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Will Smith, de príncipe a hazmerreír

En algún momento fue un actor carismático, ocurrente y hasta inspirador hasta que se obsesionó con ganar el Óscar, tras lo cual le brotó lo patán y lo grosero al punto de golpear en público a quien era amigo suyo. Will Smith hoy solo produce lástima ajena y vergüenzas... un reflejo de la basura que Hollywood representa actualmente

 

"No me hablés de política... habláme de algo más divertido... por ejemplo, un dolor de muelas..."

Daniel Rabinovitch en un sketch de Les Luthiers


MAYO, 2026. Indiscutiblemente, Will Smith y Robin Williams fueron dos de las figuras más grandes del entretenimiento que compartían muchas cosas en común: ambos iniciaron en la televisión, tuvieron sus propios protagónicos, realizaron comedia stand-up y lo mismo destacaron en el cine con roles tanto cómicos como dramáticos. Hubo diferencias, naturalmente: Will Smith disfrutó de un gigantesco éxito como intérprete de rap mientras que Williams solamente grabó discos como comediante.

Otra gran diferencia es que la impresionante versatilidad de Williams lo hizo acreedor al Óscar por su participación en Good Will Hunting, al lado de Matt Damon. Will Smith también se empecinó en ganarse un oscarín y protagonizó Alí, donde lo único que demostró es que, pese a que su actuación fue buena, el originalmente llamado Cassius Clay es irremplazable, tanto en el boxeo como en su personalidad. Smith ni siquiera fue nominado pero se tragó el coraje; todavía eran los tiempos en que no ser considerado para el Óscar representaba una invitación a mejorar tu trabajo, no a eructar excusas pendejas.

Hubo otro intento "serio" de Will Smith con la cinta After Earth, una de las primeras porquerías de M. Night Shyamalan, el aclamado director de El Sexto Sentido. El ex príncipe del rap aún trataba de guardar las formas. Pero su obsesión por ser nominado lo llevó a aceptar roles cada vez peores. Uno de los secretos de su éxito había sido la espontaneidad, el jamás pasarnos por la mente que sus diálogos en realidad habían sido pulidos hasta la última coma.

Luego vendría The Pursuit of Happyness, una de las mejores cintas en lo que va del siglo; fue otro coqueteo de un actor que no quería encasillarse como rappero o personaje de la alta taquilla que consiguió en Independence Day o en la saga de Men in Black. Más frustrado al no ser oscareado, en el 2015 Will Smith participó en una de las primeras cintas abiertamente woke tituladada Concussion, donde caracteriza a un médico emigrante que da cuenta de cómo la NFL abusa de los jugadores que resultan con graves lesiones y se desentiende de su tratamiento.

Concussion recibió elogios y nominaciones del canal MTV y de los Globos de Oro, pero la Academia volvió a hacerle al feo al Willy, quien ya no aguantó más y denunció ¿qué otra cosa iba a ser? que la Academia era "racista" hacia su persona. No importaba que histriones afroamericanos de gran talento como Denzel Washington Jr., Spike Lee, Morgan Freeman, Angela Bassett y Samuel L. Jackson hubieran sido previamente nominados o premiados; como la Academia se negaba a reconocerlo, ello fue razón suficiente para que Will Smith hiciera su pataleta de niño malcriado.

Al poco tiempo, Will Smith y su esposa Jade --ella sí, actriz bastante mediocre-- lanzaron el hashtag #oscarstoowhite, no para protestar porque Hollywood se negara a contratar a actores, productores, guionistas o músicos negros, sino porque jamás lo habían nominado a él.

El caso Will Smith nos demuestra hasta dónde llegan los estragos de esa enfermedad mental acompañada de inmadurez emocional y comportamiento propio de niños malcriados conocido como wokeísmo. Los wokes son como el mocoso (o mocosa en su defecto) que jamás aceptará haberse comido las galletas de chocolate pese a tener el rostro total mente embarrado.

El comportamiento de Will Smith lo evidencia como alguien que requiere de urgente terapia psicológica, y eso ya podía detectarse mucho antes que le pegara una trompada a Chris Rock durante la entrega de los Óscares. La Academia finalmente premió a Steven Spielberg como director por La Lista de Schindler en 1994, casi medio siglo después de filmar su primera cinta. ¿Cuál habría sido la reacción si el cineasta hiciera una rabieta cada vez que no se le nominaba, acusando a la Academia de no premiarlo por ser judío?

La Academia no estaba obligada a nominar a Will Smith, de ahí que éste convocara a un boicot que hizo temblar a Hollywood. Era penoso ver cómo la industria se aterrorizaba ante las amenazas de un actor importante, cierto, pero dado que Trump ya estaba en al presidencia, se presentó el pretexto ideal para que los estudios abrazaran el wokeísmo y se desentendieran del racismo que siempre los ha caracterizado, ese racismo donde un personaje de origen latino cerraba sus diálogos con un "¡sí, señor!" o ponía como fondo música de mariachi cada vez que veíamos escenas de México o a un mexicano.

Finalmente Will Smith obtuvo su nominación por King Richard, una película mediocre donde el protagonista es el padre de las tenistas Venus y Selena Williams. De no haber sido por su corajina, esta película, muy por debajo del desempeño que Smith tuvo en su magistral Búsqueda de la Felicidad, ni siquiera habría sido contemplado para una nominación. Esa misma noche de la ceremonia, Smith se encabronó, subió al escenario y golpeó al comediante Chris Rock porque aparentemente estaba haciendo mofa de su esposa Jade Smith, también ahí presente.

Si se supone que Smith y Rock se conocían de años y se jugaban bromas entre ellos, la reacción del ex príncipe del rap es la de alguien que padece serios desequilibrios emocionales. Sin embargo, otros lo ven más como una reacción de Smith para no quedar en el rol de cornudo, humillado por su propia mujer. Recordemos que Jade le puso la cornamenta con un tipo mucho menos joven que ella y que cuando el también rappero le echó en cara su infidelidad, con el mayor cinismo ella lo mandó callar.

Para no terminar como un cornudo que si le respondiera a su compañera saldría exhibido como un "machista abusador", entonces había que desquitarse, ante millones de personas en todo el mundo, específicamente contra Rock.

Otra escamada por el puñetazo de Smith fue la Academia. Cualquier nominado que se porte como un patán sería echado de la ceremonia y le sería negado su Óscar en caso de ganarlo. Sin embargo, Smith permaneció en su asiento el resto de la entrega, y al final subió al podio, recibió su Óscar y recibió la ovación del público pese a su comportamiento de troglodita.

¡Pero, esperen, Will Smith es un actor negro, el mismo que acusó de "racista" a la Academia porque nunca antes lo habían nominado! ¡Will Smith es una víctima porque sus antepasados fueron esclavos!

La Academia anunció que prohibiría el ingreso a Smith durante 10 años, no sin antes haberle entregado su oscarín, el equivalente a que un banco anuncia a un cliente que no volverá a prestarle un centavo por moroso, aunque sin atreverse a cobrar el dinero que previamente le fue entregado.

Por fortuna, las cosas vuelven a tomar su lugar pese al wokeísmo que busca destruir la lógica y la congruencia en este planeta. A Chris Rock le ha ido extremadamente bien como comediante stand-up mientras que Smith, pese a su desesperación por volver a ser el ocurrente-buena-onda, difícilmente será contratado para otra superproducción. Ya tenemos suficientes mamones petulantes en Hollywood como para tener que soportar a otro más.

 

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