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ANÁLISIS COMENTARIO Y DEMÁS

 

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El Estado español le entra al quite, pero ni así: por el momento, el futbol femenil es anodino

Debido a su bajísima audiencia, nadie quiso comprar los derechos de transmisión de la liga de futbol femenil en España, por lo que el gobierno de ese país desembolsará el dinero de los contribuyentes en un proyecto que seguirá siendo mediocre y aburrido mientras no se permita que las leyes de mercado hagan su trabajo... tal y como sucedió con el futbol varonil

AGOSTO, 2026. Pese a haber ganado el Mundial de Futbol por segunda ocasión, y colocarse así entre los "grandes" del balompié mundial, las feministas siguieron con sus acostumbrados corajes al ver las gradas repletas de aficionadas españolas apoyando a la escuadra nacional durante el pasado Mundial en Estados Unidos, todo esto mientras el futbol femenil solo es visto por los familiares de las jugadoras y los encuentros transmitidos por televisión mantienen una audiencia bajísima y, por lo tanto, a nadie interesa anunciarse.

España ya ha ganado el Mundial femenil, no lo olvidemos, esa justa donde el entrenador del conjunto, un tal Luis Rubiales, abrazó y besó a Jenny Hermoso, lo cual desató un tremendo escándalo cuando la chica pese a afirmar inicialmente que "así es como me llevo con mi , poco después se retractó para afirmar que el beso "había sido forzado". La carrera y la reputación de Rubiales quedaron hechas añicos por la traición de esa jugadora, escándalo que no ayudó gran cosa a que el futbol empezara a tomar arraigo entre las españolas.

Como está sucediendo en la mayoría de los países del mundo, el futbol femenil impulsado por una FIFA que forzó a sus miembros a abrir sus propias ligas --exceptuando, claro está, a los países islámicos-- está fracasando miserablemente; a nadie interesa ver esos partidos que están lejos, lejísimos, de levantar la misma expectativa que desatan los partidos jugados por hombres.

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Y en ello poco o nada han ayudado las metidas de pata de las mismas jugadoras; además del ya mencionado incidente Rubiales-Hermoso, luego que Estados Unidos ganará el Mundial Femenil, la capitana Megan Rapinhoe se declaró "no binaria" y simpatizante de Black Lives Matter, lo que ahuyentó a muchos posibles aficionados al balompié en Estados Unidos, país que como pocos repudia la politización del deporte.

En España, donde se encuentran el Barza y el Real Madrid, dos de los mejores clubes del mundo, la presión de las feministas para que las futbolistas "ganen lo mismo" que sus contrapartes masculinos sin que a estas mujeres cuya misión en la vida es quejarse por todo, jamás se les ocurra comprar boleto para asistir a los juegos y así apoyar tanto moral como económicamente a las jugadoras. Solo así se logrará que estas nacientes ligas lleguen a ser rentables.

Cuando la liga anunció que los derechos de transmisión del torneo de futbol femenil español tendrían un costo de 6 millones de euros, la empresa DAZN, que cubrió la temporada anterior, optó por no renovar el contrato. Según la vloguera española Alienada Café, la ausencia casi total de anunciantes en cada partido obligaba a la televisora a llenar los espacios con publicidad del mismo canal, algo que a todas luces no hace ganar dinero a nadie. Ante la ausencia de postores, la liga decidió bajar el costo de los derechos a tres millones de euros, y ni así se acercaron los compradores.

Y en vez de realizar una cooperacha entre ellas o de perdida comprar abonos para una temporada, las feminazis españolas pusieron el alarido en las alturas; exigieron al gobierno español que "haga algo" para, dijeron, "salvar al futbol femenil español". La columnista y vloguera Marina Valles advirtió: "Difícilmente veríamos tanta indiferencia en caso que el futbol jugado por hombres se viera en una situación similar", o dicho de otro modo, se está buscando matar al futbol femenil impidiendo su difusión en los medios electrónicos.

En primer lugar, es mucho más difícil que el futbol varonil llegue a experimentar bajas entradas mientras esté reclutando jugadores con talento comprobado, de primera línea y cuya sola presencia atiborre de hinchas todos los estadios donde se presenten. Lo que Valles y otras feminazis se niegan a detectar o siquiera reconocer, es que para atravesar por una decadencia, previamente debió haber habido un auge.

El futbol femenil se encuentra en una etapa larvaria, y pasarán lustros para que alcance el mismo nivel de sus contrapartes masculinas; es  un proceso de madurez que inevitablemente tendrá que darse con el transcurso de los años. Pero en este 2026, con ligas femeniles recién creadas o resucitadas, el futbol femenil se encuentra aún por debajo de los estándares de esos adolescentes que juegan "cascaritas" o participan en torneos de "futbol de salón" que cuentan con aficionados (y aficionadas) y por lo tanto son rentables.

Pero no os preocupéis, feminazis: el gobierno de Pedro Sánchez hizo caso al desesperado grito de Valle y de otras compañeres de viaje y anunció que comprará los derechos de transmisión de la liga femenil española, partidos que serán transmitidos por la RTVE, el equivalente en España a la BBC. ¡Regocijaos! Ahora habrá futbol femenil para el pueblo, que disfrutará de esos encuentros sin necesidad de estar dependiendo de las leyes del mercado; si nadie sintoniza esos partidos, qué importa: el Estado español asumirá las pérdidas.

Por supuesto que quien en realidad está absorbiendo las pérdidas es el contribuyente español abrumado de gravámenes cada día más pesados e incluso ridículos. Son los contribuyentes quienes tendrán que financiar a un futbol que nadie ve, que tampoco vende boletos, que trae pocos anunciantes y, sí, es extremadamente aburrido.

El pago de los derechos será compartido, incluso por DAZN, pero es el Estado español en el que pagará la mayor tajada. Las feministas, por supuesto, están de plácemes: alguien más financiará una causa que ellas promueven sin que ellas se vean obligadas a erogar un solo euro.

Bienvenidos de nueva cuenta a los (ruinosos) tiempos del Estado-empresario. ¿Qué demonios tienen qué hacer los burócratas en el deporte, que al final se trata de una actividad empresarial? ¿No ha tenido bastante el mundo con Renault, firma automovilística propiedad del Estado francés?

O sin ir tan lejos, en México el Estado-empresario incursionó en campos que terminaron arruinados por la intromisión de los burócratas, la alteración de las leyes del mercado y el saqueo de recursos que terminaron en manos de miles de parásitos que viven a costa de las arcas públicas.

Dos casos específicos: DINA, creada por el Estado mexicano dentro del marco de la "sustitución de importaciones", tuvo como objetivo el ensamblaje de vehículos de tracción pesada, desde camiones de redilas hasta autobuses. DINA terminó hundida, quebrada ante las desmesuradas exigencias sindicales, el excesivo número de trabajadores que no hacían nada, el absoluto descontrol en los horarios laborales y el saqueo hormiga, consecuencia del soborno entregado a los guardias.

DINA absorbió del erario mexicano millones y millones de pesos tirados a la basura, esto en un país que ya desde los 70 presentaba enormes carencias mientras lo poco que había era malgastado en estupideces burocráticas. Y lo mismo puede decirse de Bicicletas Mexicanas (Bimex), y hasta cabarets financiados por el Estado mexicano en tiempos de López Portillo.

Y pese a esos espantosos derroches en DINA, los gigantes de la industria como Ford y Chevrolet no sufrieron siquiera cosquillas ante esas intentonas del Estado-empresario: la gente siguió comprando los vehículos de marcas extranjeras.

Algo similar, nos tememos, ocurrirá con el futbol femenino español. Supuestamente RTVE únicamente pagará los derechos de la temporada hasta el 2027, pero ya sabemos lo que sucederá: ante las protestas y quejas de las feminazis, el contrato se extenderá por varios años, incluso décadas. Lo único que podría detener ese derroche de recursos es que un día Sánchez se largue del poder y que no sea reemplazado por algún acólito de su nefasta ideología.

El futbol femenil no resultará beneficiado con la compra de los derechos de transmisión por parte de la RTVE; nadie lo va a sintonizar, mucho menos cuando bien se sabe que los canales públicos suelen tener todavía menor audiencia que los canales privados.

Hasta hace medio siglo el tenis femenil comenzó a despuntar en serio y a atraer público al punto que en fechas recientes, una presentación de Venus Williams era suficiente para llenar al tope un estadio. Pero hubo un momento en que el tenis femenil era considerado un chiste; las mujeres eran obligadas a practicarlo con faldas largas, nadie asistía a los partidos e incluso verlo se le consideraba una forma de castigo para los niños que se portaban mal.

Pero años después las carcajadas cesaron: Billie Jean King, Chris Evert Lloyd, Martina Navratilova, Anna Kournikova, Steffi Graff, Mónica Seles, Gabriela Sabatini y decenas más conquistaron un deporte que previamente era considerado un coto masculino. Nadie podrá jamás afirmar que a estas valiosas tenistas se les pagaba "una miseria", e incluso muchas de ellas llegaron a cobrar más que sus contrapartes hombres.

Lo mismo sucederá con el futbol femenil. Sin embargo, sus futuras figuras hoy son bebés o nacerán los próximos años. Los momentos de gloria del futbol femenino corresponderán a ellas, siempre y cuando se siga impulsando el futbol femenil sin mezclarlo con politiquería o resentimientos idiotas. Todo es un proceso de maduración.

El Estado empresario resultó en tremendo fiasco e imbécil desperdicio de recursos en los años setenta, fenómeno que se dio no solo en México sino en otros países del área: en Perú hubo incluso empresas propiedad del Estado que vendían dulces y refrescos embotellados, en Brasil existió una burda imitación de Disneylandia propiedad del Estado y en Colombia hubo fábricas de muebles y juguetes financiadas por los contribuyentes. Apenas sobra decir que todos esos experimentos tuvieron el mismo destino de DINA y de Bimex.

Para que en el futuro exista un futbol femenil de primera línea, no se necesita que el Estado gaste fondos en promoverlo --dinero que bien podría utilizarse rubros más urgentes-- sino permitir que las leyes de mercado hagan su trabajo: serán éstas las que vayan depurando la calidad de las aspirantes, lo que traerá consigo mayor competencia entre las jugadoras y por ende, se elevarán los índices de calidad del futbol que se juega en la cancha. Y al haber calidad, más gente comprará boletos, y al circular más dinero, los anunciantes llegarán como añadidura.

Y si bien es cierto e innegable que los países comunistas impulsaban el deporte desde la infancia y que todo aquél que no tuviera impedimento físico estaba obligado a desarrollar una disciplina --lo que de paso explicaría que no existiera sobrepeso entre la población, con excepción de los altas jerarcas que nunca hacían ejercicio-- también es verdad que, de convertirse en profesionales, quedaban sometidos a los intereses del Estado y se apagaban sus aspiraciones, como fue el caso de la gimnasta Nadia Comaneci, un destino que le habría tocado igualmente a la tenista Martina Navratilova de no haber huido a Estados Unidos.

El Estado-empresario español no salvará al futbol femenil adquiriendo los derechos de transmisión; por el contrario, solo retrasará su proceso de maduración al hacerlo caer en una zona de confort donde las jugadores no se verán obligadas a esforzarse para sobresalir. Deje de estar jodiendo a las leyes del mercado, señor Pedro Sánchez

 

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