7. Introducción a los libros históricos  

INTRODUCCIÓN A LOS LIBROS HISTÓRICOS. CLASIFICACIÓN E HISTORICIDAD.

Cuándo hablamos de libros históricos en la Biblia, nos encontramos con una gran cantidad de obras muy diferentes. Tradicionalmente se han catalogado juntas, pero si los analizamos despacio, veremos que tienen características distintas, y que nos convendría más analizarlos y clasificarlos por separado.

Casi todos ellos, y este es el criterio unificador, forman parte de un tipo de libros que eran considerados residuales en la tradición Hebrea. No encajaban en el Pentateuco (que era la Ley), ni en los Profetas, por lo que formaron un grupo aparte junto con los Libros Sapienciales. Algunos de estos libros ni siquiera pasaron al canon Judío, estamos refiriéndonos a los libros y textos que hoy sólo conservamos en lengua griega. Otros libros fueron mejor considerados, puesto que en ellos aparecían personajes y relatos magníficos para la tradición hebrea: David, Salomón, Elías,... Los antiguos Hebreos llamaron a todos estos libros, junto con los Libros Sapienciales los "ketubim", es decir, los restantes.

Estos libros tienen en común una aparente forma histórica de narrar los acontecimientos. Están describiendo sucesos y hechos como sí hubieran sido reales en el pasado. La realidad de esa historicidad está discutida, al igual que sucedía con el Pentateuco. También son aquí aplicables las hipótesis sobre el origen histórico de Israel. La salvedad con el Pentateuco está en la distancia temporal con los acontecimientos que narra. También ahora, cuánto más nos acercamos a los libros del deuteronomista: Josué, Jueces, Samuel y Reyes, se confunde más la verdad histórica con la leyenda. Esto es lógico porque nos alejamos en el tiempo, y la falta de datos es completada en la trasmisión de la narración. Sin embargo, el carácter histórico de Esdrás, Nehemías, y los Macabeos es mayor, especialmente estos últimos, en los que la historia es conocida también más o menos por otras fuentes. En el caso de Tobías, Ester, Judit y Rut hablamos de novelas, que en un principio se creían con un cierto fundamento histórico, pero que la critica moderna las excluye. Son novelas ejemplares, cuya intención es enseñar cosas, de entretener incluso.

Los hebreos llamaban "profetas anteriores" a los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Esto lo hacían por contraposición a los libros de los demás profetas, que llamaban posteriores. El nombre era dado por la aparición ya de numerosos profetas: Elías, Eliseo, Samuel, Natán,... Los Judíos creían que habían sido escritos por algunos de sus protagonistas. Así Josué habría escrito el libro que lleva su nombre. Jueces y Samuel tenían por autor al profeta Samuel, y el libro de los Reyes había sido redactado por Jeremías. Pero son narraciones que hoy se atribuyen más al autor o autores que llamábamos el deuteronomista. Los otros libros proféticos, los "posteriores", fueron escritos por escuelas de profetas, el nombre principal del libro es el nombre del profeta protagonista: Isaías, Oseas Jeremías,... Estos libros proféticos no están escritos en forma histórica, simplemente incorporan los oráculos y dichos del profeta, excluyendo relatos históricos. Los llamados "profetas anteriores", que son estos primeros libros históricos, recogen también las historias de los profetas del momento, su vida, milagros y acciones. Elías y Eliseo serían ejemplo de esto último.

Los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes destacan por tener todos un estilo y una teología semejante, de ahí que la tradición les haya situado también bajo un mismo autor: el "deuteronomista". Esta tesis se la debemos a Noth que piensa que el "deuteronomista" era una escuela o un movimiento de escribas seguidora de los escritos y las tradiciones del "Deuteronomio". Se atribuye una misma línea, porque los argumentos, las reflexiones y las interpretaciones sobre los acontecimientos históricos coinciden. Hay una especie de pensamientos guía que se repite en la composición. El "deuteronomista" escribiría hacia el 560 o el 550 a. C., tras lo narrado en 2 Re 25, 27-30 relativo al perdón del Rey Joaquín de Judá en el año 37 tras la deportación, cuyos hechos datan del 562 a. C. Estos autores habrían recogido los datos históricos y proféticos para reinterpretarlos según sus criterios religiosos y legales.

Hoy, esta hipótesis así planteada, es aceptada en parte, pero es a la vez muy contestada. En estas obra aparecen redacciones con matices distintos, podemos admitir sin problema distintas redacciones en un mismo libro: una más histórica, otra más profética y una tercera más interesada en la Ley. Pero sigue quedando abierta la cuestión de la fecha de su redacción y si pudo haber dos redacciones distintas en periodos diferentes, una con la reforma de Josías y otra tras el destierro.

Por otra parte, podríamos admitir que existe una continuidad del Pentateuco, pero sólo en el caso de Josué, en los demás libros es muy difícil aceptarlo. Es verdad que hay una piedad fuerte cercana al Deuteronomio, que aflora en estos textos, pero también disponemos de relatos de una tradición más antigua, donde se pierde con lo legendario. Como se suele decir, no tenemos otra hipótesis mejor, aunque ésta no convence del todo.

El contexto histórico de este supuesto "deuteronomista" fue la destrucción del Reino de Judá, el destierro tuvo que traer consigo una profunda revisión de su historia y de los acontecimientos que llevaron a esta desolación. Permanentemente descubren el pecado de idolatría, la falta religiosa antes que la social. Esto les lleva a hacer una relectura de los acontecimientos históricos y de los pecados cometidos en el pasado.

Otros libros que consideramos como muy interesante son los de I y II Crónicas, Esdrás y Nehemías. Estamos ante unos textos escritos hacia el año 300 a. C. que narran, los dos primeros, la historia sagrada desde Adán hasta la restauración postexílica de Esdrás y Nehemías. Los libros de Esdrás y Nehemías narran esta restauración y reforma. Antiguamente se agrupaban en dos obras más extensas, un libro de Crónicas y otro de Esdrás. Se consideran escritos por un mismo autor al que habitualmente se le denomina "Cronista", con su pensamiento teológico particular y muy centrado en todo lo relativo al templo y a la sacralización de las cosas. Este autor pertenecería al judaísmo posexílico, lógicamente; y parece vinculado a la tribu de Leví, de la que sería sacerdote. La redacción de estas dos obras se hizo en dos periodos distintos, todos ellos antes de la llegada de los griegos. Más tarde se dividieron estos libros en dos partes cada uno: primera y segunda de Crónicas, llamadas también en griego "paralipómenos", y Esdrás y Nehemías para el segundo bloque.

Finalmente, entramos en una tradición histórica distinta y posterior, la de los libros de los Macabeos, que narran la historia del levantamiento y la rebelión de los Judíos más fieles contra el helenismo y la persecución de Antioco IV. Estamos en el año 167 a. C. Estas dos obras, llamadas de los Macabeos, tiene unos argumentos semejantes, pero no son continuación uno del otro. La historicidad de estos relatos es bastante alta. Estamos ante los libros más cercanos a la realidad histórica, los más históricos de todos. No por eso nos parecen los más interesantes. Sírvase el dicho: "esto es un rollo macabeo", que la lengua popular expresa para mencionar algo aburrido o tedioso. El Segundo libro de los Macabeos, conservado en griego, ni siquiera pasó al canon hebreo.

Los libros novelados de historias edificantes: Tobías, Rut, Ester y Judit, no contienen ningún dato histórico fiable. Presentan una clara intención de ejemplarizar y hacer moralina y patria. De hecho, son clasificados en alguna ocasión junto con los libros sapienciales. Estas obras eran leídas en fiestas y acontecimientos especiales. Nos han llegado en griego, pero sabemos que existieron versiones originales en arameo o hebreo que se perdieron parcialmente, y que hoy gracias a los hallazgos arqueológicos se han podido recuperar.

La Biblia hebrea tampoco admitió en el canon a Tobías ni a Judit. Aceptando sin embargo a Ester ( excepto Ester 10, 4-16, 24) y a Rut, que era leído especialmente en la fiesta de Pentecostés. Aceptó los libros escritos en hebreo, y rechazaron los escritos en griego o arameo.

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