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Espondiloartropatías
Espondilitis Anquilosante Síndrome de Reiter y Artritis Reactiva no son dos patologías
separadas. Hoy en día tiende a emplearse más "Artritis Reactiva", aunque
en ocasiones son empleados indistintamente. Sin embargo existen diferencias.
El Síndrome de Reiter se empleaba más en el pasado y hace referencia a
una tríada compuesta por artritis, conjuntivitis y uretritis,
lesiones mucocutáneas con presencia de artritis. La Artritis reactiva
hace referencia a la aparición de una artritis aguda no infecciosa pero que se presenta
cierto tiempo después de una infección que puede afectar a cualquier parte del
organismo. En la actualidad se usan casi como sinónimos aunque
no todas las artritis reactivas presentan las características del Síndrome de Reiter.
No se conoce exactamente qué causa la Artritis Reactiva o Enfermedad de
Reiter. Al igual que ocurre en el resto de Espondiloartropatías
existen agentes patógenos externos, factores genéticos y cierto papel
inmunológico que podrían colaborar en que se desencadene la enfermedad.
Los agentes patógenos que podrían tener importancia en la aparición
de la enfermedad son muy diversos (Shigella, Salmonella, Yersinia, virus,
parásitos, etc.) pero no se sabe de qué forma pueden actuar en el inicio
de la enfermedad y si son éstos los que la provocan. Sí se ha estudiado
la membrana sinovial de las articulaciones de estas personas y se ha visto
que aparecen antígenos
persistentes durante un tiempo variable después de la infección pertenecientes
a alguno de estos gérmenes, incluso en algunos casos se ha apuntado que
podrían existir bacterias viables de forma crónica pero no cultivables
en el laboratorio tras la extracción de muestras. Los factores genéticos
adquieren importancia en cuanto que el HLA-B27 aparece en un elevado porcentaje
de pacientes, aunque no se conoce el papel que éste juega en la enfermedad.
Los mecanismos inmunológicos implicados son muy variados, con presencia
de inmunocomplejos en la sangre de los pacientes, anticuerpos específicos
contra ciertos patógenos, etc.
La distribución de esta enfermedad entre hombres y mujeres no está muy
clara. En los casos en los que la infección inicial es intestinal,
ambos sexos están igualados, produciéndose un desequilibrio a favor del
varón cuando se estudia la forma tras una infección venérea, pero esto bien podría
ser debido a que en mujeres estos casos pasasen más desapercibidos. Es
una enfermedad que suele afectar a personas relativamente jóvenes, siendo
el rango de mayor afectación alrededor de los 20 hasta los 40 años. Un
aspecto importante es que al igual que en la Espondilitis Anquilosante
y otras espondiloartropatías, aparece una importante relación con el HLA-B27,
que aparece en el 60-80% de los pacientes.
En cuanto a las manifestaciones clínicas la Artritis Reactiva abarca un
amplio abanico. Lo más habitual es que unas semanas antes exista una infección.
Aparecen así manifestaciones de tipo general e inespecífico: fiebre,
astenia, anorexia, pérdida de peso y malestar general. Como una de las
características fundamentales de esta patología está la artritis,
la cual afecta sobre todo a rodillas y tobillos, pudiendo presentarse
en ocasiones tal como lo hace la
artritis psoriásica en los dedos de las manos y los pies, debido a la
entesitis (dedos "en salchicha"). También
puede afectarse el tendón de Aquiles, aparecer fascitis plantar y problemas en la columna como lumbalgias.
Además de los fenómenos artríticos, algo frecuente en Artritis Reactiva
y Síndrome de Reiter son los problemas en el área urogenital. Lo más habitual
son las uretritis (inflamación de la uretra, conducto que comunica
la vejiga urinaria con el exterior), pudiendo tratarse de una alteración
debida a la infección previa o bien ser producida en la fase aguda de
la patología. Esta uretritis puede ocasionar síntomas como la disuria
(dolor con la micción) y polaquiuria; pueden presentarse en los varones
prostatitis, y las mujeres con cervicitis (inflamación del
cérvix), cistitis (de la vejiga urinaria), salpingitis, etc.
Además en algunos casos se afectan agudamente los ojos, con conjuntivitis
o uveítis.
En algunos casos, como mencionaba antes, van a aparecer alteraciones mucocutáneas
como queratodermia blenorrágica (vesículas en las palmas de las
manos o las plantas de los pies, fundamentalmente), balanitis circinada
(lesiones en el glande del pene), onicolisis (alteraciones en las
uñas), úlceras orales, etc. La frecuencia de aparición de estas alteraciones
es variable.
Por último pueden darse otras manifestaciones progresivas en caso de continuar el curso de la enfermedad, debido
a su actividad a lo largo del tiempo (cardíacas, neurológicas, etc. pero no se trata de manifestaciones clínicas
típicas).
En cuanto al diagnóstico, no existe ninguna prueba específica para esta enfermedad; sin embargo la propia clínica,
con la aparición de manifestaciones más o menos típicas, puede ayudar al mismo. Así, cuando aparece la tríada de
uretritis, conjuntivitis y artritis, se facilita el trabajo del médico, pues más fácilmente puede asociar estos
problemas a esta patología. Otro aspecto importante para el médico va a ser conocer si previamente hubo una infección,
sobre todo intestinal o urológica. Pueden ser estudiados el líquido sinovial de las articulaciones además de prestar
atención a las posibles lesiones mucocutáneas. A la hora de hacer el diagnóstico, es necesario descartar otras enfermedades
que pueden manifestarse de forma parecida en algunos aspectos, como la enfermedad gonocócica diseminada, la artritis
psoriásica y la artritis por enfermedad inflamatoria intestinal.
En el laboratorio aparecen elevados los parámetros típicos de inflamación de los que ya he hablado en el resto de
Espondiloartropatías: aumentan la Velocidad de sedimentación
globular (V.S.G.) y la Proteína C Reactiva (P.C.R.).
Es importante hacer una determinación de HLA-B27 pues está presente en más del 50% de las personas con Artritis Reactiva.
Además algunos pacientes presentan una elevación de anticuerpos contra ciertas bacterias (indicador de que existió una
infección tiempo atrás).
La radiología ofrece datos sobre todo cuando evoluciona la enfermedad, siendo habitual la periostitis (inflamación
del periostio del hueso), sacroileítis y
espondilitis, pero suelen aparecer con
el paso del tiempo.
Acerca del tratamiento, las medidas son similares al resto de patologías de este grupo. Se emplean los
AINES, al igual que en el resto de
Espondiloartropatías, corticoides (generalmente
locales y sólo en algunos casos por vía oral),
sulfasalacina,
metotrexato o inmunosupresores en aquellos casos que no respondan bien a los AINES, etc. Por tanto no
existe un tratamiento curativo de esta patología. Debido a la relación con una infección se apunta a que el uso de
antibióticos podría ser beneficioso, pero es sólo una hipótesis pues no está confirmado.
Al tratamiento médico deben acompañar medidas preventivas de alteraciones posturales, fisioterapia, etc. todo ello
para que la enfermedad afecte lo menos posible al paciente en su vida cotidiana y contribuir a una mejor
espectativa de funcionalidad futura.