| 10. Introducción al Nuevo Testamento |
| LA
LITERATURA CRISTIANA PRIMITIVA Y SU FORMACIÓN: FORMAS PRELITERARIAS
EXISTENTES. Estas formas preliterarias existentes antes de la redacción del NT, desaparecieron, se perdieron asentándose y encajando en el NT. Su reconocimiento hoy es más complicado. En otros casos, estas fórmulas se conservan en los escritos de los Padres apostólicos y en fragmentos de estos primeros siglos de escritores eclesiásticos. Los escritos gnósticos encontrados en Nag Hammadi también aportan su granito de arena en esta ingente, y compleja obligación de rescatar y reconstruir la formación de los escritos del NT. Los géneros literarios que disponemos hoy en el NT son: Evangelios, Epístolas o Cartas, Hechos de los apóstoles y Apocalipsis. Existieron formas preliterarias cuya razón de ser estuvo marcada por la tradición oral. Eran narraciones conocidas y contadas de unas comunidades a otras; si llegaron a tomar forma escrita sería de manera tardía y siempre asumidas en los textos bíblicos que nos ocupan. La facilidad de conservar un relato escrito frente a otro oral no presenta ninguna duda, de ahí que nos resulta difícil pensar que unos escritos de esa categoría no hayan sido guardados o conservados. Salvo que, y esa es la hipótesis por la que apostamos, que estén ya encajados en el NT. Para indagar en estas formas preliterarias hay que buscar y rastrear en el NT, haciendo una lectura atenta y concienzuda. Puede haber casos en los que estas formas preliterarias hayan engordado con adiciones, y nos sea complejo averiguar donde empiezan y donde acaban. La exégesis moderna utiliza patrones de búsqueda relacionados con fórmulas de citación, rasgos de forma y estilo distintos, aritmias y construcciones distintas, terminologías diferentes, teologías diversas, repeticiones de fórmulas empleadas en otros contextos incorrecciones gramaticales o ideas llamativas y fuera de contexto. Muchas maneras ante una tarea costosa. La variedad de hipótesis y propuestas por parte de la comunidad investigadora hace que, a pesar de su intención científica, el muestreo y las opiniones sean confusas. Aún así estamos ante una tarea imprescindible para seguir abordando los estudios Bíblicos, no vale saltárselo ante la dificultad o la confusión, porque los problemas no resueltos acaban retornando al teólogo. Dentro de las fórmulas preliterarias encontramos "fórmulas de fe". Serían frases hechas, afirmaciones que expresan el acontecimiento central salvador de Jesucristo. Normalmente se refieren a la muerte y/o resurrección de Jesucristo, y vienen a decir creemos que "Dios lo ha resucitado de entre los muertos", Rom 10,9; o bien "Cristo... murió por nosotros", Rom 5,8. En 1 Cor 15,3-5 hay una fórmula que recoge la muerte y la resurrección juntas: "porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez,..." quizás la fórmula de resurrección sea más antigua que la de muerte, aunque ambas están ya en el contexto del judeocristianismo helenista. Estas fórmulas tendrían seguramente una función catequética, muestran el contenido central de la nueva fe. La segunda fórmula preliteraria podrían ser las llamadas "homologías" o frases introductorias referidas a la persona de Jesús y a su señorío presente. Serían aclamaciones tales como: "Cristo Jesús", "Señor Jesucristo", "Señor Jesús"; o frases que buscan identificar a Jesús como Hijo de Dios. El contexto sería el culto, la celebración comunitaria y bautismal. Las terceras fórmulas serían fórmulas de tipo "kerigmático", anunciador y misionero de la fe. Serían como discursos hechos sobre la misión: conversión al único Dios, Jesús y la resurrección y la escatología o final de los tiempos. Esto lo encontramos tanto en la misión a los paganos 1 Tes 1,9-10, como en los discursos misioneros dirigidos a los hebreos, como Pedro en Hch 2,3,4,5,10 y 13. Lógicamente el contexto era la misión y la actividad de los misioneros ambulantes, apóstoles predicadores que parece que iban con unos discursos y argumentos semejantes. Otra forma preliteraria, anterior al NT fueron los textos litúrgicos. Estos eran muy numerosos. Posiblemente estuvieron por escrito, y creemos que dada su importancia están asumidos en las cartas. El escrito que ya estudiamos de la Didajé, contenía también formulaciones litúrgicas de la Iglesia de la primera hora. Tenemos entre estos textos los más breves: aclamaciones, saludos iniciales,... En el Apocalipsis se recogen algunas de estas expresiones litúrgicas: amén, maranatha, abba, aleluya, hosanna,... Las plegarias también estarían contenidas en el padrenuestro, en sus diversas formulaciones; las palabras de la institución Eucarística, que nos ha llegado en cuatro relatos: Mc 14, 22; Mt 26, 26; Lc 22, 15 y 1Cor 11, 23. También hay textos de celebraciones bautismales primitivas, exhortaciones o amonestaciones dentro de las celebraciones de ordenación o bautismales, como las contenidas en las cartas personales de San Pablo. También se han encontrados fórmulas que parecen cánticos, salmos de los primeros cristianos, letras que gustaron, por ejemplo el Magnificat o el Benedictus. En Filipenses 2 tenemos un cántico cristológico prepaulino bellísimo, y así encontramos muchas otras, contenidas en Pablo. Están destinadas, por supuesto, a las celebraciones. Otros escritos preliterarios más amplios estaban formados por colecciones o relatos continuados o seguidos sobre un mismo tema. Estos pertenecerían más a la formación de los evangelios, que a los escritos de las epístolas. En las cartas, el escritor añade, intercala formulaciones que conoce, que son difundidas y repetidas por la comunidad cristiana, a modo de frase publicitaria conocida de sobra por los destinatarios de las cartas. Sus contenidos suelen ser pequeños, vivos y gratos para el oyente de la carta. Son guiños y recuerdos de palabras ya oídas y repetidas, de canciones o aclamaciones hechas junto con el escritor. En el caso de los redactores de los evangelios, recogen compilaciones ya hechas de milagros, parábolas, dichos de Jesús, relatos de la Pasión y de la infancia de Jesús. De todos ellos parece que los más antiguos son los relatos de la Pasión. Estos relatos están recogidos especialmente en los evangelios. Incluso se ha llegado a afirmar que los evangelios no son otra cosa que relatos de la Pasión con introducciones amplias. Son los más antiguos porque recogen lo fundamental para aquellas primeras comunidades cristianas: Jesús, el que creíamos el Mesías, ha sido matado en la cruz, escándalo para las categorías judías, era impensable que el Mesías muriera ignominiosamente por su pueblo, en una muerte significativamente deshonrosa. Necedad para los gentiles porque es incomprensible que Dios se haya encarnado, pero que muera es una estupidez para las categorías griegas. Por eso, la Pasión es el texto más curioso, sorprendente de todos los que el cristiano podía presentar. Estos relatos de la Pasión presentan aspectos diferentes según el evangelista que se trate, en general coinciden en no mostrar a Jesús hablando en exceso, estamos ante la narración de acontecimientos, se utilizan profusamente verbos, Jesús fue llevado, fue traído, fue crucificado,... Estas acciones de la Pasión vuelven a contrastar con los relatos de la resurrección, posiblemente más recientes que los de la Pasión, es de nuevo Jesús hablando y dialogando,... La resurrección más antigua seguramente se limitaba a señalar que el que había muerto estaba vivo y que se había aparecido a muchos, sin más. Esto ya suponía la constatación de que efectivamente ese hombre de la cruz era el Hijo de Dios, que en la categoría cultural judía equivalía a decir que era Dios mismo. Otra forma literaria de los evangelios que circularon previamente a su redacción serían colecciones de milagros, en San Juan señales o signos. Coinciden todos los evangelistas en destacar a Jesús como un hombre que hacía gestos sorprendentes, milagros, cuya naturaleza invitaba a confirmar lo que ya intuían, Dios está detrás de esta persona. Estos milagros fueron causa de enfrentamiento, por hacerse en sábado, o por interpretarse como obra de Satanás, como así aparece en los textos. Lo significativo es que muchos mantienen una estructura semejante: alguien necesitado se dirige a Jesús, pide el milagro confiando en Jesús, Jesús obra y valora la fe del sujeto, la multitud se asombra ante lo visto y oído. En Juan la estructura tiene sus matices, aunque lo esencial, la implicación de la fe en la salud corporal queda a salvo. Estas colecciones de milagros no sabemos si circularon en forma escrita u oral, seguramente lo segundo, aunque al pasar a formar parte todas ellas de los evangelios perdió vigencia su uso como colección aislada. Seguramente los redactores y compiladores de estas colecciones ya le dieron una forma semejante, obligados por la falta de memoria y narraciones en las que el resultado era casi el mismo, aunque con protagonistas distintos. En mi opinión, cuándo el redactor de Marcos recoge estos textos en la tradición oral, ya están equiparados muchos de ellos. El caso de las colecciones de dichos de Jesús, frases sueltas, parece que tuvo que haber un escrito con estas fórmulas. Los exégetas se ponen de en reconocer la llamada fuente Q, como una fuente de dichos y sentencias sueltas. La fuente Q, cuyos escritos están y permanecen en los textos de Mateo y Lucas, y que desconocía Marcos, es la colección más importante de dichos de Jesús, se discute si existió en forma oral o tomó forma escrita en alguna ocasión. En mi opinión esta fuente no permaneció inalterada, sino que incorporó variantes de otros cristianos de otras regiones, que cuándo conocieron la fuente Q, memorizaron y añadieron otras frases o dichos del maestro que les llamaron la atención. Esta segunda colección, no ha pasado sino a los escritos de algunos Padres de la Iglesia apostólica, como Papías o Policarpo, que mencionan frases de Jesús que no encontramos en la Biblia. Estas frases son llamadas los ágrafa del maestro. Otros textos importantes, grupos de palabras de Jesús, serían las parábolas, está admitido que Jesús empleó formas didácticas y narrativas para dirigirse a los suyos. Estas parábolas con el tiempo fueron más alegorizadas, pero originariamente se centraban en el Reino de Dios. Desconocemos si hubo una colección de escritos iniciales, previos a la redacción de los evangelios, seguramente circularon como tradición oral, engordando con el paso del tiempo, hasta su puesta por escrito. Finalmente, nos quedarían los relatos de la infancia de Jesús. Estos relatos fueron los últimos en ser escritos, después que los relatos de la resurrección, que querían completar el fenómeno de la resurrección, con relatos que animaran y despertaran a las comunidades. Los relatos de la infancia están escritos como última intuición para dar un origen divino al que había muerto siendo el Mesías. No sabemos su contenido histórico, creemos que pequeño, lo esencial estaría dibujado en el Credo, su nacimiento de María, cuyo papel en la Iglesia primitiva fue subrayado por Lucas en el relato de Pentecostés. Todas estas tradiciones preliterarias, junto con las ideas de las primeras comunidades, sus teologías, sus descubrimientos, sus deducciones, formarían y elaborarían los textos que hoy tenemos del NT. Son coincidentes en las afirmaciones esenciales, pero son distintos en las concepciones teológicas, y en los matices que presentan. |
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