La Misa cara a Dios
por
JEAN FOURNÉE
Las primeras iglesias de OrienteUna vez más hay que interrogar a las iglesias de Oriente para volver a encontrar en sus fuentes más auténticas la elaboración de una tradición cristiana ligada, por indiscutible filiación, a las tradiciones judías. Sin duda, como lo dijimos, la orientación ha tomado una significación ,muy distinta. Sin duda, sobre todo el culto cristiano difiere profundamente en su finalidad del culto judío. Pero, en lo que concierne particularmente a las iglesias de Siria, se puede decir con el Padre BOUYE, que éstas aparecen "como una versión cristianizada de la sinagoga judía" (Architecture et Liturgie, p. 28). El estudio arqueológico de las iglesias sirias continuó activamente estos últimos años. Él ha puesto de relieve cierto número de características fundamentales, sólidamente establecidas. Jean LASSUS, en su libro sobre Les sanctuaires chrétiens de Syrie (París, 1947) llega así a las siguientes conclusiones:
En estas condiciones, estando suficientemente demostrada la ausencia de synthronon absidal, ¿dónde podía pues encontrarse el asiento del obispo o de su representante? Justamente en la relación de filiación de la liturgia cristiana con el culto judío es donde se encuentra la respuesta. El trono episcopal, escribe J. DAUVILLIER, "simboliza el lugar donde se sentaba el Gran Sacerdote, hijo de Aarón, frente al santuario, hacia el Oriente. Está pues dirigido hacia el ábside. El obispo está rodeado de sus sacerdotes, que están igualmente sentados, sin duda de un lado de su trono y del otro"[ 23]. "El asiento del obispo, agrega el Padre BOUYER, reemplazó a la cátedra de Moisés"[24].Las excavaciones arqueológicas y la exégesis de los antiguos textos litúrgicos sirios han puesto en evidencia, en e] centro del edificio cristiano, la existencia de una plataforma rodeada de una valla, sobre la cual estaba organizado un lugar sacro. Ese lugar es el béma, que responde integralmente al bimah de las sinagogas, cuya más antigua mención escrituraria se encuentra en el libro de Nehemías (VIII, 4), donde vemos que era el lugar de la lectura de la Ley. El bêma, en su forma típica, es una especie de ancho podio rectangular, en la nave, rodeado de una banqueta, a la vez asiento y valla. Esta banqueta se abre delante, es decir al este, hacia el altar, pero está cerrada al oeste por un verdadero contra-ábside semicircular, con una grada y un asiento central. Allí se encontraba el trono del obispo, en el centro, cara al este, y se sentaba el clero durante la .proclamación de la Palabra. Justamente en el interior del béma se encontraban los lectores y se leían los textos sagrados. Partiendo del bêma, el obispo y sus asistentes se dirigían procesionalmente al altar para celebrar los santos misterios. Todo esto está perfectamente descrito por Dennis HICLEY en una publicación reciente [25].¡Qué admirable simbolismo! El obispo en su sede en la nave, en medio de su clero, en la extremidad occidental del bêma, rodeado de su pueblo, escuchando primeramente como éste la Palabra de Dios, luego conducido por ella hacia el altar del Santo Sacrificio, hacia la mesa eucarística, cara al este, cara al Sol Iustitiae, y esto en una marcha procesional que es una progresión al encuentro del Señor. Y en esta procesión está acompañado de los fieles, quienes ellos también se acercan al altar. ¡Qué riqueza y qué dinamismo! Esto es la orientación. No solamente una mirada hacia un punto geográfico, sino una acción litúrgica, un movimiento de asamblea hacia el lugar sacro donde se va a realizar, por el ministerio sacerdotal, la unión del Señor y de su pueblo. De la Siria paleocristiana al Occidente medieval Cuando se compara el plano de una iglesia románica francesa con el de una iglesia Síria del siglo IV o V, uno se ve obligado a admitir que hay entre ellas más afinidades y semejanzas que entre la misma iglesia medieval y una basílica remarte de la era constantiniana. Se encuentra allí una igual sensibilidad a la orientación verdadera que gobierna de golpe el emplazamiento del ábside y el lugar del altar. Todo pasó roano si nuestro arte, ya que no de construir, al menos de arreglar las iglesias, de estructurarlas, se hubiese formado en Oriente y, recibiendo por el Oriente la herencia al menos parcial de las tradiciones hebraicas, hubiese pasado por encima de las fórmulas romanas de adaptación de basílicas civiles al culto cristiano, fórmulas por otra parte temporarias y no siempre felices, con las que no teníamos nada que hacer. Que debíamos mucho al Oriente, hace mucho tiempo que Émile MÂLE y otros lo demostraron. El Oriente cristiano (lo dijimos suficientemente) es quien nos ha transmitido la fórmula más justa, más pura y mejor fundada de la orientación cósmica. Una fórmula liberada y liberadora en materia de arquitectura religiosa, en el sentido de que, conformándose a ella de entrada, se evitaban, en el desarrollo de los ritos litúrgicos, .ciertos movimientos de gente, ciertas actitudes molestas y desgarbadas que mostraban :bien el inconveniente de pretender conciliar lo que era difícilmente conciliable, hasta incluso contradictorio, en las basílicas constantinianas occidentadas, a saber, la situación del altar respecto de la asamblea y la obligación para todos, proclamada por los textos de las disposiciones de la Iglesia, de darse vuelta hacia el Oriente para rezar, al menús en ciertos momentos de la liturgia eucarística. Hay que creer que se lo comprendió bastante rápidamente en Roma y en las regiones de influencia romana como Italia y el África del Norte, puesto que estadísticas como la de MOTHES, referente a las iglesias construidas entre el año 420 aproximadamente y el año 1000, revelan que los 2/3 de ellas estaban verdaderamente orientadas, con ábside al este y fachada al oeste (cfr. Maison-Diéu, nº 70, p. 80, nota 39) . Del otro lado de los Alpes la proporción será mucho mayor aun, y se puede decir que en Francia las iglesias medievales, en su casi :totalidad, tenían su presbiterio al este. Constituían así una referencia precisa para los viajeros "desorientados". Pero hay otra herencia de la que debemos hablar: da del bêma. Recordemos que las primeras iglesias sirias lo tomaron de las sinagogas. Nosotros lo adoptamos. Se convirtió en el coro de nuestras iglesias occidentales. La única diferencia es que el bêma, lugar de la Palabra, estaba situado en plena nave, bastante lejos del altar, lugar del Sacrificio (de allí la marcha procesional desde el uno al otro cuyo admirable simbolismo hemos exaltado). Mientras que el coro se abre directamente, al menos en la mayoría de las iglesias parroquiales, en el santuario donde se halla el altar. Pero la función es idéntica. En el coro como en el bêma están los asientos del clero y los pupitres para las lecturas. Está también el grupo de los chantres, el Chorus psallentium (choros = coro). Esto, por supuesto, no es sino un esquema. Habría espacio para matizarlo y completarlo, hablar del ambón y del púlpito si nuestro estudio tuviese por objeto el lugar de la Palabra. No es nuestro propósito. No buscamos sino poner en evidencia aquello que, en la estructura de nuestras iglesias, responde a la ley de la orientación. Es el caso de esta evolución del bêma, atraído en cierta manera hacia el este, hacia el altar absidal para convertirse en el coro. Que esta ley de la orientación haya regido la arquitectura religiosa medieval es lo que se desprende, no sólo de las constataciones hechas por los arqueólogos y los historiadores del arte, sino de los textos patrísticos, como los de HONORIO llama DE AUTUN, en. el siglo xII (De situ ecclesiae, en Gemma Animae, lib. I, cap. 129, P. L. 172, c. 586) ; de SICCARD DE CREMONA, a fines del siglo XIII (De fundatione Ecclesiae, en: Mitrale I, cap. II, P. L. 312, 17); de GUILLERMO DURAND de Men de, en el siglo XIII (Rationale divinorum officiorum, libro V, cap. 2, n° 57). Desde la época carolingia, WALAFRID STRABON (t 849) afirmaba, en su De rebus ecclesiasticis, que era de regla en el país franco el conformarse a la orientación y, por consiguiente, situar al este el presbiterio y el altar. Regla tan fielmente seguida que. los arqueólogos, como lo recuerda LASTEYRIE, designan corrientemente por su situación al norte o al sur a las naves laterales de las iglesias[26]. Esta regla, para los grandes edificios, se aplicaba, no solamente al altar mayor, sino a los altares secundarios de las naves laterales y de los brazos del crucero. Estos estaban siempre adosados a la pared oriental de las capillas o ubicados en las absidiolas abiertas en el muro oriental del crucero. |

[22]
Igual
conclusión en F. WIELAND, Altar
und Altargrab der christlichen Kirchen im 4, Jahrhundert, Leipzig, 1912,
p. 146.
[23]
L'Ambon
ou Béma dans les textes de l'Eglise Chaldéene et de l'Eglise Syrienne au
moyen áge, Cahiers Arqueologiques, VI, 1952, p. 15.
[24] ''Architecture et Liturgie, p. 33.
[25]
The Ambo in early liturgical
planning. A study with sperial reference to the Syrian Bêma, The
Heythrop Journal, Oxford, vol. VII, oct. 1988, pp. 407-427.
[26]
°
L'Arehitecture religieuse en France d lépoque romane, 2* ed., París,
Picard, 1929, p. 75.