| 6. Introducción y estudio del Pentateuco. |
| EL
LIBRO DEL EXODO. La separación tan drástica entre la historia de los patriarcas que se contaba en el Génesis y la historia de los israelíes ahora oprimidos en Egipto, tiene en el libro del éxodo unos visibles puntos de sutura. Posiblemente el escritor que unificó el Pentateuco, también le llamó la atención tanta diferencia. Tenemos así en Ex 1, 8: "Se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José". Es un punto y aparte con respecto a la historia de los patriarcas. El libro del Éxodo lo dividirmos en tres secciones bien distintas. La primera parte narra, desde el capítulo 1 al 15, 21 la salida de Egipto. La segunda parte cuenta la marcha de Israel por el desierto Ex 12, 22 - 18, 27. La tercera parte se ocupa de la Teofanía del Sinaí y de la Alianza. Esta bloque ocupa del capítulo 19 al 40. Muchos de los temas que aparecen en este libro se van a repetir en otras tradiciones del Pentateuco. En la primera parte descubrimos una gran heterogeneidad de autores. Se descubría una gran prehistoria literaria en el texto, encontrando restos del Sacerdotal, Yavista y Elohísta, con algunos añadidos del Deuteronomista. Hoy la tradición tiene problemas para distinguir ente "Y" y "E". Quizás el sustrato histórico más destacado en los primeros capítulos sea la existencia de trabajos forzados por parte del pueblo judío y de un líder llamado Moisés. También es relevante la contraposición entre el Faraón y los designios de Dios. La figura de Moisés ocupa un lugar central dentro del judaísmo, aquí estará presente hasta casi el final del Deuteronomio. La tradición ha exaltado mucho su figura, que aparece como fundador, legislador, profeta y sacerdote, incluso como autor del Pentateuco. Moisés no es autor del Pentateuco, y hoy pensamos que el posible sustrato histórico es endeble, pero lo cierto es que el nombre de Moisés, es Egipcio, lo cual da valor a la existencia histórica de este personaje. Es muy difícil, sino imposible, que un personaje tan importante para el judaísmo tuviera nombre egipcio de no haber sido histórico, es un argumento de contradicción muy valioso para la crítica histórica. Esto nos hace valorar estos relatos con un fondo legendario de un héroe que conduce, con ayuda de Dios a la salvación y a la liberación de su pueblo. Desde el inicio está rodeado de vicisitudes. La vocación de Moisés (Ex 2 y 3) es diferente a la de los patriarcas. Estamos ante una especie de profetismo, que le lleva al enfrentamiento con el Faraón, recibiendo el apoyo de Dios. El modelo de vocación y llamada por parte de Dios no es muy diferente de las que luego veremos en Jeremías, Isaías u otros profetas. El relato menciona el nombre de Dios: "yo soy el que soy". Este nombre no debemos interpretarlo metafísicamente, sino en el contexto cultural de la época. Dios es el viviente, el que vive, la realidad que da la vida. No olvidemos que el verbo "ser" no existe en el hebreo antiguo, esa traducción debemos hacerla de otra forma. El conflicto de intereses entre el faraón y Dios conduce a un tira y afloja constante entre ambos, la victoria, por supuesto, es de Dios que actúa permanentemente y en crecimiento, según lo apreciamos en el relato de las plagas Ex 7 a 11. Posiblemente la última plaga, la muerte fe los primogénitos fuera la primera de ellas, las demás serían añadidos que buscan la misma intención, resaltar la testarudez del Faraón y la voluntad determinante de Dios. El enfrentamiento conduce a la victoria y a la salida de Egipto. Teológicamente Egipto simbolizará la esclavitud en el mundo judío, frente al placer y el vicio representado por Babilonia. Estos textos están sumergidos en leyendas que crecen y transforman su sustrato histórico. La Pascua ( Ex 12) tiene mucho de fiesta de pastores, fuertemente nómada, es un sacrificio nocturno de primavera, rodeados de peligros. El mundo judío la va transformando en una fiesta de romería, unida a la fiesta de los ácimos, que es una fiesta más agrícola. Estas fiestas se unifican en el texto del Éxodo donde se vincula con la décima plaga, tal vez la más antigua de las diez, para mostrarnos un gran ritual mágico repetido como memorial de un hecho salvífico. El relato es imponente y asemeja una gran epopeya que ha inspirado a artistas y cineastas. El sustrato histórico sigue estando por determinar. En la segunda parte del Exodo, que abarca desde el capítulo 15, 22 al 18, 27 se narran las distintas tradiciones sobre la marcha a través del desierto. Estas tradiciones también se cuentan en Nm 12 al 22, 1. Los capítulos del desierto carecen de unidad, estamos ante diferentes tradiciones sueltas. La crítica sitúa además algunas partes de estos relatos como muy desarrollados literariamente, por lo que las dificultades para estudiarlos son mayores. Encontramos tradiciones variadas: tradiciones relativas al agua, un agua que es salobre pero que se hace potable ante la mano de Moisés, Ex 15,22 - 27; Ex 17, 1-7. Tenemos también tradiciones relativas al alimento, posiblemente ligadas a conductas y prácticas de los beduinos del desierto y su supervivencia, Ex 16. Otras tradiciones son relativas a los pueblos enemigos, serpientes. Llama la atención la reiteración de las tradiciones referidas a la murmuración y traición por parte de los judíos en el desierto contra Moisés. Teológicamente representan un auténtico tratado sobre la marcha del pueblo de Dios hacia la tierra prometida, tienen algo de tradición nómada, igual que los patriarcas. El itinerario geográfico es también religioso e interior. Tras las cadenas exteriores de la esclavitud están las cadenas del corazón, más difíciles de romper porque no se acaban de fiar de Yahvé. En una tercera parte encontramos las diferentes tradiciones y relatos del Sinaí. Están relatadas en los capítulos 19 al final. Pero también aparecen en el libro del Levítico y en los Números capítulos 1 al 10. Sin duda esta tradición es central en el Pentateuco. La forma de estructurarse estos textos es legal, pero están encuadradas en la narración, son las leyes que Dios da, sellando una Alianza que se firma en un momento concreto del camino. Lo que es cierto es que los acontecimientos están confusamente contados, hay muchos duplicados, tensiones y contradicciones en el texto. Estamos pues ante los mayores problemas de crítica textual del AT, los textos se van añadiendo y creciendo, sin saber del todo cómo resolver los enigmas. Llama la atención el Decálogo y la historia del Becerro de oro, Ex 20 y Ex 32. En medio encontramos textos legislativos al que más tarde nos referiremos. Estos relatos del becerro de oro esconden las traiciones de Jeroboam, acontecimientos que sucedieron unos siglos después. Es decir, estamos ante textos encajados con acontecimientos posteriores. El momento central es el capítulo 24 completo, es muy complejo y resumen de estos contenidos. Parece ser que está compuesto por varias fuentes o estratos. En esta tercera parte encontramos también otras tradiciones legislativas seguidas como la organización y construcción del santuario, capítulos 25 al 31. La construcción del ritual litúrgico aparecería en los capítulos 35 al 40, al final del libro. |
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