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Por lo visto, este año no habrá "Espíritu del 2006" el 4 de Julio

Estados Unidos está a semanas de cumplir 250 años de su fundación pero, a diferencia de 1976, el ánimo entre la población es muy diferente dado que hoy se trata de un país profundamente dividido. ¿Cómo estaban las cosas allá hace cinco décadas? Los contrastes son abismales

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ABRIL, 2024. Por supuesto se espera que habrá celebraciones el próximo 4 de julio en Estados Unidos pero queda claro que de ninguna manera sobrepasarán a las de hace exactamente medio siglo. En aquel entonces la frase The Spirit of 76 (Espíritu del 76) fue tan popular que incluso pasó a ser una marca comercial. En esta ocasión, cuando Estados Unidos cumple 250 años de existencia, tanto la emoción como los festejos y el ánimo son radicalmente pálidos y desganados en comparación.

Hace exactamente medio siglo, los profesores de las primarias y las secundarias se vistieron con ropas de la época para explicar a los alumnos acerca de la importancia de mantener vigentes los principios que enarbolaron George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, principios que en 1776 eran insólitos, y aun herejes, de que un pueblo debía escoger a sus gobernantes en vez de estar sometido a los deseos y los caprichos de una monarquía. En cada salón colgaban las imágenes de estos tres próceres al tiempo que una bandera norteamericana era colocada indefectiblemente en la esquina del aula o al lado del pizarrón.

En este 2026, asistir con unos pantalones bombachos o peluca blanca y las zapatillas de Franklin a un plantel escolar es suficiente para que alguien se sienta "ofendido" y acuse al transgresor de promover el "privilegio blanco", ya ni se diga que una mujer vaya a la usanza de Martha Washington: se le denunciará como portadora de ropas impuestas por el patriarcado.

En vez de la imagen de Jefferson, lo que hoy cuelga en los salones de clase es una
imagen del Che Guevara o de George Floyd, y en vez de la bandera norteamericana se han impuesto las banderas multicolores del movimiento LGBT o las rosa-azul que utilizan los activistas transgénero.

Quien consultara las bibliotecas escolares en 1976 encontraría las novelas de Mark Twain, considerado un tesoro nacional. Medio siglo más tarde, Twain ha desaparecido de los anaqueles, acusado de "racista" por poner en boca de sus personajes términos que él nunca utilizó en público. Igualmente encontraría biografías de Abraham Lincoln y Thomas Jefferson que ensalzaban su ejemplo  y su aportación; el primero, por haber evitado que el país no se dividiera y el segundo, conseguir que el país pudiera unificarse tras su Independencia.

Pero en este 2026, ambos personajes son repudiados, el primero por "esclavista" y en segundo, pese a haber decretado la abolición de la esclavitud... bueno, por haber sido republicano.

En 1976, el espíritu de celebración se respiraba en las principales ciudades y condados de todo el país. Las series de televisión proporcionaban diversión y entrenimiento a raudales, ya fueran The Muppet Show, Los Ángeles de Charlie, Serpico y el programa de concurso Family Feud; la música disco, encabezada por grupos como KC and the Sunshine Band o virtuosos de la talla de Barry White y Van McCoy, compartían preferencias con Kiss y Peter Frampton, gigantes del rock en aquel momento.

Pero medio siglo después, Estados Unidos se hunde en la mediocridad que intenta venderle gente como Bad Bunny mientras artistas medianamente talentosos, como Sabrina Carpenter, se les "cancela" tras decir que no les gusta que alguien haga ruido raros en sus conciertos.

A 250 años de su nacimiento, imágenes como éstas, comunes en 1976, hoy serían canceladas por las huestes de la wokestapo de Estados Unidos

Los equipos deportivos profesionales y universitarios portaban con orgullo nombres de las tribus nativoamericanas en honor a su bravura y valentía, ya fueran Indios de Cleveland, Bravos de Atlanta o Cherokees, Seminoles o Watusis en los planteles universitarios. Algunos nombres ya desaparecieron, por ejemplo los representativos de Wahington y Cleveland --en las universidades de plano se borró toda referencia, incluso pese a la oposición de las mismas tribus-- con lo cual esos nombres pronto pasarán al olvido entre la opinión  pública.

Las tiendas y los comercios estaban al tope de ropas y artículos envueltos en rojo, blanco y azul. Ciertamente la moda en 1976 era un tanto ridícula, pero se veía más auténtica que la moda actual y se vendió por millones.

Y aunque el espíritu de orgullo se respiraba en todos los rincones del país, ya existían los empeñados en aguar la fiesta. Uno de ellos fue la revista Mother Jones, que denunció a la celebración del 4 de Julio (¡adivina, adivinador!) como "una reivindicación de dos siglos de explotación, racismo y destrucción hacia las comunidades indígenas", para agregar que "los Padres Fundadores nada hicieron para detener la esclavitud pues incluso Thomas Jefferson y otros más poseían esclavos", por lo que el artículo exigía a la población "no unirse a los festejos de este aniversario".

Uno de los colaboradores de Mother Jones y que más tarde sería era un entocnes rechoncho jovenzuelo llamado Michael Moore. Y vaya cosas: hace medio siglo, Moore y los editores de Mother Jones eran considerados unos alucinados, una minoría de amargados que no tenía sentido tomar en serio. Esos mismos son los que hoy "cancelan" a quienes no está de acuerdo con sus posturas.

Otra serie televisiva aguafiestas fue Roots (Raíces), convenientemente estrenada la misma semana en que Jimmy Carter asumió la presidencia, en enero de 1977. La serie de consistió de 8 episodios y estaba basada en libro escrito por Alex Haley y quien afirmaba ser descendiente de Kunta Kinte, un esclavo traído de África allá por 1620 (¿recuerdan el Proyecto 1620?). Luego se supo que, si bien Kunta Kinte realmente existió, no pudo haber estado relacionado con Haley pues Kinte murió siete años antes del nacimiento de su supuesta hija, quien se supone era ancestro del autor. A menos que se tratara de inseminación artificial, quedaba claro que Alex Haley era un farsante. Pero qué importaba: el mensaje llegó a su destinatario: la serie televisiva forma parte del acervo cultural en la Librería del Congreso mientras Raíces se mantiene en los estantes de las universidades norteamericanas y en los planes de estudio en las materias de Historia, Sociología y las nuevas e inútiles carreras woke para las que no existe mercado laboral.

Sin embargo, la principal rázón por la cual las celebraciones por el 250 aniversario de Estados Unidos este año serán mucho menores que en 1976 son claras y evidentes: el país está hoy más dividido incluso que en los tiempos de la Guerra Civil.

Al contrario del resto del mundo en los 70, dividido hasta el occipucio, Estados Unidos se mostraba como un país sólido y homogéneo, un país que había mostrado que la asimilación de culturas había sido posible. Cierto, aún existían prejuicios racistas y tardarían todavía un buen rato en ser erradicados, pero tanto negros como latinos y la sociedad norteamericana en general tenía un mismo objetivo, independientemente que fueran republicanos o demócratas: prosperar en una sociedad que te ofrecía increíbles oportunidades para lograrlo.

La celebración del 4 de Julio en 1976 no se enfocó tanto en lo que se había logrado sino en las posibilidades de lograr cosas más grandes en el futuro; convenía dejar atrás el mal trago en Vietnam y por ello los medios ensalzaron, como símbolo de esa necesidad de cambio para enfrentar el futuro con optimismo, a alguien que había sido gobernador de Georgia y de amplia sonrisa llamado Jimmy Carter, al tiempo que se retrataba a los republicanos como el partdo de Richard Nixon y al presidente Gerald Ford, pese a ser de tendencia liberal, como alguien que no había sido votado en 1972.

Esos mismos demócratas que hoy denuncian el patriotismo como algo impropio e insultante hacia las minorías raciales o sexuales, eran los más patrioteros en 1976. en especial el Sur, región de donde el candidato Jimmy Carter era originario, de manera que en sus mítines proselitistas del Partido Demócrata, las banderas confederadas que se ondeaban superaban por mucho a la bandera de las barras y las estrellas. Pero eso a nadie conviene recordar en torno a la celebración del Bicentenario en 1976. Lo que debe restregarse en la cara a todos los ciudadanos este 2026 es que, aparte de tener a un racista en la Casa Blanca, hay que tener vergüenza del país en vez de orgullo... aunque esos avergonzados y quienes juran odiar a Estados Unidos jamás se les ocurre emigrar a otro país mejor.

 


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