando los Aliados -Gran Bretaña, los Estados Unidos de América, la Rusia soviética, y Francia- montaron en 1946 lo que Hermann Goering llamó (septiembre de 1946) "el fraudulento juicio" de Nuremberg (el Tribunal de Nuremberg por los Crímenes de Guerra), al cual fueron llevados los principales sobrevivientes Nazis, Pío XII envió al Barón Ernst von Weizasecker, el ex Embajador alemán ante la Santa Sede, después de haberle concedido una larga audiencia (mayo de 1946), para dar evidencia contra los hombres responsables por haber ayudado a Hitler en el poder. Debe notarse que no se habló una sola palabra del rol desempeñado por el Papa Pío XI, el Papa Pío XII, y los diversos cardenales y obispos alemanes. Al contrario, se agradeció públicamente al Vaticano por medio del Jefe Fiscal Norteamericano en Nuremberg, el Juez Jackson de la Suprema Corte de los Estados Unidos, quien expresó su "gratitud al Vaticano por hacer disponible en los juicios de Nuremberg documentos tocantes a las acusaciones de persecución religiosa en Alemania y los países Nazis ocupados. . . . La parte del juicio de Nuremberg que se relacionaba con probar la persecución de las Iglesias fue facilitada y ayudada grandemente por documentos suministrados por el Vaticano" (Juez Jackson, en una declaración a N.C.W.C. News Service, Washington, agosto de 1946). Mientras ayudaba a los vencedores y acusaba a los los ex-líderes Nazis, presentándose como una de las víctimas del Nazismo, el Vaticano estaba usando toda su influencia para salvar a aquellos Nazis que habían ayudado a poner la Iglesia católica en una posición privilegiada en el Tercer Reich y sus países satélites. Esto en particular consideración a von Papen (vea Pravda y Osservatore Romano, tercera semana de marzo de 1946), quien fue absuelto el 1 de octubre de 1946; Monseñor Tiso, Primer ministro de Eslovaquia; Arthur Greiser, ex Gauleiter [jefe del partido] en Polonia Occidental, sentenciado a muerte (15 de julio de 1946), y por quien en un esfuerzo para salvarlo, el Vaticano envió un cable especial al Presidente de Polonia (vea The Observer, Londres, 21 de julio de 1946).]
Esta traducción se encuentra registrada, (©), y no puede ser almacenada en BBS u otros sitios de Internet. Este texto no puede ser vendido ni puesto solo o con otro material en ningún formato electrónico o impreso en papel para la venta, pero puede ser distribuido gratis por correo electrónico o impreso. Debe dejarse intacto su contenido sin que nada sea removido o cambiado, incluyendo estas aclaraciones. http://ar.geocities.com/antorchabiblica
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