8. Intro. libros proféticos. Personalidad, vocación y función del profeta.
8. Introducción a los libros proféticos  

PERSONALIDAD, VOCACIÓN Y FUNCIÓN DEL PROFETA.

Es un rasgo común a todos los profetas el que se sienten llamados a una especial misión, a difundir las palabras de Dios. Esta vocación que parte de Dios es gratuita, e implica una exigencia y un compromiso que es atendido por el profeta. La llamada para esta labor se considera como una grandeza para el profeta, pero es a al vez una gran responsabilidad y un gran riesgo.

Los relatos de vocación de los profetas se asemejan, quizás porque parten de un patrón común. Por eso, este campo ha sido muy estudiado por la exégesis. Los relatos de vocación más clásicos son los de Isaías, Jeremías y Ezequiel, que los tenemos en Is 6; Jr 1 y Ez 1-3. En otros relatos falta algún elemento de la estructura, pero se mantiene, estamos en el caso de Samuel, Elías, Eliseo, Amos u Oseas.

El esquema habla de una intervención de Dios, la sorpresa en el llamado, la paz dada por Dios y el mensaje que ha de trasmitir, la duda y finalmente la seguridad de Dios. Este esquema no sólo lo encontramos en estos hombres, también está en otros personajes de la Biblia: Moisés, Abraham, Josué,... también lo extendemos al NT, y así en los evangelios lo encontramos en María.

Hemos de señalar también, relacionado con la vocación y la psicología de los profetas, que durante unos años, finales del siglo XIX y principios del XX, hubo un auge en los estudios psicológicos y sus rasgos en los profetas. La razón de esta moda hay que buscarla en el "psicologismo", que buscaba datos para criticar la religión como una anomalía psicológica. En otros casos se quería indagar sobre el éxtasis del profeta. La moda fue pasajera, y hemos de señalar que las conclusiones nunca fueron determinantes, entre otras cosas porque tenemos relatos, no personas para poder analizar.

Algo más interesante es la función del profeta,.¿Qué tenía que hacer un profeta, cuáles eran sus cometidos en aquella sociedad? Dt 18 habla del oficio del profeta. Rechaza la adivinación y la magia como contrarias a Dios, aunque admite su posibilidad. En la experiencia del Horeb, el pueblo pidió profetas, el Señor respondió a esa petición suscitando profetas semejantes a Moisés. Hay un gran aprecio de los profetas, pero también un rechazo a sus prácticas de adivinación y esoterismo y a los falsos profetas. Al final, indica que puede el profeta hablar equivocadamente, con lo que estaríamos ante un falso profeta. El Deuteronomio está hablando de una etapa en la que el profetismo entra en decadencia, se está extinguiendo y su influencia es menor. Este texto está institucionalizando algo que había tenido mayor viveza unos siglos antes.

Otro tema que ha interesado mucho era la relación entre profeta y culto. La figura del profeta se ha presentado e interpretado en diferentes formas, desde el rechazo al culto, hasta hacer del profeta un miembro activo de la liturgia de Yahvé. Es verdad que algunos profetas atacan el culto, pero más que el culto, la hipocresía de estas celebraciones vacías de contenido. También hay profetas, especialmente desde el destierro, que están muy ligados al culto y al Templo; no sólo no se oponen, sino que lo favorecen, siendo una especie de sacerdotes para el pueblo, mediadores ante Yahvé.

También ha interesado la relación entre profeta y monarquía, parece que una y otra van unidas. Nacen, crecen y se desarrollan juntas, incluso mueren a la vez. Los profetas son los que eligen y ungen a los reyes, pero también los que se oponen a ellos nombrando sucesores. Disponemos de textos muy elocuentes: Jeremías alaba a los buenos reyes, un rey está para servir a los hombres y hacer justicia ( Jer 21 y 22 ), pero también detesta a los malos reyes que conducen a sus pueblos a la destrucción.

Parece claro que la relación entre estas dos instituciones israelíes fue muy tensa. Funcionan como una especie de reparto de poderes que están a su vez limitados. El profeta posee el poder religioso más inmediato y más vivo, si sobrepasa su límite, deja de comunicar la voluntad de Dios, y se convierte en un falso profeta. El rey tiene el poder de gobernar, es un poder que está legitimado por Yahvé que lo ha elegido, su límite está en la voluntad de Dios que puede volverle la espalda ante sus excesos. Profeta y rey se denuncian cuando traspasan sus límites respectivos.

El limite del profeta estaba en dejar de proclamar la verdadera palabra de Dios, aparece aquí el enfrentamiento entre dos profetas, ambos declaran decir la verdad, pero uno debe ser falso. Uno conoce la voluntad de Dios y lo revela tal como lo conoce, el otro, que será el falso profeta, se predica a sí mismo, no conoce la verdadera voluntad de Dios. Aparentemente ambos pueden parecernos semejantes. En la Biblia tenemos un ejemplo de este tipo de conflictos en Jr 28. Jeremías se enfrenta a Hananías, que es el falso profeta. Sin embargo, si examinamos de cerca, este segundo no nos parece tan falso, tiene buena intención, incluso hace dudar a Jeremías de la verdad de su profecía.

La existencia de falsos profetas fue fomentada por la monarquía para controlar a los profetas. No hay forma de saber quien es el verdadero profeta, salvo que esperemos a comprobar cuál de las dos profecías se cumple. Estos serían los verdaderos profetas. También la Biblia va dando unas pautas de falsa o verdadera profecía, pero no nos parecen del todo comprobables. El verdadero profeta predice desgracias, no alaba al auditorio, dice la verdad aún a riesgo de su vida,... El margen es mínimo, depende de tener una apreciación personal. Hoy consideramos que si aceptamos unos profetas y no otros es por la extensión que hacemos al problema del canon de la Biblia. Aceptamos unos libros como revelados y no otros.

<< >>
1
Hosted by www.Geocities.ws