| 8. Introducción a los libros proféticos |
| EVOLUCIÓN
HISTÓRICA DEL PROFETISMO (II). Antes, parece que merecía la pena conservar del profeta el recuerdo de sus acciones, por encima de sus palabras; ahora, va a cambiar el criterio y se valorará mucho más lo que dicen, van a anunciar castigos que el pueblo hebreo entendió justificados más tarde. Los Judíos vieron en los profetas avisos, que había hecho el mismo Yahvé, pero que no quisieron escuchar. Seguramente las palabras que escucharon ahora les parecía que valía la pena conservar, de ahí que hoy dispongamos de ellas. Los profetas del siglo VIII a.C. fueron Amos y Oseas en el Reino del Norte, y Miqueas e Isaías en el reino del Sur. Es significativo que al caer el Reino del Norte las tradiciones de estos profetas se conservaron en el Sur. Judá, el Reino del Sur, leyó estas palabras comprobando su veracidad. Descubrimos un sentimiento de responsabilidad en el Sur que les llevó a ser depositarios de los escritos de los profetas del Norte. Los temas de los profetas de este siglo son casi siempre constantes, denuncian la marginación social y la corrupción de sus dirigentes. Seguramente estamos ante una desintegración social o una fractura social importante cuyas razones se nos escapan. Lo que es evidente es que la situación llegó a ser escandalosa y grave. Otro de los temas constantes en estos profetas es el litigio religioso abierto con dos frentes. De una parte contra las tradiciones cananeas y los cultos a la fertilidad, cuyas prácticas eran entre otras cosas la prostitución sagrada a favor de la fecundidad de los campos. Prácticas que se hacían dirigiéndose a los dioses Baales. Por el tono de las denuncias debió ser muy amplio el seguimiento entre los Judíos. Por otra parte, el otro frente se abre contra las prácticas vacías del culto, la mala interpretación de la verdadera fe en Yahvé es denunciada también por estos profetas. Otro tema no menos interesante es la intervención política, la crítica constante a la política de pactos con los Imperios circundantes, y que a la larga traerá más problemas para los Judíos. Estos profetas entran en la actividad política de entonces, denuncian sus pactos y acuerdos, que consideran equivocados y erráticos. Como así fue. Tras estos cuatro profetas asistimos a un vacío de profetismo, hay unos 75 años de hueco en el profetismo, quizás por las persecuciones que han impedido que llegaran a nosotros. A finales del siglo VII a. C. surgen cuatro profetas. Nahum, considerado a veces como un falso profeta, Sofonías, Habacuc y Jeremías. Es muy interesante la historia de Jeremías, entre otras cosas porque disponemos de mucha información en su libro. Jeremías es el profeta clásico mejor conocido, que se centra constantemente en la conversión. Estos profetas verán la destrucción de Jerusalén. De ahí que sean recordados como importantes, anunciaron la destrucción de Jerusalén antes de que sucediera, las amenazas se cumplieron. "Si hubiéramos escuchado a los profetas a tiempo...", era la frase de varias generaciones. Los profetas del siglo VI a.C. tienen unas características diferentes a sus predecesores. Ya no se centran en el castigo sino en la esperanza y el consuelo para el futuro. Tenemos aquí a Ezequiel y al II Isaías. Estos profetas viven el destierro, están cerca del hecho histórico que obliga a los hebreos a reflexionar sobre su religión y su situación actual. La destrucción de Jerusalén significó una conmoción, aquellos profetas antiguos tenían razón y fueron perseguidos. Nuestro comportamiento nos ha llevado a esta situación. Se pide, lógicamente la conversión y la esperanza del perdón de Dios. La decadencia del profetismo. Los profetas del siglo V y posteriores. Destacan en todos ellos una mayor debilidad en la temática planteada. Ahora importa más el Templo, la práctica cultual y el castigo a las naciones extranjeras. Hablamos de profetas como Malaquías, Joel, Abdías, II Zacarías,... Ya no hay grandes temas, el profetismo entra en decadencia hasta desaparecer. Se han dado varias razones para esta desaparición. La más importante está relacionada con una posible institucionalización de la práctica profética. La reforma del Deuteronomio contiene una síntesis teológica judía básica, es una asunción de los valores del profetismo. Esto supone que el carisma profético sea menos valorado. Es decir, para conocer las palabras de Yahvé ya no serán necesarios los profetas, bastaría con leerlo en los Libros Sagrados. El profeta es sustituido por los escribas del Templo. Esta reforma del Deuteronomio la fechamos en el 620 a. C. Otros argumentos para hablar del final del profetismo se han apoyado en la decadencia de la misma actividad profética. Los profetas dejan de incidir fuertemente en la sociedad, son mucho menos creativos. La sociedad está cambiando, hay un aumento de magos y adivinos en las regiones periféricas. Aumenta el culto a religiones de salvación en el medio Oriente. Parece además que se exige mucho a los profetas, se habla de falsos profetas tan fácilmente como de verdaderos profetas. Diferenciarlos es muy difícil, y el desprestigio crece sobre todos ellos. Confundidos con idólatras de otras religiones empezaron a ser mal vistos. Un tercer argumento relacionaría el profetismo con la apocalíptica, el profetismo evolucionaría hacia formas distintas. La apocalíptica sería la forma nueva adoptada por los profetas. Esto explica la evolución literaria, pero no el fenómeno del profetismo en sí. La verdad es que no lo sabemos, hacemos conjeturas, seguramente las causas de extinción fueron diversas y concurrentes. |
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