11. Intro. evan. sinópticos y Hech. Las tradiciones que formaron los sinópticos.
11. Introducción a los evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles  

LAS TRADICIONES QUE FORMARON LOS SINÓPTICOS.

Sabemos que los escritos bíblicos no se escribieron de un tirón, ni de principio a fin, sino que fueron redactados a lo largo de periodos de tiempo largos e intermitentes. Si nos atenemos a los escritos del NT, encontramos ejemplos en casi todos sus libros. Dejando a un lado las cartas de San Pablo, cuya composición parece que además de responder a varias epístolas en una, se hace en un bloque más compacto, los escritos sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas sí responden a esta forma de escribir: intermitente y lenta.

La primitiva comunidad cristiana elaboró en pocas generaciones un conjunto de tradiciones orales y escritas sobre la vida y los mensajes de Jesús. Estas formas previas a la redacción de los escritos Evangélicos son estudiados e investigados con esfuerzo e interés, pues suponen un avance para la comprensión y la formación de la esencia de la religión cristiana. Estudiando estas primeras comunidades y su forma tan particular de escribir, nos acercamos a la figura del Maestro, cuya imagen borrosa se hace más y más nítida junto a la fe apostólica. Los textos evangélicos y la fe de esta primera comunidad nos hace volver la mirada de ayer a hoy buscando la realización más plena de la verdad de Dios y su revelación.

Hoy apenas se discute que detrás de los autores llamados sagrados: Mateo, Marcos o Lucas, se encuentran comunidades cristianas que emplean la pseudoepigrafía. Es decir, posiblemente no coincide exactamente el autor sagrado con el que verdaderamente escribió el Evangelio. Esta practica fue corriente en la antigüedad, y se hacía así para dar mayor solidez, veracidad y relevancia a los escritos. Los evangelios sinópticos, igual que sucede con otros escritos del NT, mantienen esas denominaciones, identificadas con tradiciones originarias. De ahí que hablemos de una tradición marcana, mateana o lucana. Nos es indiferente que coincidan los nombres con los autores, lo importante es que detrás hay un escritor, una comunidad con una experiencia de vida cristiana, con unos recuerdos y una teología concreta aplicada y reflejada en la persona de Jesús. Estas tradiciones son importantes por ser apostólicas, por estar enraizadas en el cimiento de la fe que los apóstoles iniciaron, la autoría exacta pasa hoy a un lugar más secundario, y preferimos hablar de autorías comunitarias.

Son comunidades que se sienten dueñas de la salvación dada por Jesús, no tienen los prejuicios que podríamos tener nosotros con las cuestiones de la fe y de la Iglesia, es una comunidad nueva, fuerte e inspirada por el Espíritu Santo. Los escritos que disponemos son unos relatos etiológicos, ambientados en un contexto vital único. Unas comunidades que quieren legitimar su existencia desde el Señor, mirando al interior de la comunidad cristiana sin olvidar el exterior.

Hoy afirmamos que estos relatos fueron compuestos desde varias tradiciones y colecciones, pero ésto no siempre ha sido así considerado por la tradición exegética de otros tiempos. Por ejemplo, la respuesta a las variaciones de los sinópticos eran justificadas tradicionalmente en base a las distintas perspectivas subjetivas de los autores, y en razón de un deseo de armonizar todos los textos. De ahí que la imagen de muchos cristianos sobre Jesús es "una" e "integrada", manteniendo recuerdos pertenecientes a tradiciones compuestas por distintos sectores, y que están en distintos evangelios. En la teología apreciamos las diferencias y los matices, enriquecedores, distintas y sugerentes de un evangelista u otro.

Los Padres de la Iglesia reflexionaron sobre los Evangelios, elaborando una serie de suposiciones e hipótesis en cuanto a su autoría. Tampoco podemos desecharlas del todo. En esa reflexión Marcos fue compañero de Pedro, estuvo con él y escribió su relato con los recuerdos transmitidos por Pedro. Lucas estuvo cerca de San Pablo, de quién recibió estas tradiciones. Mateo lo había visto por si mismo, escribiendo su relato originariamente en arameo, dato que hoy es más que discutido, y finalmente Juan, que al ser uno de los Doce, lo escribió contando su experiencia directa. Estas tesis son muy refutadas, muy discutidas, y en toda su antigüedad casi nadie las mantienen hoy.

Desde principios del siglo XX estas tradiciones se han ido refutando, los escritos evangélicos no son una novela, o un relato biográfico escritos de principio a fin. Están compuestos por pequeñas piezas, tradiciones, colecciones redactadas. Entre relato y relato aparecen las conexiones, los marcos indicativos donde se encuadran los textos antiguos. Son frases tipo: "llegó entonces", "luego", "al cabo de unos días",... son a veces sumarios, resúmenes conclusivos de los sucedido, referencias al pasado o al futuro,... esto nos facilita unas pistas para comprobar los refuerzos en las suturas aplicadas en los Evangelios sinópticos cuando los comparamos entre sí.

Esto nos permite separar las partes, pero eso no significa que conozcamos el sentido ni las colecciones en sí. Tenemos un texto, con unas suturas, imaginamos y tratamos de reconstruir lo que pudo pasar, siempre en un campo hipotético, tanto para buscar los enlaces como para recrear la labor del redactor. Además, esos parches de conexión tuvieron una intención concreta, no surgen porque sí, hay alguna razón para que el redactor las introduzca en muchos casos. De ahí que la colocación de los relatos diga tanto o más cosas de las previstas. Por ejemplo: Mateo coloca en su evangelio una sucesión de discursos y acciones de Jesús. El relato de la maldición de la higuera, árbol simbólico alusivo a Israel, está entre dos narraciones de invitan a pensar en la esterilidad de los judíos respecto de la nueva predicación, no es un milagro sin más, que ha caído ahí, sino que está colocado con toda la intención.

Estos trabajos los ha ido haciendo la "historia de las formas y de la tradición". El gusto ha podido ser estético, pero también es intencionado, quizás por la sociología, o por otras razones. Lo que sí afirmamos es que tenemos dos tipos de textos: las narraciones, los relatos en sentido estricto; y los dichos o palabras de Jesús que circunscribimos aparte. Entre los primeros están los milagros, los relatos de la pasión,... Entre los segundos vemos que estos dichos sueltos han sido rodeados por una circunstancia, los llamamos apotegmas. Son anécdotas escenificadas con la intención de conservar un dicho de Jesús, están casi a mitad camino entre un dicho, un "logion" sin más y un relato. Finalmente los dichos en sentido puro y estricto, son más escasos, y nos suenan a voz profética. Estarían aquí las bienaventuranzas,...

La transmisión de estas tradiciones fue posible gracias a las necesidades de la comunidad. Encontramos, por ejemplo, que las parábolas de Jesús van evolucionando, alegorizándose cada vez más. La transmisión va retocando levemente el relato hasta adaptarlo a sus circunstancias y sus dificultades. Esto nos ayuda a comprender que una comunidad enfrentada y perseguida, dibujen a un Jesús más enfrentado y violento. Lucas, por ejemplo, en su deseo universalista, propone un Jesús más abierto con las mujeres y con los gentiles. Estos escritos fueron redactados en esas primeras décadas, no evolucionaron tanto, como para traicionar la verdad proclamada por el Maestro. La Revelación, decía la Constitución Apostólica Dei Verbum, en el Concilio Vaticano II, "termina con el último de los apóstoles", está señalando este momento, la comunidad está inspirada por el Espíritu Santo, pero el hilo que separa ese momento es muy fino. No sabemos dónde ni cuándo murió el último de los apóstoles. Realmente colocamos este momento al final de la composición, redacción y edición del NT.

¿Qué sentido tenían estos relatos? ¿Qué función tenían? Theissen dice que son relatos escritos para los apóstoles misioneros, son instrucciones animosas para ellos. Pero muchos relatos constituyen una fuente también para los creyentes sedentarios. No sabemos bien su sentido, Lucas nos aclara un poco al principio de su evangelio cuando señala que muchos han intentado narrar los acontecimientos, y que él también lo ha hecho así, para ser servidor de la palabra. Seguramente hay un carisma de la comunidad, la de recopilador o servidor de la palabra. Continúa Lucas con la intención de aclarar a Teófilo, no sabemos si personaje real o instrumento literario, las dudas, y completar lo que él sabía de Jesús.

<< >>
1
Hosted by www.Geocities.ws