9. Intro. libros poéticos y sapienciales. Introducción al género sapiencial en la Biblia
9. Introducción a los libros poéticos y sapienciales  

INTRODUCCIÓN AL GÉNERO SAPIENCIAL EN LA BIBLIA

Estamos ante los libros menos estudiados por la exégesis. Siempre han llamado más la atención los libros proféticos, el Pentateuco, o los libros históricos. Los sapienciales nunca han interesado en exceso a los creyentes. Por eso los estudios realizados en este campo son menores y más superficiales a los efectuados en el resto de la Biblia. Hablamos de cinco libros sapienciales: Proverbios, Sirácida o eclesiástico, Job, Qohelet o Eclesiastés y Sabiduría.

Son libros de sapiencia, de sabiduría. Sin embargo, la palabra sabiduría, no tiene el mismo significado hoy que en el mundo clásico. Para el mundo judío la "sabiduría" no era sólo una cuestión de inteligencia, el sabio no es el inteligente, sino que es, junto con la persona que tiene una experiencia, una práctica en la vida. Sabio era también el que dominaba los conocimientos técnicos, artesanales, jurídicos o diplomáticos. Se usa la terminología sabio y sabiduría para referirse a una persona con un conocimiento práctico, alguien astuto o un artesano. Habría dos tipos de sabios, los técnicos artesanos y los hombres prácticos que saben desenvolverse en la vida con precaución. De ahí la dificultad que tenemos para definir que es la sabiduría o cual es el prototipo de hombre sabio. En nuestra sociedad confundimos sabio con inteligente, con listo o con estudioso.

Los pueblos cercanos a Israel también son depositarios, y así lo reconoce la Biblia, de la sabiduría, estamos ante algo internacional, amplio y universal. Se reconoce la sabiduría de Asiria, Egipto, Fenicia o de los Babilonios. En estos pueblos, por ejemplo Egipto, es importante la idea que tienen del sabio y la sabiduría. Hacer el trabajo bien, conocer todos los secretos del oficio, ser diligente en las relaciones. Tienen también una literatura que aconseja sobre los hijos, los príncipes, los amigos y los consejeros. Lo mismo sucede en otros pueblos, casi siempre con un tipo de pautas de sabiduría: disciplinar a los hijos, hablar no más de la cuenta, guardar secretos, no meterse en pleitos, dominar la ira,... El pueblo judío comparte mucha de esta cultura.

Por eso, el problema de la sabiduría es que es algo profano, no parece vinculado a la divinidad. Es una especie de característica de algunos hombres, incluso de hombres de otros pueblos. La sabiduría es internacional, en todas las culturas hay hombres sabios, por encima de otros. Tampoco era un fenómeno desligado totalmente de la religión, en estas épocas nada lo era. De hecho la sabiduría era también un don, un beneficio de los dioses, la diosa Sabiduría en Grecia dominaba y era la dispensadora de estas gracias. El pueblo judío también relaciona la sabiduría con la divinidad. Yahvé es sabio, es el verdaderamente sabio, el único sabio, y el que nos otorga la sabiduría.

La sabiduría de los hombres necesita de la experimentación, cuanto más viejo, más conocedor, con más claridad se ven las soluciones. Necesita también el intercambio de ideas, de culturas,... Este diálogo es especialmente importante si hablamos de generaciones. Los padres enseñan a los hijos sus conocimientos, no sólo técnicos, sino también aprender a vivir y a comportarse. Por eso la sabiduría es algo que se transmite de generación en generación. Estas tradiciones se corroboran en el campo de la vida, se reflexionan y se vuelven a reafirmar. En el AT la sabiduría es una posesión de Dios, crea el mundo sabiamente, conoce todo.

Hay temas del género sapiencial que gustan y se repiten. La sabiduría comprende y disfruta de la naturaleza, la creación, la vida y la existencia, lo cósmico. El sabio se parece mucho al filósofo griego, está tocando temas que son comunes. Es verdad, por esta misma razón, que encontramos textos sapienciales que no están en estos cinco libros. En el Pentateuco encontramos párrafos muy cercanos a la sabiduría hebrea, lo mismo que en los profetas o en los salmos.

El interrogante es cómo encajar esta sabiduría con el resto de la revelación. La mejor fórmula es aceptar que la sabiduría en Israel está dentro del horizonte de la creación. Es una derivación de la misma. Si Dios ha creado todo, lo ha creado bien, sabiamente. El problema es que hoy comprendemos la revelación en una terminología historicista, es historia de la revelación, de ahí que al tratar de vincular la sabiduría judía a un proceso evolutivo, no queden bien centrados los temas, algunos consejos no nos parezcan muy cristianos. La línea más clara en todo caso, nos parece la primera, de la creación se comprende la sabiduría de Dios, que luego cristaliza concretamente en unas pautas de comportamiento, pautas que varían y que son llevadas a plenitud en Cristo.

El género sapiencial adquiere formas literarias particulares. Encontramos en el mundo judío los "proverbios", los hay en nuestra cultura, son refranes, sabiduría popular, con formas artísticas, juegos de palabras, etc. Nuestra cultura hoy va recuperando este saber popular. Además de estos proverbios, encontramos sentencias, o consejos. Los primeros constatan la realidad con la experiencia, los segundos pueden adoptar formas más agresivas, imperativas. También hay enigmas, preguntas e interrogantes que buscan la reflexión del oyente. Otras veces son narraciones personales, lo que le sucedió a fulanito, encontramos diálogos, fábulas, alegorías,...

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