10. Intro. Nuevo Testamento. La literatura cristiana primitiva: introducción a las epístolas.
10. Introducción al Nuevo Testamento  

LA LITERATURA CRISTIANA PRIMITIVA: INTRODUCCIÓN A LAS EPÍSTOLAS.

La primera comunidad cristiana se escribía cartas, lo hacía a menudo. Nosotros disponemos de alguna de esa información epistolar, pero las cartas que se perdieron seguramente sobrepasa con mucho las que tenemos. El Nuevo Testamento está compuesto, salvo por los evangelios, de cartas en su casi total mayoría. Los otros dos libros que no podemos catalogar ni como cartas ni como evangelios son los Hechos, que es una continuación del evangelio de Lucas, narrando la Iglesia de Jesús, y el Apocalipsis, cuya pretensión y estilo es único. Incluso en el Apocalipsis aparecen algunos capítulos en forma de carta dirigida por el ángel de algunas Iglesias de Asia.

Las cartas fueron y son el género empleado por los cristianos. Hoy no es extraño, cuándo el Papa o un Obispo quiere dirigirse a sus fieles, lo hace en forma epistolar. Por supuesto que la forma de escribir hoy no es igual a la de hace casi 2000 años, tampoco lo es cuando se trata de una carta universal, particular o personal, aunque algunos elementos se mantengan. En todas las cartas aparece un saludo inicial y una despedida final. En todas las cartas hay una intención de comunicar algo: un pensamiento, unas prácticas, unos sentimientos, compartir la vida. Nosotros disponemos de esas comunicaciones de la primera iglesia, pero no tenemos una selección equilibrada. Las cartas son de unos pocos apóstoles y discípulos de Jesús, incluso en algunos casos, no sabemos a ciencia cierta de quién son, ni a quien se dirigían. Tenemos que abundar con hipótesis y conjeturas.

Los tres grandes grupos de cartas son: de San Pablo a distintas comunidades o conocidos particulares; las cartas llamadas Católicas, y que asignamos a discípulos cercanos: Pedro, Santiago, Judas. Tenemos un tercer grupo, las cartas de San Juan, que incorporaremos con toda la literatura joánica. La carta a los Hebreos presenta un encuadre difícil de definir. Tradicionalmente se entendía perteneceinte al cuerpo Paulino, hoy casi nadie lo piensa. Es más bien un tratado teológico con una falsa forma epistolar.

Estas epístolas se han conservado por razones de interés, uso y lectura comunitaria. Son documentos acogidos por la comunidad receptora. Si la carta da en el clavo, si gusta, si ayuda y corrige la comunidad, la tendencia será guardarla, conservarla, e incluso leerla en momentos de debilidad y de dificultad. No es extraño que pasado el tiempo se quisiera seguir recordando, ya desaparecido su escritor, la carta en las asambleas litúrgicas. Si por el contrario la carta provoca el rechazo, se romperá y desechará. Esto es que sentido común: tenemos en el NT las cartas que más gustaron o impactaron. ¿Por qué fueron estas precisamente?

Quizás una respuesta fue, en el caso de San Pablo, el martirio pronto del apóstol, esto invitaría a querer guardar lo dicho por el fundador de esas comunidades, el aprecio personal a San Pablo, y el deseo de mantener viva su predicación. Se leería y conservaría con frecuencia y especial cariño. Sabemos que estas cartas se leían en las Asambleas celebrando la eucaristía y el bautismo. Por eso acabaran pasando al canon definitivo con los libros del NT. Incluso cuando las cartas tenían un destinatario individual, fueron aceptadas como lectura comunitaria, dados sus contenidos universales y apreciados.

Esto nos permite descubrir en San Pablo una labor de evangelización amplia y seria. A través de sus textos, su persona, su tarea y los problemas son una fuente de información imprescindible para reconstruir la primitiva iglesia. La presencia y la influencia de este apóstol es un reflejo de la reflexión ya hecha por algunos creyentes cristianos, comunidades helenistas. La misma vida de San Pablo impresionó a los primeros creyentes, Lucas ya relata en los Hechos su vida, junto con la de Pedro, como los dos grandes evangelizadores del momento. Sus textos son leídos y tenidos tan en cuenta que acabaron formando parte del Nuevo Testamento.

Las cartas católicas son más difíciles de encuadrar, pertenecen a cristianos de influencia y de tradición judía. Santiago aparece como el apóstol de los hebreos en Jerusalén. La carta de Pedro esconde un pseudónimo y unos textos donde, y esto se aprecia en todas las demás cartas, está presente la crisis interna y los enfrentamientos con grupos gnósticos o con desviaciones de la gran Iglesia. Estamos seguramente más allá del año 100.

Con los años, estas cartas se conservaron y leyeron porque servían y recordaban los mismos problemas que en ese momento estaban también haciendo frente. Los grupos gnósticos estuvieron presentes durante varios siglos más, de ahí que la Iglesia leyera los textos que les avisaban y preservaban de estas influencias. Las cartas de San Juan son de una comunidad distinta, que estudiaremos en su momento.

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