| 12. Introducción a la literatura paulina y cartas apostólicas |
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CARTAS PASTORALES: CARTA PRIMERA Y SEGUNDA A TIMOTEO Y CARTA A TITO. Hoy, casi todos los autores las consideran pseudoepigráficas y de una segunda o tercera generación, incluso apartadas de las cartas paulinas. No creemos que podamos decir tanto. Es verdad que son escritos diferentes a Colosenses y Efesios, pero no estarían demasiado lejos de este contexto, dado los personajes en los que se escuda: Timoteo, Tito, Pablo, y otros, pertenecían a estas comunidades. También es verdad que el lenguaje, los temas tratados son distintos, poco análogos. Son tres escritos que presentan situaciones diversas, pero todas evocan a una Gran Iglesia ya formada. El punto de partida de estas cartas es ficticio, incluso se recrea en relaciones muy particulares, de encuentro y fraternidad entre Pablo y sus colaboradores, tal y como aparece en las despedidas. De fondo se manifiesta la lucha contra la herejía de tipo gnóstico y especulativo que hay cerca de la comunidad cristiana. No entran las cartas hasta el final de esta cuestión, tratan de alertar y de potenciar las cuestiones morales y éticas de la comunidad, y en particular de sus dirigentes. El contenido se centra en los dirigentes y en la organización eclesial, en el reforzamiento de la autoridad eclesial frente a los herejes externos. Por eso aparece la idea de sucesión apostólica en su teología, como algo dejado por Pablo a las cabezas de esas comunidades: Timoteo y Tito. Es posible que podamos estar ante una tercera generación de cristianos, a mediados del siglo II. Timoteo y Tito habían sido colaboradores del apóstol Pablo en estas comunidades, y ya eran de una segunda generación; la que ahora actúa es al tercera. Esta sucesión apostólica está institucionalizada, está organizada en la ordenación por la imposición de las manos, la designación de los dirigentes o la transmisión de un carisma. Está claro que los carismas de los primeros tiempos son distintos, han cambiado. Se mantiene el carisma de gobierno, antes del apóstol, ahora del epíscopo. La función apostólica, de misionero ambulante está desaparecida, hay más interés en mantener las iglesias y reforzarlas, que en hacerlas crecer. Esos servicios son ahora fijos, ordenados, no tan espontáneos. Posiblemente porque ahora se veía en aquella naturalidad de los primeros tiempos un posible fermento para la herejía y la división. Los oficios pastorales que van cobrando fuerza serán los de diácono, presbítero o sacerdote y obispo o supervisor. Los mismos que tiene hoy la Iglesia como órdenes mayores. Hay una cierta unificación y confusión entre obispos y presbíteros. Signo de que la comunidad eclesial todavía no distingue ni tiene asignado a cada uno los cometidos pertinentes. El obispo es aquí el anciano presidente del colegio presbiterial, que era un verdadero consejo de ancianos. Los diáconos son los servidores de las mesas, ayudantes en la fracción del pan, y dedicados a los pobres de la comunidad. Hay algunos elementos de la fe que se va formando, al igual que sucede en todas las religiones constituidas. El sentido de la tradición y su fijeza está ya constituido, hay que conservar y guardar el depósito de la fe. Hay una doctrina que es sana frente a una doctrina que está viciada, que conduce a la enfermedad. El talante religioso del cristianismo de este momento es la pérdida del elemento escandaloso de la fe, con el ideal del hombre piadoso como prototipo de creyente, hombre piadoso que es un hombre perseguido fuera de la comunidad. La honradez antes que el escándalo, la radicalidad está en el testimonio de perseverancia.. El contenido más concreto de 1 Timoteo es el deseo de fidelidad al Evangelio, la tradición y la organización cristiana frente a las herejías, con una serie de instrucciones pastorales concretas. 2 Timoteo sería un ejemplo de modelo ideal de vida presbiteral y episcopal continuado por consejos contra la herejía. La carta a Tito tendría una composición semejante, la función del pastor, sus deberes morales y pautas de actuación contra los herejías. Creemos que estas cartas entraron en el canon por disponerse como mecanismo frente a los grupos heréticos, que durante unos siglos pusieron en peligro la unidad de la Iglesia. En este sentido, las cartas son un sólido apoyo para la construcción de la Iglesia cristiana, que reafirmando la organización y autoridad en los Obispos, consolida la opción religiosa cristiana en el futuro como posible. La Iglesia las consideró con talante y origen apostólico, además de por la pseudoepigrafía, por sus contenidos, necesarios en momentos de dificultad. |
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