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Lo corrieron por incompetente, señor Colbert: no sea chillón y deje de culpar a Trump
En apenas un decenio, este conductor, "comediante" y entrevistador liquidó una genuina mina de oro en la barra nocturna de la TV norteamericana, y ahora que ya lo han despedido con un puntapié, la culpa no es suya, claro que no, sino del copetudo Trump, quien "presionó" a la televisora para que pusiera fin a su programa el cual, si tuviera millones de seguidores y si los anunciantes estuvieran peleándose los espacios comerciales, sería creíble. Lo corrieron por cobrar mucho y producir poco, señor Stephen Colbert. Ahora cállese y váyase
MAYO, 2026. En lo que hoy parece un mundo análogo, uno de los primeros invitados de Stephen Colbert fue el entonces candidato Donald Trump. Colbert es alumno del Comedy Channel y acólito del otrora comediante Jon Stewart. Cuando David Letterman anunció su retiro, la cadena CBS vio en Colbert como su sucesor: después de todo, la apariencia de nerd del nuevo conductor y su don especial para la entrevista lo hicieron prospecto ideal para mantener la barra nocturna de la televisión norteamericana.
Sin siquiera imaginárselo, la CBS
estaba cometiendo una de la peores inversiones de su historia, no
tanto por al entrevista con Trump, donde ambos se expresaron mutua
simpatía, sino por lo que vendría después, un show donde su
conductor pasaría a ser activista político y donde los chistes
terminaron en convertirse en insulto personal y donde Colebrt,
supuestamente un comediante, perdió toda su gracia. Finalmente, la
CBS se cansó de gastar dinero a lo pendejo y le dio las gracias...
o más bien, les dieron, porque Colbert no llegó él solo a trabajar
en la cadena televisiva.
Según reporta el analista Joe Concha de la cadena FOX, la emisión
que se transmitía de lunes a jueves (los viernes orfrcía un
resumen con "lo mejor" de la semana) "costaba a CBS
40 millones de dólares al año y su staff contaba con más de 200 empleados". Más
aún, destaca Concha, "Colbert tenía contratados a 20 guionistas
que escribían sus monólogos; de 170 invitados, solamente uno fue de tendencia republicana, la senadora Liz Cheney, quien es fuete opositora del presidente Trump".
Y como muestra de la enorme brecha existente entre ese programa y
los intereses de los televidentes, el senador Bernie Sanders fue
invitado en 11 ocasiones, profiriendo las
mismas sandeces de siempre por parte de un multimillonario que dice detestar a
los multimillonarios, siempre y cuando no sean de izquierda.
El equipo de colaboradores de Colbert sigue los mismos lineamientos de quienes entran al sector público y meten en la nómina a familiares, amigos, compadres, amantes y hasta empleados domésticos, un ejército de parásitos que cobran abultados sueldos sin aportar absolutamente nada a la sociedad ni crean riqueza que beneficie a la sociedad. ¿Cómo es posible, según reporta Joe Concha, que Colbert tuviera 20 guionistas y aun así repitiera los mismos chistes, todos ellos anti Trump?
La diferencia con una dependencia pública, claro, es que CBS es una empresa privada y por tanto se encuentra sujeta a las leyes de oferta y demanda; es un negocio que depende de los anunciantes para subsistir y éstos simplemente dejaron de invertir en los espacios comerciales del programa de Colbert. ¿Por qué? Sencillo: ninguna empresa está dispuesta a perder dinero en una emisión televisiva que carece de televidentes.
Colbert estaba resultando un juguetito bastante caro para la CBS: aparte del salario del conductor, estimado en 40 millones de dólares anuales, la televisora tenía que mantener a ese ejército de zánganos de los cales el "periodista" Brian Setzer tomó una fotografía la noche final del programa. En la imagen aparecen alrededor de 86 personas de las cuales únicamente 16 son afroamericanos, es decir, ni una cuarta parte; el resto son mayoritariamente blancos y algunos de origen latino o asiático. ¿Dónde quedó la diversidad, pues'n?
Predeciblemente, el final de The Tonight
Show fue manejado con la prenss como una "venganza" de Trump,
por lo cual el conductor pasó a ser una víctima. "Una advertencia
contra la libertad de expresión", advirtió el "comediante" Jimmy
Kimmel, quien exigió a los televidentes "nunca mas sintonizar un
canal de la CBS".
Por supuestísimo, ni Colbert ni los medios lamebotas del
partido demócrata iban a aceptar la realidad. ¿Qué ocuriró,
entonces? Claro, la culpa es de Trump. Y lo achacan a la demanda que
el copetudo mandatario entabló contra CBS, a la que acusó de haber
"recortado" la entrevista con Kamala Harris para hacerla ver más
coherente, esto después que la cadena negara los cargos. Trump
recibió como compensación 12 millones de dólares, pero aparentemente
eso no bastó porque, aluden los amigotes de Colbert, Trump
igualmente exigió la salida del anteojudo conductor.
Si en realidad el copetudo mandatario quisiera callar a Colbert, habría bastado amenazas a la CBS con retirarle su licencia, algo para lo que no necesita el avan del Congreso o del Senado.
Igualmente, los demócratas prefieren hacerse los tontos cuando el entonces presidente Bill Clinton hizo precisamente eso, amenazar a la CBS luego de que ésta transmitiera un reportaje en el programa 60 Minutes respecto a cómo su vicepresidente Al Gore había realizado lobbying a favor de las empresas tabacaleras (la familia Gore es dueña de enormes cafetales en Tennessee) . El ya fallecido periodista William F. Buckley señaló que el mandatario les advirtió que "otra referencia más" en torno al escándalo bastaría para retirarles la licencia... pero el enemigo de la libertad de expresión es Trump.
En una de las últimas emisiones de Colbert, David Letterman recordó la enorme responsabilidad que para él representó mantener a la emisión "vibrante y atractiva" tras la salida del gran Johnny Carson. En retrospectiva, la entrevista parece dar un jalón de orejas a Colbert, quien en menos de un decenio aniquiló una mina que arrojó toneladas de oro desde que salió al aire en 1964.
Mike McDaniel de la página americanthinker.com afirma que, fuera de cámaras, Letterman fue menos diplomático y echó en cara a Colbert que hubiera contratado a gante gente innecesaria. "Cuando yo tenía el programa éramos apenas 18 personas y tres guionistas", supuestamente dijo el ex conductor, "mientras más éxito tienes más eficiente tienes que ser con el dinero que generas..."
Cuando realizaba su oficio, Colbert era un gran comediante y entrevistador. Realizó excelentes entrevistas con Ringo Starr, Robert Plant y, en su último programa, Paul McCartney, a quien a estas alturas de su calidad se le perdona todo. Y fueron grandes entrevistas porque fueron apolíticas y se enfocaron en el admirable trabajo del entrevistado y en resaltar sus cualidades como ser humano; uno de los objetivos de las entrevistas es reforzar la conexión con los fans y ahondar la simpatía entre ambos extremos y, claro, hacer que el entrevistado diga cosas que generalmente no diría a los medios de comunicación en una plática convencional.
Lo que quienes padecen del síndrome anti Trump digno de tratamiento psiquiátrico no comprenden es que a nadie interesa una entrevista donde el tema central no es el invitado ni el anfitrión, sino alguien que no está ahí presente y ,peor aún, que se hablen pestes de él. ¿Cuánto rating puede atraer a una emisión, por ejemplo, donde Robert de Niro se la pasa bañando con los peores adjetivos a Trump, en vez de hablarnos de su impresionante carrera como actor o que nos deleite con anécdotas referentes a su paso por el set con otros colegas?
En suma, Stephen Colbert fue corrido porque ya le representaba un fuerte pasivo a CBS. Así sucede con toda persona que es contratada para que produzca dinero a una empresa, pero al no dar resultados lo mejor que se puede hacer es darle les gracias. Millón y medio de televidentes para un programa que se transmite en un un país con 345 millones de habitantes simplemente no es redituable.
En contraste, el programa de comedia Gutfeld, de la cadena Fox y donde rara vez los invitados son celebridades de la música, del cine o de Hollywood, tiene en promedio 5 millones de televidentes por noche.
Otro punto en contra de la propuestas como The Tonight Show, es que a los millenials simplemente no les interesan. Según un artículo del USA Today, uno de los pocos medios liberales agradecidos porque Colbert salió del aire, "el promedio de televidentes (del programa) oscila de los 65 a los 75 años de edad, un segmento que tiende a disminuir (...) si tu mercado no crece, te irás a la quiebra. Este programa llevaba años sin producir ganancias a la CBS".
The Tonight Show de Stephen Colbert fue otra víctima del asqueroso wokeísmo que, pese a estar ya muy debilitado, sigue haciendo de las suyas en la industria del entretenimiento norteamericano. El siguiente en la lista es Jimmy Kimmel, ya también sentenciado por la cadena ABC. Nuestro más profundo deseo es que Kimmel también pronto se largue y, al igual que Stephen Colbert, no regrese más.
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