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Y DEMÁS/Remembranzas 1969

Woodstock, cuatro décadas de mito genial

Apenas se digería el shock del asesinato de Sharon Tate cuando la generación consentida celebró un concierto pacifista, que fue uno de tantos, a excepción ser considerado un producto baby-boomer cuya egolatría se siente hasta hoy

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AGOSTO, 2009. "Tres días de amor, paz y música" era como se anunciaba el Festival de Woodstock, que tuvo lugar no en esa ciudad sino en Bethel, Nueva York, que se encontraba a unos 45 kilómetros de distancia. Desde entonces y como ha sucedido con la mayoría de los mitos, mucho de lo que se ha hablado al respecto viene a ser un autoculto a la personalidad de la generación baby-boomer. Una muestra al respecto la tuvimos recientemente con un filme sobre ese tema dirigido por Ang Lee y fracasó en taquillas.

Repasemos primero lo que se ha dicho en estos cuarenta años post Woodstock: que fue la celebración de un concierto pacifista donde reinaron la armonía y el sueño de un mundo mejor; de hecho la canción Imagine, de John Lennon, con frecuencia ha sido relacionadas a las mejores intenciones de Woodstock pese a que fue compuesta dos años después del concierto. Y el mito persiste: al abrir el concierto Live Aid en 1985, la cantante Joan Baez gritó jubilosa "¡Este es su Woodstock!" mientras que todavía en 1994 y en 1997 se organizaron dos nuevos Woodstock aunque representaron pérdidas comerciales.

Igual, por cierto, al primer Woodstock, donde hubo que pagar a los artistas cuyas intenciones no eran precisamente samaritanas, y donde casi 80 por ciento de los asistentes no pagó boleto.

Con frecuencia se asocia a Woodstock como parte de la contracultura, caso extraño pues los grupos que se presentaron tenían todos contrato con una discográfica grande y lo que ahí se protestaba --la presencia del ejército norteamericano en Vietnam-- ya era parte de una mayoría de la opinión pública, fuera hippie o no. El hecho que al siguiente año Warner Brothers estrenara una película sobre Woodstock y que el álbum triple llegara a vender tres millones de copias nos habla de un espectáculo abierto, elemento de la cultura de los años sesenta que poco o nada tenía que ver con ideas contrarias al orden establecido o, más claramente, al libre mercado.

En lo musical tenemos lo que podríamos llamar El Extraño Caso de Woodstock. Una de las grandes ironías en torno es que en el que se considera el concierto más importante de los sesenta no estuvieron presentes los principales motores de la revolución musical de la década, los Beatles porque ya no se presentaban en público y los Rolling Stones porque iban a participar en otro concierto, el de Altamont, que marcaría el trágico fin del sueño hippie (tampoco ayudaba mucho la reciente muerte de Brian jones, la verdadera bujía del grupo). Cierto que sobre el escenario había artistas completos, como Creedence Clearwater Revival, Santana, The Who, Jimi Hendrix y Janis Joplin, pero también desconocidos como Sha Na Na Na y Melanie.

Parte del mito de Woodstock se debe, por cierto, a que el fenómeno baby boomer es esencialmente norteamericano. La historia registra conciertos de mucha mayor calidad como el de la isla de Wight, Inglaterra, pero Woodstock siempre es mencionado cuando se habla de megapresentaciones sesenteras. No importa que los músicos que verdaderamente revolucionaron la música en los sesenta --Clapton, Beatles, Stones, etc-- hayan sido ingleses, ni que en Woodstock, del total de 18 grupos y artistas, únicamente cuatro tuvieran ese origen. El egocentrismo baby boomer ha hecho creer a todo el mundo que Woodstock fue la culminación de un ideal creado por los mismos que abjuraron del baño y el jabón por considerarlo un "acto revolucionario"

Para darnos una idea de ese egocentrismo notemos la ausencia de aniversarios por parte de otras generaciones que se ensalcen a sí mismas: ¿Dónde quedó la escandalera al cumplirse tres décadas del estreno de Fiebre del Sábado por la Noche o los otros dos Woodstock efectuados a mediados de la década pasada?

Como una generación empeñada en conservar el centro de la atención, Woodstock constituye un mito genial pero que ahora, 40 años después de ocurrido, conviene poner en su verdadera dimensión: fue un concierto al que asistieron 400 mil personas, una cifra récord, pero que en realidad vinieron a ser tres días de lodazal, pésimo sonido y consignas de clasemedieros fúricos con su entorno. La música rock cambió el rostro de la sociedad durante esa década, sin duda, pero Woodstock manifestaba en amplio el declive de aquel movimiento. Lástima que nunca se le haya promocionado de esa manera.



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Avándaro, el Woodstock totonaca

AGOSTO, 2009. La realización del festival de Woodstock disparó la inevitable imitación de conciertos en Uruguay, Argentina, Chile, España y en México. Fue aquí donde se celebró, en septiembre de 1971, el Festival de Avándaro, en una región boscosa perteneciente al Estado de México y a una hora y media de la capital. Entre los organizadores se encontraba Luis de Llano, hermano de la cantante Julissa y quien luego se convertiría en productor de, entre otras cosas, el grupo Timbiriche. La idea era concentrar a la mayoría de los exponentes del rock nacional para "una jornada de armonía". 

La falta de planeación fue la constante. En primer lugar, se escogió un mes de lluvias, se había advertido la posible presencia de Carlos Santana y otros artistas anglo y se pensaba que, si mucho, asistirían 80 mil jóvenes. Pero sólo actuaron grupos nacionales, la mayoría de ellos burdas copias de los Beatles, Stones y demás, pero otras vendrían a influir decisivamente en el rock mexicano, como el entonces llamado Three Souls in my Mind, que luego se convertiría en el El Tri y los duranguenses Dud Dugs, que luego grabarían algunas canciones de rock protesta. Los demás prácticamente murieron en la intrascendencia.

Algo innegable que había demostrado el concierto era cómo el rock había unificado a los jóvenes de todos los estratos sociales. Para el gobierno mexicano los hechos de Tlatelolco., y ni se diga los del Halconazo, ese mismo año, se encontraban bastante cerca por lo que veía en este tipo de música una especie de "infiltración subversiva" --irónicamente, el hijo de Gustavo Díaz Ordaz, el anterior presidente, tenía su propio grupo de rock--, y tampoco ayudaba que el presunto organizador del operativo fuera en ese momento el mandatario mexicano. Casi de milagro el gobierno del Estado de México, cuyo gobernador era el ya fallecido Carlos Hank González, había autorizado su celebración.

Finalmente asistieron más de 150 mil muchachos aunque a las pocas horas la cifra aumentó a alrededor de 200 mil. Y como en Woodstock, la intención de cobrar la entrada desapareció ante la incontrolable multitud. Los conciertos iniciaron por la tarde y a las pocas horas cayó el primer aguacero que convirtió la zona en lodazal. En la madrugada una muchacha se despojó de su ropa y se puso a bailar desnuda. La prensa, leal al Señor Presidente y las buenas costumbres, se horrorizó. Pero al final y lejos de la temida rebeldía, se trataba de un grupo de jóvenes mexicanos que querían sentirse parte de la "onda" del primer mundo y abrazaban los principios del hippismo, un movimiento que para 1971 se encontraba ya en frenética decadencia en Europa y Estados Unidos.

A la Secretaría de Gobernación no hizo risa lo ocurrido en Avándaro. Prohibió la celebración de más conciertos en territorio nacional, persiguió a quienes portaban cabello largo y restringió toda información referente al rock en la televisión nacional, no así en la radio aunque eso sí, en su mayoría transmitían rock anglosajón. Ciertamente los interpretes de rock mexicano --cuyas letras ya eran en español-- la pasaron bastante mal en aquellos años.

Aunque sin la leyenda rimbombante que se le ha dado a Woodstock, el concierto de Avándaro quedó como muestra de la fuerte convocatoria que el rock tenía en México, algo que ya no se ha vuelto a ver desde entonces. (OFM)

© copyright, Derechos Reservados, 2009 

 

 

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2 comentarios

guato_alex escribe 18.08.09

La verdad me hubiera gustado mucho haber estado presente en Woodstock pues la música de los años sesenta es mucho mejor a la actual y aunque yo nací en 1985 detesto a Eminem, Christina Aguilera y por supuesto a Britney Spears, qué comparación con Creedence Clearwater Revival, Canned Heat, Santana y otros grandes que estuvieron en Woodstock.

raul_montoya escribe 18.08.09

Tengo una duda ¿por qué The Doors no estuvieron presentes en Woodstock?
 

 

 

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