| 12. Introducción a la literatura paulina y cartas apostólicas |
| INTRODUCCIÓN
A LAS COMUNIDADES PAULINAS Y SU LITERATURA. Los cristianos viven una crisis ante la desaparición de los fundadores, los apóstoles, es decir, la primera generación. Estos van muriendo en torno al año 70, lo cual implicará volver la mirada a los fundadores y tratar de conservar la tradición transmitida. Dentro de esos intentos, está la recopilación y la redacción de los escritos evangélicos, las cartas, los relatos,... No sólo por una cuestión de memoria histórica, sino porque son leídas en las asambleas y celebraciones comunitarias. Uno de los fenómenos más relevantes de esta segunda y tercera generación es la aparición de la pseudoepigrafía; es decir, escritos firmados por personajes importantes de la primera generación de cristianos, para darle validez a los contenidos. De ahí que tengamos multitud de escritos con autores significativos como Pedro, Tomás o la Virgen María. La canonicidad de la Iglesia ha aceptado los escritos que tenían una raíz apostólica, aún siendo pseudoepigráficos o de la siguiente generación. Ha rechazado, por el contrario, los escritos fantasiosos o de comunidades gnósticas, por descentrar lo esencial de la fe. Las comunidades cristianas van a someterse además a un cambio sociológico determinante, su expulsión de la sinagoga. El judaísmo evoluciona hacia posturas más radicales y menos plurales, especialmente desde el año 60, y con motivo de la guerra contra los romanos, los grupos anteriores van a desaparecer o ser reconvertidos. Bautistas, Esenios, Saduceos,... se verán obligados a desaparecer, sólo el grupo de los Fariseos mantendrá la hegemonía y el control de la situación, siendo los depositarios del judaísmo posterior. A partir de la expulsión de la sinagoga, la comunidad cristiana de origen Judío quedará sin posibilidades frente a la apertura y éxito de la misión entre gentiles. Esto obligó al cristianismo a definirse como religión distinta a la Judía, supuso una transformación en las cuestiones cúlticas y sacerdotales, a la vez que buscaban la justificación histórica de religión tradicional y antigua, tal como gozaba de categoría, en la religión Judía. Lo novedoso era rechazado por supersticioso en aquella época, de ahí que el cristianismo se presente novedoso y antiguo a la vez. El ambiente helenista determinó la evolución del cristianismo como una religión separada del judaísmo, aunque con raíces semejantes. Este helenismo hizo que la iglesia se institucionalizara y aceptara formas distintas a las hebreas, necesarias para dialogar con la cultura en la que estaba inserto. Internamente la comunidad tuvo que explicar otras cosas, algunas más graves como el retraso de la parusía. Durante la presencia de los apóstoles era evidente que el tiempo estaba próximo, pero tras los años se ve que va para largo. Esto hace que el primer entusiasmo escatológico se enfríe, seguramente con la pérdida de muchas comunidades. Aún así, la Iglesia mantiene que la segunda venida del Señor está próxima, dejando más claro que no se conoce el momento ni la hora. Una amenaza para la Gran Iglesia, y también para las comunidades paulinas, es la herejía gnóstica. Su concepciones respecto a la idea de salvación es diferente. El influjo helenista y Persa es excesivo, llegando a considerar que la salvación es una cuestión de conocimientos esotéricos e intelectuales, o que la separación alma y cuerpo es tajante. Hay grupos cristianos, sospechosos de gnosticismo, que no aceptan la autoridad de otros grupos de la Iglesia. Gran parte de estas cuestiones ya las mencionamos en capítulos anteriores, relativos a los primeros siglos de Iglesia. La Iglesia tiende a institucionalizarse y a uniformizar las diferentes sensibilidades de los grupos y comunidades que la componen. Las distintas corrientes corren la tentación de radicalizar sus posturas. En el encuentro de todas las comunidades, todas quieren ser reconocidas como verdaderas y válidas. De ahí que haya varias teologías y corrientes en el NT, hay cuatro Evangelios, cada uno representa corrientes y aspectos suscitados por el mismo espíritu a comunidades distintas. Esa unidad se pudo saldar con una cierta tensión, pero se ganó con un sentido de unidad claro y fuerte: Somos la Iglesia del Señor. Es el triunfo de la comunión en la pluralidad teológica. Comunión rota, por desgracia, siglos más tarde. Por otra parte, las comunidades cristianas están organizándose con matices distintos, ya no hay apóstoles misioneros, ni profetas. Los carismas de las comunidad se van a ir institucionalizando en favor de un mejor gobierno, y poniendo de relieve el deseo de comunión en el depósito y las tradiciones comunes. Se ordenan pastores y se organizan las comunidades, el gobierno es llevado por el Obispo y los presbíteros, ayudados por diáconos, que presiden la celebración. Se incorporan tablas de moral y de praxis, se lucha contra grupos gnósticos. La comunidad es perseguida, sin embargo no deja de seguir creciendo. El paulinismo, como corriente dentro de la Gran Iglesia estará bien considerado, no obstante, su teología triunfó frente al judaísmo legalista. Son un grupo importante dentro de la Gran Iglesia, por eso muchos escritos paulinos están en el canon del NT. También hay que anotar la existencia de grupos ultrapaulinistas, más radicales, cercanos a la heterodoxia y en confrontación con la gran Iglesia. Los escritos de la última escuela paulina atacan y alertan contra estas fracciones. Las cuestiones más tratadas por el paulinismo son las relativas a la escatología y al sincretismo helenista. Estos contenidos son comunes en el mundo y las tradiciones en las que están las iglesias fundadas por Pablo. Notamos también que estas cartas, intentan darse relieve con su autoría falsa en San Pablo. Están más en la búsqueda de la Gran Iglesia, en limar asperezas, en centrar las cosas, en alejarse de los grupos más fanáticos y acercarse, por el contrario, a los grupos de otras comunidades cristianas. La conservación de estas cartas no nos sorprende, se usaron como argumento y apología frente a los grupos heréticos. Fueron soporte y justificación de sus propuestas teológicas. La Gran Iglesia las aceptó también como escritos apostólicos, como Palabra inspirada por el Espíritu a los hombres. |
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