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Y DEMÁS/Historia

Pifias históricas:
El Sha de Irán y su "Gran Civilización"
Fue un autócrata, por supuesto, como
lo fueron sus antecesores y lo son quienes hoy ostentan en poder en
Irán. Pero cuando Mohammed Reza Pahlevi quiso meter al país en
la modernidad, su mal tino le costó el trono y lo obligó al exilio
Versión impresión
MARZO, 2025. A los pocos meses
de haber sido echado del país que había gobernado por casi cuatro
décadas, el Sha Mohammed Reza Pahlavi ofreció una entrevista al
diario London Times y consideró que uno de sus peores errores
había consistido en enviar a miles de jóvenes iraníes a Estados
Unidos a empaparse de los "valores occidentales". "En vez de
promover la integración, se aceleró el choque", lamentó el Sha a esa
revista.
Con frecuencia el mundo olvida que Rezah Pahlvevi, quien gobernó
Irán de 1941 a 1979, era un personaje ilustrado, instruido, y
preparado por su padre, de quien heredó el poder, para cuando
llegara el momento de la sucesión. Pahlevi hablaba con soltura
inglés, francés, algo de español y farsi, el idioma oficial de Irán
(contra el concepto erróneo que existe, los iraníes son persas,
no son árabes, y el farsi es tan diferente de las lenguas árabes
como pudiera serlo el español del finlandés). Asimismo el Sha era
gran conocedor de la historia y del arte, gustaba de la buena mesa
y, sobre todo, era enorme admirador de Estados Unidos, país donde
pasó varios años como investigador y estudiante universitario.
Durante su gobierno, Irán entró en una etapa modernizadora, se
procuró un mejor trato a las comunidades cristianas y se aprobaron
leyes para protegerlas. El país atravesó por una etapa de
industrialización y los niveles de analfabetismo bajaron
notoriamente. Y por supuesto que fue un gobernante autoritario,
facultad que le otorgaba su condición de Sha, lo cual incluía el
encierro de sus oponentes políticos. Su investidura lo empujaba a
ser un autócrata.
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Otro logro del Sha fue la puesta en marcha de un sistema electoral
ecuánime para escoger representantes ciudadanos de comités de
distintas tendencias políticas --con los comunistas invariablemente
excluidos-- quienes tenían bajo la lupa a los gobernantes que decían
representarlos. Este sistema de representación resultó tan bueno que
existe aún hoy y ha hecho que la corrupción de alcaldes y jefes de
provincia, vigilados las 24 horas por esos comités electos, se
encuentre entre las más bajas del mundo.
Pero como suele suceder con muchas dictaduras que logran ciertos
logros económicos, entre ellas el porfiriato, con el tiempo van
perdiendo ese dinamismo, se hacen acomodaticias y por ende son
consumidas por la corrupción. Al igual que su vecina Jordania con el
Rey Hussein, Irán alcanzó cierto nivel de estabilidad en una área
altamente conflictiva pero la estructura gubernamental se fue
burocratizando, se pedía "mordida" para todo y la única manera de
abrir un negocio era sobornando a medio centenar de funcionarios.
El Sha Pahlevi era un furibundo anticomunista. Cuando se celebró en
Teherán la reunión de los "Tres Grandes" para repartirse Europa en
1945, el Sha negoció la protección, la confianza y protección de
Estados Unidos en el área, estrategia vital ante el inminente
nacimiento de Israel cuatro años más tarde. El Sha era entonces un
jovenzuelo pero fue bien asesorado para conseguir que Irán no
resultara territorialmente afectada con la creación del Estado de
Israel.
Durante las siguientes décadas Irán sería uno de los países más
estables de la región. Fue también un país que relajó las estrictas
leyes islámicas, aceptó la difusión de modas occidentales, dejó de
exigir el uso del chador entre las mujeres y, algo inusitado, les
permitió usar faldas por encima de las rodillas. Y en 1975 ocurrió
algo inusitado: se efectuó en Teherán un congreso feminista con
motivo del Año Internacional de la Mujer.
Y se comete la pifia
Con casi seis décadas de vida, el Sha
llegó a una conclusión que parecía lógica, esto es, acelerar la
occidentalización del país e ir integrando gradualmente a Irán al
resto del mundo. Un censo arrojó que el casi el 60 por ciento de los
iraníes eran menores de 30 años por lo que a ellos correspondería
gobernar al país. Todo era parte de un proyecto al que Sha llamó la
"Gran Civilización".
El proyecto consistió en acordar con el gobierno norteamericano,
entonces a cargo de Jimmy Carter y a quien el Sha consideraba
alguien digno de palabra, conceder visas de estudiante a alrededor
de 25 mil jóvenes iraníes para que se empaparan de lo mejor de la
cultura norteamericana en los planteles universitarios. La mayoría
eran adolescentes y jóvenes clasemedieros, con gastos costeados por
el gobierno iraní aunque los de familias de clase alta también
obtuvieron la canonjía.
Y si bien estos acuerdos ya se estaban dando por décadas, el acuerdo
multiplicó la llegada de estudiantes iraníes. Se estima que hacia
1977, 12 mil de ellos estaban matriculados en universidades
repartidas por todo Estados Unidos; había alumnos iraníes lo mismo
en Des Moines, Iowa, que en San Francisco y en Dallas.
El experimento fue un total fracaso pues gran parte de esos jóvenes
no lograron asimilar la cultura norteamericana a la que consideraban
"nociva" y "decadente"; otros comenzaron a probar alcohol o drogas,
prohibidos en su país, o se apegaron a su condición de estudiantes
extranjeros para cometer ilícitos. Muy pocos realmente aprovecharon
la experiencia, y de esos pocos casi todos optaron por permanecer en
Estados Unidos.
Sin embargo, hubo otros estudiantes que se radicalizaron. Contra lo
que suponía el Sha que que en las universidades se impartirían los
valores de Washington, Franklin o Kennedy, lo que recibieron fue una
dosis de adoctrinamiento anticapitalista, en especial los
matriculados en Berkeley, donde el auditorio principal estaba
adornado con imágenes del Ché Guevara.
Quienes estudiaron en universidades más conservadoras, en aquel
entonces ubicadas casi todas en el Medio Oeste norteamericano,
igualmente terminaron por detestar a Estados Unidos; concluyeron que
el país daba excesivas libertades a las mujeres, otorgaba a los
"infieles" (cristianos) amplios espacios para difundir sus valores,
representado en las barras televisivas los domingos por la mañana
acaparada por ministros religiosos y (en ese entonces) la presencia
musulmana en el país era imperceptible. ¿Conclusión? Estados Unidos
era "el gran satán", había que destruirlo.
El retorno masivo a Irán de esa oleada se aceleró a luego que el
ayatollah Jomeini regresó de un largo exilio en París. Jomeini,
quien en sus años de exilio vestía trajes de marca con corbatas
elegantes, las sustituyó por vestimentas religiosas oscuras que, al
parecer, eran siempre las mismas. Los jóvenes recién llegados de su
estancia en Norteamérica recibieron con beneplácito la noticia. Lo
que no se sabía entonces, es que el movimiento que derrocaría al Sha
contó con financiamiento de la CIA y del Departamento de Estado,
traicionando así al aliado más fiel que Estados Unidos tenía en
el mundo musulmán.
¿Por qué la Casa Blanca decidió deshacerse del Sha retirándole todo
su apoyo financiero y logístico? El ya fallecido politólogo
ensayista Lawrence Wright sostenía que Rezah Pahlevi, a quien le fue
detectado cáncer, no conseguiría una transición pacífica a la
democracia en el poco tiempo que le quedaba de vida, agregado todo a
la presión de la ONU para deshacerse de las monarquías por
considerarlas obsoletas. Y en una pifia que habla enormidades de la
estupidez existente al interior de la sobrevalorada CIA, escribió
Wright, "se pensaba que (el ayatollah) Jomeini era un moderado,
alguien que serviría como puente de comunicación para consumar la
transición de Irán hacia la modernidad, y que los estudiantes
llegados de norteamericanos serían igualmente clave en esa
transición".
¡Y vaya forma en que lo hicieron! Hoy se sabe sobradamente que
varios "líderes estudiantiles" que tomaron la embajada en Teherán
tenían poco de haber regresado de Estados Unidos. Dos semanas más
tarde, las mujeres, los menores de edad, los parapléjicos y quienes
padecían enfermedades crónicas fueron puestos en libertad (solo
quedaron 440 rehenes hombres) y revelaron que los captores, aunque
encapuchados, vestían jeans de marca, camisetas adquiridas en los
malls, zapatos Nike nuevos, escuchaban cassettes con música
occidental, entendían el inglés y lo hablaban con soltura.
Según Wright, Reza Pahlavi se negaba a creer que Carter lo había
traicionado y que en una de sus últimas conversaciones éste le había
refrendado su respaldo. "Luego Carter se negó a contestarle las
llamadas hasta que el 15 de enero de 1980 el Departamento de Estado
le comunicó que su renuncia había sido negociada con los sujetos que
tenían tomada la embajada. El Sha abandonó Teherán a la mañana
siguiente", refirió Wright. A las pocas horas Jomeini asumió el
poder y todas las reformas del Sha se fueron por el resumidero.
Estados Unidos la había prometido asilo pero ante el temor de un
atentado en su propio suelo, se le negó la visa humanitaria. Reza
Pahlevi pasaría luego por Marruecos y las Bahamas hasta que el
gobierno mexicano lo acogió en una residencia de Cuernavaca, donde
permaneció hasta que decidió trasladarse a Egipto, donde falleció en
julio de 1980.
Esta fallido experimento fue una de las primeras muestras de que las
culturas del mundo tienden a enfrentarse, en vez de integrarse, y
como bien lo dijo el hoy fallecido Samuel Huntington en su libro
El Choque de Civilizaciones y el Reacomodo del Orden Mundial,
buscarán imponerse. "El error ha sido pensar que solamente la
civilización occidental, también llamada judeo-cristiana, busca
imponerse sobre otras civilizaciones (...) dentro del actual esquema
que estamos viendo, creo que, más que error, todo ha sido
deliberado", escribió Huntington.
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