La Misa cara a Dios
por
JEAN FOURNÉE
NACIMIENTO DE UNA OPOSICIÓNPero, ya antes de Cristo, todos los judíos no se conformaban a este uso. Al lado del judaísmo judaizante, y con frecuencia en conflicto con él, había un judaísmo helenizante, que englobaba más o menos la secta de Qumran y cuyas relaciones con los esenios aparecen como muy verosímiles. Estos helenizantes se opusieron a los otros judíos en un punto esencial: el culto del Templo. Para ellos la oración hacia el Oriente cósmico conservaba su primacía. A ella se acomodaban. El Padre Daniélou ha dejado en claro esta cuestión[2]. Contra el uso de la oración versus ad templum hicieron campaña, en los tiempos apostólicos, los helenistas judíos pasados al cristianismo, y especialmente el protomártir San ESTEBAN. Reléanse sobre este punto los textos de los Hechos de los Apóstoles, especialmente 6, 14 y 7, 48/50. Como ya lo hemos destacado, el mayor reproche contra él, el que le valió más odios, fue por cierto su discurso contra el Templo. Por otra parte, nos dicen los Hechos, que después de su rebelión contra lo que debía importar, en modo especial a sus adversarios, tuvo un gesto y unas palabras inspiradas que revisten todo su sentido en relación con su discurso precedente: a saber, su mirada hacia los cielos y su visión del "Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios". Con seguridad, no miraba hacia el occidente, sino por cierto al oriente. Ese “Hijo del hombre” que llega "sobre las nubes del cielo", como lo vio el profeta Daniel (7, 13), y que es invitado por Dios a sentarse a su diestra (SALMO 110, 1), es Aquél que aparecerá en el oriente, anunciando él mismo su venida después de la caída de Jerusalén y la ruina de su Templo. Releamos el discurso escatológico de Cristo, en el capítulo 24 de San Mateo. Es cierto que la oración hacia el templo de Jerusalén perdió su sentido entre los judíos convertidos; al cristianismo, incluso si no eran de origen esenio, e incluso si no eran, como San Esteban, del grupo de los helenistas. El Padre Danielou se pegunta si los esenios no conferían ya un sentido mesiánico a la oración hacia el oriente. Según, él, daban gran importancia al oráculo de Balaam (Números, capítulo 24), y especialmente a su contemplación del "astro que nace de Jacob" (orietur stella ex Jacob. Números, 24, 17), que interpretaban en forma diferente a dos demás judíos, viendo en ella el anuncio del Mesías. Para ellos, como para dos judeocristianos, orar versus ad orientem era manifestar su fe en el advenimiento de Aquél que vendría a realizar la promesa de la Jerusalén celeste. EN LA ESPERA DEL GRAN RETORNOAsí se operaba, en ese punto, la separación entre un judaísmo que había permanecido judaizante, que no iba a tardar en concentrar sus esperanzas en la restauración de la Jerusalén terrestre, inmovilizándose en la tradición de la oración hacia el lugar geográfico de esa restauración, y un judeo-cristianísmo que, por un camino diferente, iba a reunirse con el pagano-cristianismo, adoptando como éste la oración hacia el oriente cósmico. Por un lado era en virtud, al menos parcialmente, de una reacción antimilenarista, y por el otro, por la cristianización de un uso pagano. Pero en ambos casos no se trataba sino de .una disposición previa, una especie de paralelo inicial. Perspectivas más altas, más ricas, .más constructivas se ofrecían a esta Lex orandi. Le hacía falta superarse. Para unos, debía haber en ella mucho más que una reacción anti. Para otros, el mito solar estaba ya totalmente abandonado por el símbolo platónico de da luz, al que se trataba de dar un contenido cristológico. tal símbolo iba a insertarse en la historia misma de la Salvación. El oriente evocaba la Ascensión de Jesús, Los ojos fijos en el cielo, allí donde Cristo los había abandonado, los Apóstoles habían oído de dos mensajeros celestes que Él volvería "de la misma manera" (Hechos 1, 9-11). Esta relación entre la partida de Cristo y su retorno la expresaron los escultores de la fachada de Chantres, en la cual la Ascensión y el Cristo de la visión de Ezequiel forman dos temas complementarios, uno al norte y otro en el centro, mientras que en el sur se relata la historia de la primera venida de Jesús, de una manera mucho más teológica que anecdótica. En suma, lo qué dos nuevos cristianos esperaban ante todo del oriente era el retorno en gloria y majestad de Cristo vencedor y soberano juez. Habían sido preparados para ello por la interpretación de algunos textos del Antiguo Testamento, y sobre todo por la enseñanza de Jesús mismo. El capítulo 24 de San Mateo justificaba su vigilante espera. Especialmente en el versículo 27 se encuentra la comparación con el relámpago que sale del oriente[3]. Agreguemos que este texto viene a aclarar el de Isaías ( 41, 2 ) citado anteriormente. UNA TRADICIÓN DE FUENTE INCONTAMINADAEn conclusión, puede admitirse y es por cierto la opinión del Padre Daniélou que fue en el ambiente judeocristiano donde nació la tradición cristiana de la oración hacia el oriente verdadero. Esta tradición se establece pues a la vez por reacción contra la oración judía hacia Jerusalén, por adopción de un uso probablemente de origen esenio y por conveniencia específicamente cristiana. Señalemos todavía que él tema, tan decisivo, de la estrella de los Números tiene su equivalente en d relato de San Mateo relativo a los magos, guiados hacia Cristo por la estrella que divisaron en el oriente (Mt 2, 2). Esta estrella oriental, para los primeros cristianos, va a fijarse en el cielo y a convertirse en la Cruz luminosa, signo de gloria y de salvación. Se comprende por qué los mártires dirigían sus ojos hacia el oriente. En la Pasión de las santas Perpetua y Felicitas se lee: coepimus ferri a quattuor angelis in orientem. (Passio... XI, 2-3)[4]. Así estaba dirigida la mirada de San Esteban mientras lo lapidaban. El uso de la oración hacia el oriente en los medios palestinos no está pues ligado, en cuanto a sus orígenes, a la cristianización del mito solar pagano. Esto probablemente explica que fuera permitido más precozmente que en los medios romanos, y que fuera de entrada más puro porque fundado de entrada sobre la Escritura. No tendrá que ser liberado de algunas contaminaciones paganas o maniqueas del tipo como las que tendrán que eliminar San León Magno o San Agustín. Se difundirá rápidamente en las Iglesias de Oriente, más precoces que dos ambientes romanos en adoptarlo en su liturgia como en la arquitectura de sus santuarios. Habiendo sido disipado todo equívoco lo que fue la tarea del magisterio y de los teólogos no podía, sin dejar de justificarse, sino enriquecerse y ,magnificarse abriéndose al simbolismo de la Luz divina, tras las huellas de San Juan. |

[2] Théologie du ]udéo-Christianisme, París, Desclée, 1957, p. 96.
[3] El Padre DANIELOU hace notar que esta comparación se relaciona "con un contexto judío que nos vuelve a llevar a los esenios" (op. cit., p. 96).
[4] El vidimus lucem immensam de la misma Passio evoca el lux perpetua luceat eis de la misa de difuntos (atestiguado en el siglo IX en una antífona del común de los Mártires del oficio romano). Esta luz inmensa y eterna, en la que descansan las almas bienaventuradas en la contemplación de Dios, toma toda su significación en el contexto cultural de la Antigüedad, en la época en que el universo era concebido según el sistema de Ptolomeo. Lo que para nosotros no es más que una imagen, un símbolo, correspondía entonces a una profunda creencia. Se representaba a las almas atravesando "las esferas planetarias para llegar a esa luz superior a todos los mundos, en la que encontraban la perfecta beatitud" (CUMONT, Lux perpetua, p. 188 ). ¿Acaso no era una de las misiones del arcángel San Miguel escoltarlas en ese viaje a través de los espacios celestes e introducirlas en la luz santa (sed signifer sanctus Michael repraesentet eas in lucem sanctam)? .Esta lux sancta, que SAN BASILIO denomina luz supercósmica (Hexaem. II, 5; P.C. 29, 41), no debe nada, escribe SAN AMBROSIO, ni al sol, ni a la luna, ni a las estrellas: es la de la única claridad divina: ...sed sola Dei futgebit claritas (De bono mortis 12, 53