| 8. Introducción a los libros proféticos |
| CONCEPTO
DE PROFETA. La palabra que utilizaron los griegos, "profeta", fue traducida de la palabra "Nabii", pero hubo otros términos que emplearon los hebreos para referirse a este tipo de personas. En ocasiones se les denominaba "videntes", traducido del hebreo "r´h". El caso más típico de un vidente-profeta es el del profeta Samuel: es un hombre que conocía las cosas ocultas, si se le pagaba podía consultar el futuro. De hecho, aparece usando algunos medios de adivinación tales como examinar las entrañas de los animales que fuera a sacrificar. De todas formas, este término, "vidente", se usó más bien poco. Lo mismo sucedió con otro término que también significaba "vidente", fue "hzh". Este título se le dio a Gad ( 2 Sam 24 ), o a Amós ( Am 7,12 ). La idea es que se trata de hombres estimados porque conocían el futuro o las cosas ocultas. Bastante más usado fue el término "hombre de Dios", que fue utilizado y aplicado para Moisés o David, y más tarde para los profetas del siglo X a. C., es decir, Elíseo y otros. Este título está expresando la relación estrecha y especial que tenía el profeta con Dios, podía obrar milagros, hablar en su nombre y hacer cosas extraordinarias. Sin embargo, "Nabii", fue el término más usado, de hecho es la traducción directa de profeta. Esta palabra empieza a ser aplicada desde el siglo X a. C., y claramente se impone a los demás vocablos. Cuando llegó el helenismo, "nabii" se tradujo siempre por la palabra griega "prophemi". El término profeta, en castellano, proviene del griego, "prophemi", que etimológicamente significaría el anunciador, el proclamador, el pregonero. En nuestra tradición cultural el profeta sería aquel que profetiza, el que predice el futuro. También se ha asimilado popularmente a las personas con especial conciencia social, con fuerte sentido de vocación por una causa. Así se entiende, que son profetas de nuestro tiempo Ghandi, Luther King o Juan Pablo II. Esto nos lleva a considerar que el término profeta contiene un valor excelente, muy apreciado por la sociedad. Esto hace que pierda su sentido primero y más original, podemos correr el riesgo de perder los matices que en otro tiempo tuvo. En mi opinión, la idea más arraigada que tenemos de los profetas es que tienen un papel de predecir el futuro, de anunciar el devenir. De ahí el interés que siempre han tenido los cristianos por los profetas: si los profetas anuncian el futuro, hay que buscar en qué momentos anunciaron al Mesías, demostrando que Jesús es el que tenía que venir. Así, la profecía se cumpliría, y quedaría demostrado que Jesús es el Mesías. Este trabajo aparece ya en el NT, donde los Evangelistas quieren encajar los textos mesiánicos de los profetas con la persona de Jesús. De ahí que los libros proféticos siempre hayan estado muy bien considerados entre los cristianos. Ninguno de estos libros es considerado deuterocanónico, si exceptuamos alguna parte en arameo y griego del libro de Daniel. El mismo Lutero no puso en duda ninguno de los libros de los profetas, que siempre han gozado de gran validez entre los creyentes. Al nivel dogmático creemos, y así lo proclamamos en el "Credo", que el Espíritu Santo habló por los profetas. La imagen y la idea de los profetas ha sido tan reinterpretada en la historia como la imagen de Jesucristo. Hay una idea romántica del profeta, hecha en el siglo XIX, en la que el profeta es una especie de héroe antisocial, contrario a las normas, enemigo del culto, solitario, independiente y enfrentado a las instituciones. Esta imagen no cuadra con la Biblia, es verdad que hay unos rasgos en algunos pocos profetas que pueden encajar con esto, pero más bien, estamos ante una interpretación sesgada. El romanticismo ve al profeta como un ejemplo de hombre romántico. Hoy, algo de esta
imagen romántica del profeta está presente en nuestra sociedad.
También hay una cierta imagen del profeta como un hombre revolucionario
e inconformista, es una visión construida desde las ideologías
del siglo XX, y que tampoco corresponde a la perfección con lo
que vemos en la Biblia. No se puede olvidar que hay un factor religioso
muy fuerte que mueve al profeta, su denuncia parte del mandato de Dios
y de su visión religiosa de la sociedad. Algunos profetas, tienen
incluso muy poco de revolucionarios, están demasiado ligados al
culto, no cuadran con esta visión tan interesada. Aunque tampoco
podemos negar que algo de eso hay. |
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