La Misa cara a Dios
por
JEAN FOURNÉE
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Orígenes Uno de dos textos más importantes es el de Orígenes (+ hacia 255) en su Libellus de oratione: ”Y ahora, respecto de la parte del mundo hacia la que hay que dirigirse para orar, seré breve. Siendo cuatro esas partes: el norte, el sur, el poniente y el levante, quién pues negará que hay que indicar bien claramente el levante, y que debemos rezar dándonos vuelta simbólicamente hacia ese lado, mirando con el alma en cierto modo la salida de la verdadera luz. Si estando las puertas de la casa situadas hacia no importa qué parte, alguno prefiere a causa de ello rezar hacia el lado donde se abre la morada y sostiene que la vista directa del cielo lo atrae más que un muro que se lo esconde, en el caso en que la entrada de dicha casa no mire hacia el oriente, hay que responderle que por la voluntad de los hombres los edificios se abren hacia tal o cual parte del mundo, mientras que es por su naturaleza misma que el oriente supera a las otras regiones del cielo. Ahora bien, lo que está en el orden natural supera a lo que proviene de un arreglo arbitrario”. Y eso vale, según Orígenes, a priori para la oración de quien se encuentra en la campaña rasa. Si se admite -dice- que el oriente tiene la prioridad, ¿por qué no admitirla en todas partes? (P.G. XI, 555) .Lactancio LACTANCIO ( 250 - después de 317 ) explica por qué conviene orar hacia el oriente: "De esta tierra, [Dios] constituyó dos partes contrarias y opuestas una a otra, a saber, oriente y occidente. El oriente está iluminado por Dios, fuente Él mismo de la luz, iluminador de todas las cosas. Él nos hace entrever la vida eterna. El occidente, por el contrario, se atribuye al espíritu turbio y vicioso, porque esconde la luz, porque trae siempre las tinieblas y hace que los hombres sucumban a1 pecado". La luz viene del oriente y la vida tiene su principio en la luz. Las tinieblas están en el occidente, y en las tinieblas están la muerte y la destrucción"[10]. San Jerónimo Interroguemos a SAN JERÓNIMO (347-419). En el libro segundo de su comentario sobre Habacuc, compara a Cristo con el Sol de justicia que ilumina a la Iglesia. Comentando a Zacarías, escribe: "El Señor no se adelantará al declinar del día, en la cercanía de las sombras de la tarde, tamo lo hizo, leemos, para Adán (cfr. Génesis 3, 8). Y cuando se detenga, no será en los valles y las hondonadas, sino sobre la montaña... Y esta montaña está junto a Jerusalén, del lado del oriente, de donde viene el Sol de Justicia"[11]. Más incisivo y más preciso es este pasaje de su comentario sobre Amós (libro III), en el cual recuerda primeramente los versículos 33 y 34 del salmo 68: "Cantad las alabanzas de Dios, haced resonar cánticos a la gloria del Señor que ha subido por encima de todos los cielos hacia el oriente". Y luego escribe: "De allí viene que, en nuestros misterios, renunciemos primeramente a aquél que está en occidente y que muere en nosotros con dos pecados, y, dándonos vuelta hacia el oriente, nos aliemos con él Sol de justicia y prometamos servirlo en adelante"[12]. San Cirilo de Jerusalén Esas palabras son un eco de las de SAN CIRILO DE JERUSALÉN (313-386): "Cuando renuncias a Satanás, aboliendo todo pacto con él (cfr. Isaías 28, 15) y todas las viejas alianzas con el infierno, entonces el paraíso de Dios se abre para ti, que Él plantó en el oriente (Génesis 2, 8), del cual, después de haber violado el mandamiento de Dios, fue expulsado nuestro primer padre. Y en razón de ese símbolo te has dado vuelta del poniente hacia el oriente, que es la región de la luz. Y entonces es cuando debes decir: “Creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y en un bautismo de penitencia”[13]. LOS OPONENTESHubo sin embargo quienes se opusieron a la orientación de la oración, por ejemplo, MINUCIO FÉLIX a fines del siglo II (Octavius, XXXI, 2), ARNOBIO a comienzos del siglo III (Adversus gentes, lib. IV, cap. V. P.L. 5, 1011-1013). En uno de sus sermones así se expresa EUSEBIO DE ALEJANDRÍA: "¡Ay de aquellos que veneran al sol, la luna y las estrellas! Sé que son sin embargo numerosos los que adoran al sol y lo invocan. Pues rezan hacia el sol naciente diciendo: Miserere nostri! No hacen eso como heliognósticos y herejes, sino verdaderamente como cristianos. Se olvidan de su fe para mezclarse con los herejes. ¿Por qué, en lugar de al Autor del cielo, del sol, de la luna y de los estrellas, adoras a sus creaturas? Es inadmisible servir a la creatura antes que al Creador. Pues está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y 1e servirás (Deut. 6, 13). Maldito quienquiera adore al sol, la luna y las estrellas, y cualquier otra cosa que ha sido creada, en lugar y sitio de Aquél que la ha creado" (P. G. 86, 453).
Por todas partes se vuelve a encontrar el mismo temor de contaminación
pagana o herética. Y es esto lo que explica las aparentes
contradicciones de San Agustín. |
