10. Intro. Nuevo Testamento. La Palestina de Jesús: cultura judía y helenización.
10. Introducción al Nuevo Testamento  

LA PALESTINA DE JESÚS: CULTURA JUDÍA Y HELENIZACIÓN.

Desde la conquista de Alejandro Magno, los territorios de Palestina fueron progresivamente colonizados culturalmente, a veces por la fuerza, como con Antioco IV, y en otras por el simple intercambio pacífico. Lo cierto es que el mundo se fue haciendo más y más griego, y Palestina sufrió los cambios. Roma asumió la cultura helénica en muchos aspectos. Sin oponerse, se rindieron ante la fortaleza de la cultura helénica, añadiendo su sentido práctico y organizativo superior. Palestina fue helenizada y romanizada de una manera progresiva, en continuidad.

La lengua aramea, común en algunos lugares de oriente y lengua en expansión con Babilonia, estaba en decadencia ante la nueva lengua comercial y cultural: el griego de la "koiné". Este griego era una lengua ya vulgarizada, pero eficaz, muy hablada en todo el Oriente del Imperio Romano, era incluso muy aceptada, en estos siglos primeros de cristianismo, en Occidente.

Desconocemos si Jesús conocía el griego, su lengua materna era el arameo, así lo atestigua algunas "ipsissima verba", es decir, algunas literales y verdaderas palabras de Jesús, como "Abba", "Eloí, Eloí, lamá sabaktaní..." Lo que es cierto es que los apóstoles predicaron en griego, de ahí que los Evangelios y todo el NT esté escrito en griego de la "koiné". La cultura era hebrea y judía, pero la lengua era griega.

La educación en el mundo helénico estaba centrada en los preceptores, conocedores del saber clásico y en las escuelas o centros educativos. Estos eran para familias ricas, las menos. Abundan los predicadores ambulantes, filósofos y charlatanes en general. La educación de los hebreos estaba centrada en la sinagoga, donde se aprendían los contenidos de la Torá y de la Ley. Estos conocimientos eran dirigidos por los fariseos, preferentemente para los grupos sociales más altos. La clase baja no accedía sino por su cuenta y en la observación de las actividades sabáticas.

El mundo religioso clásico griego no fue estático. Durante la expansión del helenismo recibió la influencia de numerosas corrientes de pensamiento, pseudo-filosófico, y de tipo místico oriental. El culto a Mitra, a Isis, a divinidades orientales, extraídas de otras culturas, y los mitos de Dionisos y sus celebraciones eran más frecuentes y llegaron a hacer peligrar las tradiciones culturales más Romanas y autóctonas. En este ambiente creció el cristianismo. Apoyado por una lengua común y sencilla, por las numerosas vías comerciales abiertas y rápidas y por una sociedad desencantada de sus mitos y tradiciones, el cristianismo se mostraba legitimado por ser una religión clásica y tradicional, judía en sus inicios, y novedosa, con un sesgo nuevo al afirmar la resurrección. Esto hizo que, aún siendo difícil encajar las categorías culturales hebreas en las griegas, tuviera un éxito rápido.

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