19. Escatología  

INTRODUCCIÓN A LA ESCATOLOGÍA CONTEMPORÁNEA.

La palabra "escatología" procede del griego "esjaton" y "legein" que significa estudio del final. La escatología sería así la reflexión creyente, y por tanto desde la fe, sobre el futuro del individuo, sobre el final de la vida, no sólo en sentido individual, sino también colectivo, de toda la humanidad y del cosmos, y desde la promesa de la esperanza cristiana. La escatología analiza y reflexiona sobre el más allá, la muerte, la resurrección, el juicio final, el cielo o el infierno. Su punto de partida es la fe revelada, igual que el resto de la teología, por lo que se fundamenta en la Biblia y la Tradición de la Iglesia.

La escatología se ha dividido tradicionalmente en dos grandes bloques: la escatología individual y la colectiva. La primera hace referencia al sujeto particular ante el final. Estudiaría la muerte de la persona singular e individual, el juicio a cada individuo, la purificación individual, con el destino definitivo de la vida eterna o la condena para esa persona. El segundo bloque de estudio sería la escatología colectiva, con la parusía o segunda venida del Señor, con todas su implicaciones cosmológicas y antropológicas. Es el juicio universal, con la resurrección universal de los muertos, el cielo y el infierno en la vida eterna, entendido en un sentido colectivo, totalizador, la parusía y la parresía final.

El encaje de la escatología en la teología hoy es complicado, porque se puede ubicar en dos lugares al menos. Para unos teólogos la escatología es la prolongación de la cristología, dado que Jesús, con su resurrección, inaugura los últimos tiempos y hace presente la realidad escatológica. Otros teólogos lo consideran una conclusión de la antropología, como una última parte del estudio del hombre y de la antropología teológica, según sea el ser del hombre. La escatología responde así a una continuación última de esa naturaleza. Lo significativo es que durante mucho tiempo la escatología no era muy apreciada por la teología, tradicionalmente ha tenido poca importancia dentro de los estudios teológicos, más tarde se incorporó como apéndice, adquiriendo sólo recientemente su independencia como estudio particular.

La escatología ha pasado a ser un estudio revalorizado dentro de la comunidad creyente, pero es que además, su sentido y significado, ha variado. Se ha pasado de una escatología preocupada por el futuro a una escatología preocupada por el presente. No importa sólo analizar el Reino tras la muerte, sino también el intento de construirlo hoy. Hoy la escatología emparenta mejor con el existencialismo filosófico cristiano, dejando atrás especulaciones abstractas. Interesa menos a la comunidad creyente ganarse el cielo, y cobra fuerza construir un mundo mejor entre nosotros. Se ha dejado de lado una escatología de "lugares", el cielo arriba y el infierno abajo, para hablar de situaciones personales, espacios y tiempos distintos, categorías metahistóricas. De hecho la escatología individual era más común hace unos años, donde parece que importaba más salvar el alma que atender a los hombres en sus necesidades. Hoy la escatología colectiva, la construcción del reino con ayuda de Dios, y sabiendo que Dios lo lleva a plenitud, es una escatología que gusta más, más centrada y con más capacidad para responder a los interrogantes del hombre de hoy, sin escapismos y sin desencarnarse en la realidad.

También la escatología se ha hecho más prudente, se ha perdido el grado de dogmatismo rígido de otro tiempo. Hace años era fácil hablar de condenados y salvados. Hoy el discurso teológico presenta una mayor humildad, reconocemos que no conocemos tanto, ni de Dios ni del futuro de las almas. También aquí la teología quiere ceñirse a la revelación de Dios en la Escritura.

Por otra parte, con todas estas transformaciones en los estudios escatológicos, hay en la escatología contemporánea un gusto especial con el diálogo con otros hombres, desde la filosofía o la cultura. Tenemos los cristianos necesidad de encontrarnos con la sociedad de nuestro tiempo. Las cosas del mundo son también tarea de la comunidad cristiana, por eso la construcción de un mundo en esperanza es una función que no puede eludir el creyente. Esa mirada hacia el futuro, la compartimos con muchos hombres de buena voluntad, como no podía ser de otro modo. La escatología contemporánea nos debe llevar al compromiso con el mundo de hoy, sabiendo que esa esperanza nos viene del Señor.

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