12. Intro. liter. paulina y cartas apostólicas. Introducción a la lectura de las cartas de San Pablo.
12. Introducción a la literatura paulina y cartas apostólicas  

INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LAS CARTAS DE SAN PABLO.

Estas cartas de Pablo fueron recopiladas y conservadas. Está claro que las comunidades las leían, especialmente las dirigidas a ellos. Pero al ser cartas abiertas, pronto se vio la posibilidad de ser leídas por otros destinatarios. Es lógico pensar que alguien recopiló un cuerpo epistolar formado por las cartas de Pablo, compuesto por siete escritos (número simbólico): Tesalonicenses, Primera y Segunda de Corintios, Gálatas, Romanos, Filipenses y Filemón. Se refundieron varias cartas en bloques unificados: Corintios, Filipenses y Romanos sería el resultado de este trabajo. Se agruparon por temas, siguiendo la línea de unificar criterios y resolver cosas comunes; también añadió, al final de estas cartas base, los otros escritos más breves. Tras la recopilación puso todos los saludos al final de Romanos.

Esta obra fue modificada, no en la refundición de los escritos ya cerrados, sino añadiendo otras cartas, que hoy consideramos pseudoepigráficas de la escuela paulina. Para evitar y difundirlas mejor por la Gran Iglesia cambiaron el orden de las cartas, de ahí que más tarde tengamos la carta a los Romanos como la primera, puesto que esta comunidad era también considerada la primera, después Corintios, Gálatas, intercala Efesios y Colosenses entre Filipenses, añade las cartas de Timoteo y Tito antes de Filemón. Al final Hebreos, con una pseudoepigrafía más tardía.

Nos movemos en un campo hipotético. Es posible que fuera también este recopilador el que añadiera algunos párrafos y glosas. En todo caso, estamos ante una escuela paulina, seguramente encuadrada en Efeso, que es también responsable de las cartas a los Colosenses, a los Efesios, la Segunda a los Tesalonicenses, a Timoteo y a Tito. Estas últimas cartas son un reconocimiento a estos dos apóstoles, amigos de Pablo, y lugartenientes en estas zonas misioneras.

Todas estas cartas, auténticas y posteriores, tuvieron una gran acogida en las comunidades paulinas, fueron leídas con gran interés, especialmente tras la noticia de la muerte y ejecución como testigo de la fe de San Pablo en Roma, y por el contenido actualizado con sus problemas. La caída de Jerusalén alentaría más a estos grupos, ante la desaparición y dispersión de los cristianos judaizantes, la presencia de la Gran iglesia, que intercambia los escritos y las tradiciones cristianas existentes, hizo que las comunidades paulinas tuvieran un papel destacado en la construcción de la unidad eclesial del siglo II. Son depositarios de una tradición importante y necesaria de la Iglesia apostólica. De hecho, estos escritos han pasado al canon de los libros revelados, y con razón.

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