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Obama, el presidente que mató a la estrella de rock

Queda claro cómo la industria del entretenimiento marca un antes/después con la presidencia de Barack Obama: lo que era divertido pasó a ser cancelado y el ver una película o una serie se convirtió tortura doctrinaria... además que con su presidencia se marcó la muerte del rock como motor de la inconformidad. Obama, el infeliz aguafiestas que mató a un género contestatario y vibrante

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MAYO, 2026. La mejor manera de juzgar el desempeño de un presidente es, primero, cuando el polvo de su gobierno ya se ha asentado y, segundo, el realizar un comparativo de cómo estaban las cosas cuando llegó al poder y cómo estaban cuando lo abandonó.

Dentro de ese parámetro es evidente, casi obvio, que Margaret Thatcher tuvo un desempeño ejemplar: en 1980 se topa con un país arruinado, con altísima inflación y profundamente dividido; cuando termina su último gobierno, Inglaterra había recuperado su orgullo y había retomado su rol como una potencia de primer orden.

Otro caso histórico es el de Porfirio Díaz. Se necesitaría ser un necio para concluir que su gobierno --dictadura si se quiere, pero gobierno al fin-- tenía a México en peores condiciones en 1905 que en 1880. Aún había pobreza y carencias, pero mucho menos que las existentes durante el gobierno de Benito Juárez.

En el caso de Barack Obama, el balance es espantoso. Sus sucesores habían dejado como herencia cosas buenas y malas, pero Obama marca una dramática excepción: no solo dejó al país profundamente dividido con sus discursos de "ellos/nosotros" sino que su gobierno abrió las puertas a la censura woke, a la "cancelación" y al final de la irreverencia que era parte del espíritu norteamericano. Sus ocho años estuvieron exentos del humorismo y la ocurrencia que caracterizaron a sucesores suyos, en especial John F. Kennedy y Ronald Reagan. Fueron 8 años seriotes, de confrontación, de agresión abierta que se quiso hacer pasar por ocurrencias del mandatario.

Su gobierno fue una desgracia para Estados Unidos... Y a punto de cumplirse 10 años que Obama dejó la presidencia, es cuando millones de norteamericanos comienzan a darse cuenta de ello. Y si muchos más no lo han percibido es porque los consejeros del mandatario estaban conscientes de que cualquier ataque a su gobierno o a su gobierno, inmediatamente sería asumido como un acto de "racismo" en su contra. Todavía hoy, criticar a Barack Obama y (¡mucho menos!) a Michelle Obama, es visto casi una invocación a que regresen los años de la esclavitud en Estados Unidos.

En un reciente video   ensayo, el brillante analista Matt Walsh establece cómo durante el gobierno de Barack Obama, el entretenimiento norteamericano pasó a ser un foro doctrinario donde se mató al humorismo y cómo toda declaración burlona o irreverente se convirtió en un acto de cancelación... excepto, claro está, cuando los burlones y los irreverentes forman parte del espectro de la izquierda.

Fue también en esos años, dice Walsh, cuando los rebeldes, los contestatarios, los opuestos al sistema, pasaron a ser palomitas complacientes con el poder y traicionaron sus propios principios, situación que se ha mantenido hasta hoy.

Para el efecto, Walsh menciona al grupo angelino Rage Against the Machine que en su momento grabó una canción titulada "F... the System" pero que durante la pandemia, exigió a los asistentes a sus conciertos una certificación de que habían recibido la vacuna anticovid. "En otros tiempos, los grupos contestatarios o de punk rock habrían organizado un concierto sin mascarillas como forma de retar a los grandes corporativos que comercial con la salud humana y al Estado mismo... con la pandemia, todos esos rockeros antisistema pasaron a ser ellos mismos parte del sistema", apunta Walsh.

Walsh se atreve a especular en torno a la lastimosa complacencia actual del rock hacia el poder político: "De continuar con vida, Kurt Cobain sería hoy vocero en contra del cambio climático... varios colegas suyos tan antisistema como él ya dieron el salto..."

Otro ejemplo de vergonzosa sujeción al poder político se dio con Bruce Springsteen, el otrora rebelde, el que escribió cosas como "nacido para correr" y que se asumió como rabioso vocero de la clases trabajadora. En el 2022 ese héroe del espíritu norteamericano publicó un libro en coautoría con Barack Obama, el presidente más antiestadounidense en más de medio siglo y alguien que inició la ofensiva para castrar al rock, arrebatarle su esencia ansistema y dejarlo como mera música complaciente. Bruce Springsteen traicionó sus propios ideales y aspiraciones del mismo modo que lo hicieron otros músicos, escritores y compositores que se pusieron el servicio de los laboristas en Gran Bretaña, las dictaduras cubana y soviética o a los gobiernos príístas en México.

Walsh apunta que con Obama en el poder, "los guiones de las películas pasaron a ser complacientes con las políticas de identidad echadas a andar por su gobierno al tiempo que los guiones de televisión, empeñados en ser 'inclusivos', agregaron más personajes pertenecientes a minorías raciales, pero paradójicamente fueron excluyendo más y más a los personajes de piel blanca".

Asimismo, Walsh señala que "el mundo de la música pop y rock de otros tiempos no ha sufrido la cancelación retroactiva que se ha dado en el cine donde muchas escenas de viejos filmes son recortadas, pero ello no necesariamente indica tolerancia", y explica: "Por un lado se permite que muchas canciones 'políticamente incorrectas' se sigan transmitiendo dadas las regalías que siguen produciendo pero al mismo tiempo se impide, se ahoga la aparición de nuevos grupos de música rock... el género está hoy prácticamente muerto".

Del mismo modo, muchos de esos contestatarios de otras épocas, como Bruce Springsteen y U2, se alínean hoy con las posturas del Partido Demócrata, el primero escribiendo una cancioncita insulsa llamada "Calles de Minneapolis" mientras los segundos grabaron una canción contra ICE, organismo cuya creación fue aprobada por los legisladores demócratas pero que no le parecía tan ominosa a Bono cuando ICE capturaba y deportaba a los inmigrantes ilegales en tiempos de Barack Obama.

"Los supuestos rebeldes de otras épocas, los peleados a muerte con el sistema, descaradamente se han convertido en propagandistas de ese poder", dice Walsh: "Grupos musicales como Green Day solo encuentran hoy criticable a Donald Trump cuando sus letras solían llamar a la anarquía total... hoy cualquiera puede criticar a Trump, de hecho ya es una posición muy comodina, eso no te convierte en contestatario sino en marioneta de alguien más".

Con todo, dice Walsh, con el gobierno de Barack Obama comenzó a darse la estocada final contra el rock, "un género musical que encasillaba la insatisfacción, la rebeldía, el grito de protesta contra la imposición de las generaciones previas", y se tenía la intención de liquidarlo, agrega Walsh, "porque el rock históricamente ha sido un género favorito entre los caucásicos de Estados Unidos".

"Durante los años 70, la población blanca en el sur de California formó innumerables grupos musicales, pero luego que la densidad de peblación blanca en el área ha disminuido drásticamente, lo mismo ha pasado con el rock. Existe una correlación entre el rock y la población blanca", afirma Walsh. Asimismo, agrega, "en esa misma década era común que los grupos de rock se presentaran en las universidades norteamericanas (...) en el auditorio o en la plataforma que se encontraba a unos pasos de tu salón de clase podías ver en vivo a Peter Frampton, parte de cuyo disco Alive! fue grabado en un campus, a Lynyrd Skynyrd, a Van Halen o a James Taylor. Hoy es imposible que un plantel universitario permita la presentación de músicos aspirantes de rock, mucho menos si se trata de músicos blancos".

El gobierno de Barack Obama se propuso "borrar" todo vestigio de la historia norteamericana donde aparece la población blanca, "esto pese a que fueron blancos quienes fundaron el país, los que lucharon y derramaron su sangre para independizarse de Inglaterra, pese a todo ello, Con Obama se reforzó la idea de que los únicos que merecen reconocimiento son los nativoamericanos, los negros y las minorías sexuales. Al borrar la contribución histórica de la población blanca, también se borró al rock".

Esta década es la primera en los setenta años que lleva el género, en que no vemos una corriente musical donde el rock se imponga, esto si nos limitamos al rock norteamericano, dice Walsh: "Los 60 tuvieron al hippismo, los 70 al rock sureño y al hard rock, los 80 al hair metal, los 90 al grunge y a Kid Rock, los 2 mil a Blink 182, y la década siguiente a Jack White. En la actual década, ya muy avanzada, no hay siquiera un asomo de nuevo rock en las estaciones de radio".

El musicólogo experto Rick Beato, si bien evita culpar a Obama y por tanto politizar el tema, coincide con Walsh en que existe la clara intención deliberada de "borrar" buena parte de la historia musical de Estados Unidos, como si nunca hubiera existido.

Hace unas semanas The New York Times publicó una lista de "los 35 compositores más importantes que siguen con vida" de Estados Unidos y de la cual Beato encontró escandalosas omisiones, entre ellas Paul Williams, Neil Diamond, Billy Joel y Don McLean, autor de "American Pie", que Beato describe como "una de las canciones más importantes jamás escritas", lo mismo que Jimmy Webb, otro autor excluido en la lista: "Este hombre escribió 'Wichita Lineman' y 'McArthur Park', canciones enormemente populares en su momento y que cambiaron el rumbo de la música pop", refiere Beato. Respecto a la misma lista, Walsh resalta las brutales incongruencias, entre ellas "la inclusión de Missy Elliot quien solamente tuvo un hit en su carrera, esto en 1997".

Beato no lo dice, pero Walsh no duda en mencionarlo: "Los 15 que encabezan la lista son autores afroamericanos, y los que aparecen y son blancos son, prácticamente en su totalidad, compositores de izquierda".

En opinión de Walsh, es imposible que la "lista" de The New York Times pueda ser tomada en serio: "Tenemos compositores de música country, pero son tres en el mismo casillero, algo que no ocurre con  ningún compositor negro, y se deja fuera a un magnífico letrista como Johnny Cash pero en cambio aparece Bad Bunny, quien en principio no es norteamericano (aunque técnicamente sí lo sea) y quien en segundo lugar no canta en inglés".

Walsh prevé que el rock morirá de inanición las próximas décadas ante la inevitable desaparición física de quienes desarrollaron el género y de quienes lo escuchaban. "Cada día tenemos menos baby-boomers en el mundo, los jóvenes de los 70 son cada día son más viejos y los adolescentes ochenteros y los fanáticos del grunge que aún quedan comenzarán a abandonar este mundo a partir dé la próxima década. Si no surgen nuevos exponentes del rock, el género ya no será ni recuerdo en el 2040", se lamenta Walsh.

El panorama para el género es desolador, dice Walsh: "Los jóvenes de hoy están obsesionados con las redes sociales y desde la adolescencia comienzan a consumir drogas como el fentanilo, que destruye sus neuronas y su capacidad creativa. Yo nunca apoyaré el consumo de mariguana y de LSD pero al menos éstas eran consumidas por músicos que ya estaban desarrollando su talento. En cambio, las nuevas generaciones ni siquiera llegan a descubrir su propia creatividad".

Walsh cierra su videoensayo con una posibilidad  que en los 90 nos habría parecido impensable "pero que hoy, dada la complacencia de muchos de estos músicos ante los grupos de poder, de estar vivo hoy, Kurt Cobain sería un vocero en contra del cambio climático".

Y dado que sus colegas de Pearl Jam, que en los 90 protestaron ante la avaricia del corporativo Ticketmaster, pero en el 2021 exigieron a los asistentes a sus conciertos comprobar que habían recibido la vacuna anticovid o realizaron conciertos en apoyo a Hillary Clinton y Kamala Harris, la suposición de Walsh no puede descartarse. Quizá la muerte de Kurt Cobain nos ha evitado presenciar ese vergonzoso momento.

 

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