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Martin
Fierro (formato ZIP, 26 kb)
| ADVERTENCIA
El Martín Fierro
está escrito en una lengua rústica, mezcla de arcaísmo
español y de voces indígenas americanas, que comúnmente
llamamos lengua gauchesca. Este modo de hablar, heredado de los colonizadores
primeros, se conservó en nuestros campos y se transmitió,
con las modificaciones del ambiente, de padres a hijos hasta la desaparición
de los gauchos. Nadie habla ya esa lengua. Una pequeña parte de
sus pronunciaciones vulgares y de su vocabulario puede reconocerse todavía
en el habla popular argentina, pero el empeño regulador de la escuela
pública y el poder nivelador de la educación urbana tienden,
cada vez más, a mejorar la lengua nacional y a conformarla con las
exigencias de la cultura.
La lengua gauchesca,
que ahora no vive ni actúa socialmente, persiste con expresión
propia en los textos literarios. Nos queda, pues, un hecho histórico
que, sólo en ese carácter, debe ser rectamente considerado
y estudiado. |
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UN POCO
DE LITERATURA
Agregamos aquí
algunos ejemplos de la literatura gauchesca, y también en formato
ZIP, el texto de los libros Martín Fierro,
y su continuación La vuelta de Martín
Fierro
ARRIERO ALADO
Un
relato de Fausto Burgos
Altiplano
jujeño. Puna de Abra-Pampa.
Azules
y violáceos cerros detienen la mirada curiosa del peregrino; no
hay cómo ir más allá de donde están las moles
de piedra, las pintadas moles que por tiempo de invierno se visten de nieve.
Una pampa
murada de montes, una llanura recorrida a toda carrera en las horas y horas
por el viento punzante de la cordillera; una llanada ancha, con espinudos
arbustos enanos y con verdinegros, tupidos y fragantes tolares, en cuyas
ramas los aires y los muelles vellones de las llamas se aroman.
Sol fuerte;
helado viento; ni un solo rumor de aguas; aquí y allá
un pájaro canta. ¿Acaso el papaichicha? ¿O silba el
kiu-kiu alegre? ¿O se alboroza el pispirí o el huco pensativo
ensaya una queja ronca? Levantando la voz canta el llagto andariego,
que entre las ramas olorosas de tola se esconde.
Dilatada
llanura ceñida de montes de color lila, de color de pizarras escolares,
de bermejos y de rojizos tonos.
A la
oración se adormilan los pájaros, las bestias del campo buscan
sus dormideros para ahogar la fatiga y para defenderse del viento que por
recorrer las tierras de su señorío no duerme.
Los pastores
de llamas, los llaneros que conducen a lomo de bestia bolsitas de mineral
de plomo a la estación ferroviaria de Abra-Pampa, descansan en sus
chozos; los arrieros de burros y de llamas, los incansables arrieros que
caminan siempre a pie, leguas y leguas, coqueando su coca para matar el
hambre, la fatiga y la sed, ahora, cuando la oración invita al huelgo,
al silencio recóndito, a la recordación íntima; los
arrieros de llamas y de asnos, sentados a la manera india, a la redonda
del fuego de tolas fragantes, también descansan. Un arriero solo
se apronta a salir; es un arriero extraordinario ... Nadie lo creería
si no lo viera desempeñarse en su faena, que es capaz de conducir,
a silbido limpio, una tropa de llamas. Este arriero es el guaicho
...
Oh,
guaicho silbador que me despiertas para alegrarme a la madrugada y que
me entristeces a la oración, con tu silbido de arriero gaucho! ...
Oh, guaicho silbador que vives a veces solo, y a veces con tu compañera,
en un agujero de los adobones, junto al techo de barro y pasto duro, de
barro e iro, de este chozo pastoril que tengo arrendado por una temporada!
Saldrás esta noche, antes que la luna se encubre donosa a arriar
tu tropa de llamas, esa tropa de llamas que fue de un pastor viejo que
carbonizó un rayo? Fíjate; echa a vagar la mirada dulce
de tus ojos parecidos a los de la calandria, por la llanura como tapiada
por enormes moles negras: la pampa puneña rodeada de cerros, es
parda; su color pardo ya parece negro; negros se han puesto los tolares
... Desde.el cielo azuloso cae una luz de estrellas.
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También baje "La
vuelta de Martín Fierro"
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LLUVIA
EN EL CAMPO
FRAGMENTO
DE
"DON
SEGUNDO SOMBRA"
DE
RICARDO GUIRALDES
|
Guaichito
silbador, arriero alado parecido a la calandria, veo llegar por el camino
de casa, una tras otra, como formando una movediza hebra, a las llamas
de ese pastor viejo que secó y ennegreció el rayo.
¿Qué
haces que no te desperezas, guaichito silbador? El pájaro
gaucho echa a volar como a saltos. ¡Se va! Se va, Se
va esta noche.como se fue muchas noches, mientras de los cielos cae blanda
luz.de estrellas.
Se ha
sentado suavemente sobre la cabeza de la llama que viene adelante. Y
no se han espantado las llamas de la tropa! ¿Es que le conocen?
Las llamas
de blandos y espesos vellones negros galopan, galopan, bajo la noche, por
la llanura, olorosa a tolares. ¿Para dónde van? Qué
carguitas llevan? ¿Cómo distinguen sus ojos grandes y bellos
la huella parda? El guaicho vela tras de ellas. Silba y silba,
como un arriero triste el guaicho de ojos grises ...
La
Prensa, 15/9/40.
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