¿POR QUÉ CAMBIARON LA MISA?
HACIA LA RELIGIÓN ÚNICA
Por MAURO CIOTOLA  

   Ya que, sin embargo, se ha cambiado la forma (y esto está incontestablemente claro), no hay ninguna seguridad de que el ministro hace lo que Cristo quería en este sacramento. Este cambio afecta no sólo la validez de la consagración del vino, sino también a la del pan, puesto que era la misa entera lo que Cristo instituyó "para vosotros y para muchos."

   No puede haber duda alguna de que en la misa nueva la intención de transubstanciar y de aplicar los frutos de la redención no es clara. Esto coloca la validez de la misa nueva en una cuestión muy seria, oscilando entre dudosa y claramente inválida. Y los que han hecho esto al "misterio de la fe" ¡son culpables de un crimen grave contra Dios Todopoderoso y la Iglesia Católica!

   Ahora bien, la Iglesia Católica resume la fuerza de su doctrina acerca de la presencia real en una palabra: transubstanciación. Es importantísimo que prestemos algo de atención a esta palabra, "transubstanciación," si vamos a comprender lo que quiere decir la Iglesia cuando dice "el misterio de la fe," y por qué la cena protestante y la misa nueva no son la misa católica en absoluto. Para hacerlo será necesario repetir algunas cosas.

   En la frase de arriba, hemos usado la expresión "el misterio de la fe" con relación a la transubstanciación adrede, y lo hemos hecho para arrojar algo más de luz sobre otra peculiaridad del Novus Ordo Missae.

   Hemos visto que Lutero y los demás reformadores hicieron muchas cosas a la misa para desviar el énfasis de una "acción de sacrificio" a una "comida memorial" en donde la "presencia espiritual de Cristo se realiza por la fe de la asamblea allí reunida y no en donde una verdadera presencia sustancial se realiza por el poder del sacerdote para transubstanciar." Y hemos visto que por muy extraño que parezca, ¡el Novus ordo ha adoptado a todas ellas! Así que no debe ser sorprendente descubrir ¡otra innovación de Lutero que el Novus ordo ha adoptado también!

   Cuidando de que fuera perfectamente claro que se rechazaba y se negaba la transubstanciación, Lutero se dio cuenta de la necesidad de quitar la expresión "el misterio de la fe" de la fórmula de la consagración del vino.

   En la fórmula tridentina, las palabras son: "Porque este es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento: el misterio de la fe, la cual será derramada por vosotros y por muchos, para remisión de los pecados." En el servicio de Lutero (tomado del Libro del Culto e Himnario, 1958), las palabras son: "Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre, que será derramada por vosotros y por muchos, para remisión de los pecados."

   Haga el favor de prestar atención en particular a que las palabras, "el misterio de la fe," ¡se han omitido!

   En la misa nueva, las palabras son: "...este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados."

   Se fijarán en que aquí también, tanto como en la versión de Lutero, las palabas, "el misterio de la fe," ¡se han omitido! ¿No hemos de preguntar por qué?

  Cuando llegamos a darnos cuenta de que Lutero quitó estas palabras de su culto para negar la transubstanciación, ¿no debemos preguntar ¿por qué ha hecho lo mismo el Novus Ordo?

   Pero, claro, el católico confuso o complaciente que se ve afectado por el lío del Novus Ordo, puede oponerse a esta frase, afirmando que la misa nueva no suprime la expresión "el misterio de la fe," ya que justo después de la consagración del vino, el sacerdote (léase: presidente de la asamblea) pide a los fieles, "Este es el misterio (sacramento) de nuestra fe." Entonces una de entre varias fórmulas pueden recitarse o cantarse. El "misterio" más corrientemente proclamado es este: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. _Ven, Señor Jesús!"

   Es claro que hay un misterio nuevo o, más bien, el desénfasis de un misterio y el sobreénfasis de otro. En la misa tridentina, "el misterio de la fe" ¡es la transubstanciación! Esto es bastante obvio por su colocación en la forma de la consagración del vino. En la misa nueva, el "misterio de la fe" es ¡la pasión, muerte, resurrección y segunda venida de Cristo! No puede ser la transubstanciación por el hecho de que la frase se ha arrancado fuera de su sitio de adentro de la forma de la consagración del vino.

   Además, la proclamación del "misterio" por los fieles ¡no hace ninguna referencia en absoluto a la presencia real de Cristo sobre el altar! ¡Y aquí está la gran contradicción de la misa nueva! Afirmar osadamente que "Cristo volverá a venir" cuando de hecho ya está presente sobre el altar (¡o debe de estarlo!), contradice esa doctrina de la transubstanciación terminantemente y de ninguna manera puede apoyarla.

   Es más allá de cualquier duda que la transubstanciación es "el misterio de la fe." En The Teaching of the Catholic Church (La Enseñanza de la Iglesia Católica), capítulo 26, "El Sacramento de la Santa Eucaristía" se afirma: "El cambio eucarístico, pues, es un cambio que transciende la percepción de los sentidos, porque lo que se cambia no son las apariencias, sino las sustancias... No existe cambio alguno, ni natural ni milagroso, a la que se puede asemejar la transubstanciación correctamente: esta conversión, según el Concilio de Trento, no es solamente milagrosa (mirabilis), sino única (singularis)."

   Y sigue diciendo el Concilio de Trento: "En la transubstanciación la sustancia entera del pan y del vino se cambian a la sustancia entera del cuerpo y de la sangre de Cristo; no en un cuerpo y sangre nuevo de Cristo, sino en el mismo que nació de la Virgen María, que sufrió y murió por nosotros, y que ya reina glorioso en el cielo. Con razón, pues, la liturgia llama a esto `el misterio de la fe,´ porque más que ningún otro milagro, requiere la fe sin vacilar de la mente humana en la omnipotencia del Creador, cuya mano, habiendo hecho todas las cosas de la nada, alcanza las mismas raíces del ser, y por lo tanto puede cambiar a Sus criaturas a voluntad."

   Pero Lutero, como todos los protestantes, rechazó la transubstanciación porque esto sobre todo pide una "fe objetiva," algo que su "mentalidad subjetiva" no permitiría. Pero para la Iglesia Católica, para la fe católica, la fe "objetiva" y divina, el dogma de la transubstanciación es tan esencial a la doctrina de la sagrada eucaristía como lo es el dogma de la presencia real.

   Pío VI condenó el parecer de los Jansenistas cuando, en el Sínodo de Pistoia, pretendían que era suficiente enseñar que Cristo está verdaderamente, realmente, y sustancialmente presente en este sacramento, y que la sustancia del pan y vino cesa, quedando sólo sus apariencias.

   Pero ¿ por qué condenó Pío VI esto?

   Haga el favor de fijarse en que, aunque la doctrina de la transubstanciación se explica, ¡no se nombra!

   Pío VI declaró que la transubstanciación no debe pasarse por alto en silencio como si fuera una mera cuestión escolástica; se ha definido por el Concilio de Trento como artículo de fe y la palabra ha sido consagrado por la Iglesia para defenderla contra herejías.

   "¡La transubstanciación no ha de pasarse por alto en silencio como si fuera una mera cuestión escolástica!" Me pregunto cómo habría reaccionado Pío VI a un artículo que leí en el periódico local con fecha del 6 de abril, 1982, titulado "Católicos y Metodistas Encuentran Acuerdo sobre la Comunión." En ese artículo se afirmó: "Los participantes Católicos Romanos y los Metodistas Unidos durante cuatro años de diálogo oficial han encontrado extraordinaria unidad y acuerdo en sus formas de celebrar la santa comunión." Mas, dicen, "la piedad popular" de las dos Iglesias mantiene "perspectivas distintas" sobre la presencia de Cristo, con "la mayoría de los católicos" entendiéndolo en los elementos de la comunión y la mayoría de los metodistas viéndolo en "las palabras y en el espíritu."

   El artículo termina: "Sin embargo, el informe dice que los metodistas reconocen cada vez más que los elementos de la comunión tienen una "relación determinante" a la manera en que Cristo está presente y los católicos han empezado a comprender que su `doctrina de transubstanciación´--de un cambio en los elementos--está condicionado históricamente."

   Esta es la actitud de la Iglesia conciliar sobre la transubstanciación: ¡que está "históricamente condicionada!"

   Decir que está "históricamente condicionada" es decir que la transubstanciación entró en existencia debido a ciertos acontecimientos pasados en la historia de la Iglesia que exigían una respuesta de la Iglesia y que está limitada o sujeta ¡a aquel acontecimiento pasado!

   Esto, por supuesto, conducirá a que se crea que la doctrina de la transubstanciación fue creada en el siglo decimosexto estrictamente accediendo a las herejías de la "reforma," y que se limita a aquel momento, pero que no tiene nada que ver con lo que hacemos ahora.

   Mas, ¿debemos sorprendernos por esto? Al fin y al cabo ¿no es esto lo que enseña la Iglesia conciliar sobre toda la tradición? Para ellos, todo está "históricamente condicionado," y nada más que eso.

   Y por lo tanto está destinada a ser la "iglesia camaleón," siempre cambiando su doctrina para coincidir con su entorno, mientras que la Iglesia Católica, por otra parte, siempre quedará inalterable, no importa quién ni qué La rodea, demonstrando al mundo que Ella sola es la piedra, la columna y el sostén de la verdad, a pesar de cualquier adversario.

   Aunque el término "transubstanciación" puede haber empezado a usarse en un momento cuando los teólogos tenían tiempo libre y la oportunidad de darse cuenta de todo lo que el milagro eucarístico implica, debemos recordar siempre que los padres primitivos entendían como formalmente implícita en la verdad de la presencia real, la verdad y creencia esencial de que el pan, mientras todavía parecía ser pan, se cambió al cuerpo de Cristo. En el capítulo décimo de la primera epístola a los Corintios, S. Pablo escribe: "La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?" (1ª Cor. 10:16) S. Cirilo de Jerusalén también escribe: "Cuando el Señor ha dicho del pan, `Este es mi cuerpo,´ ¿quién se atreverá a dudar? Y cuando ha declarado y dicho, `Esta es mi sangre,´ ¿quién dudará jamás que es verdaderamente su sangre? Una vez cambió el agua en vino, lo cual es semejante a sangre; por lo tanto ¿no vamos a creer cuando cambió el vino en sangre?"

   S. Justino afirma muy explícitamente: "No recibimos éstos como comida o bebida normal; sino, como por la palabra de Dios, Jesús nuestro Salvador, se hizo carne, y tenía ambos carne y sangre para nuestra salvación, así también la comida que se ha bendecido por la palabra de la oración instituida por Él, y de la que nuestra carne y sangre se asimilan y se alimentan, es, se nos enseña, ambos la carne y la sangre de ese Jesús encarnado."

   Finalmente, citamos a S. Juan Damasceno: "Si el mundo de Dios está vivo y eficaz... si la tierra, el mar, el fuego, y el aire...se hicieron por la Palabra de Dios... ¿por qué no debería esa Palabra, pues, ser capaz de constituir vino y agua en Su sangre?"

   Y así, aunque el término "transubstanciación" es filosófico, y asociado con el escolasticismo, no olvide nunca que la doctrina revelada que el término pretende expresar, de ninguna manera está condicionada por el sistema escolástico de la filosofía ni por acontecimientos históricos.

   Es simplemente la expresión de términos filosóficos de la verdad enunciada por los padres. Su testimonio es prueba suficiente de que la "transubstanciación" siempre se tenía como materia de fe, y que es esta "transubstanciación" lo que en la Iglesia Católica es "el misterio de la fe."

   Por lo tanto el sacerdote pronuncia estas palabras después de decir en la persona de Cristo, "porque este es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento." Confiesa inmediatamente la eficacia de la consagración que acaba de realizar en la persona de Cristo. Este es el significado de estas palabras; por esto están colocadas allí en el canon tridentino y en ningún otro sitio.

   Y aún así el Novus Ordo ha desplazado estas palabras. Es más, ha aplicado el significado de estas palabras a otro artículo de fe--un "artículo ecuménico" que no es ofensivo a los metodistas unidos, a los luteranos, ni a una multitud de otras sectas "cristianas."

   Pueden aceptar la Resurrección y la Segunda Venida, ¡pero no pueden aceptar la "transubstanciación!"

(Vol. XIV, No. 5, 1992, pp. 10-12)

   La consagración en la misa tridentina termina con las siguientes palabras: "Cuantas veces hiciereis esto, lo haréis en memoria Mía." (Haec quotiescumque feceritis, in Mei memoriam facietis.) Esta oración se llama la anamnesis, y es necesario que comprendamos esta oración claramente en la manera que la Iglesia Católica la ha comprendido siempre.

   En la Iglesia Católica, esto no es una simple invitación para que recordemos a Cristo o la última cena. No se nos pide acordarnos de Él ni recordar lo que hizo. Es ¡un mandato de hacer de nuevo lo que Él hizo, y de hacerlo de nuevo en la misma manera en que El Mismo lo hizo!

   Era con estas palabras (cuantas veces hiciereis esto, lo haréis en memoria Mía) ¡con las que Cristo ordenó a los apóstoles en el sacerdocio! y les mandó a ellos y a sus sucesores a ofrecer Su cuerpo y sangre a Su Padre eterno, igual que El Mismo lo había hecho. Esto se hace obvio cuando examinamos el significado de la palabra "anamnesis." Esta es una palabra griega cuyo significado exacto no se puede expresar en el inglés. [Ni en el español. Nota de la traductora.] El Sr. Hugh Ross Williamson en su folleto, "La Misa Moderna," lo explica muy bien, así que nos referiremos a él.   

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