| 12. Introducción a la literatura paulina y cartas apostólicas |
| INTRODUCCIÓN
A LAS CARTAS CATÓLICAS Y HEBREOS. Así, por ejemplo, la carta de Santiago remite a un cristianismo más judaizante, cercano a Jerusalén, pero evolucionado, posterior a la guerra entre romanos y judíos. La Carta a los Hebreos utiliza la falsa epigrafía al final del escrito, un añadido del copista más que del autor original. Pedro que es símbolo de la unidad de la Iglesia, es mencionado como autor para ligarlo con las comunidades paulinas. Judas parece alguien importante en la primitiva comunidad cercana a Santiago, y por tanto judaizante. Estos escritos tratan de ser vehículo de difusión de unas ideas, no escritos dirigidos a tal o cual comunidad. Representan un momento único, como es el nacimiento de la Gran Iglesia, con una estructura y pensamiento del siglo II, son contemporáneas a los de la escuela paulina, incluso algo posterior. Estas Iglesias comparten problemas semejantes. Entre las dificultades que más apremian está la mundanización de las costumbres, la relajación ética de la vida cristiana. Esto es lógico, el cambio de perspectiva escatológica, con un final no inminente, hace que haya que perseverar y adoptar estilos de vida más reposados y continuados en la vida cristiana. Otro problema es el cansancio en la fe, el agotamiento de las comunidades, que necesita ser revitalizado. Por ejemplo: Hebreos, es un escrito profundo y sólido desde el punto de vista teológico. Junto con ese cansancio podemos notar la situación de persecuciones intermitentes que vive la comunidad cristiana, el contexto de dificultad hace que vuelvan su mirada hacia las tradiciones bautismales primeras. Finalmente nos topamos con el problema interno, la aparición de herejías de carácter gnóstico dentro de algunas comunidades. Estos escritos alertan contra estas herejías y su alejamiento de la tradición apostólica. Una última consideración, estos escritos tomaron el nombre de Cartas Católicas ante la tradición de la reforma protestante, que las señaló como poco edificantes, incluso contrarias para la fe. El Catolicismo las mantuvo, y hoy son aceptadas por la mayoría de las comunidades reformadas. Hoy nos anuncian una sensibilidad distinta, también enraizada en el cimiento de los apóstoles. |
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