ROBERT BADEN-POWELL, JEFE SCOUT DEL MUNDO
Teresio Bosco

ELOFF AL ATAQUE
Un gran destino en un rectángulo de papel ** El sordo tronar de los cañones ** El juego terrible de la astucia ** ¿Locura que a nada conduce? ** Los ojos del mundo sobre Mafeking ** Eloff al ataque ** ¡Por fin la liberación! Hacia un mundo de muchachos alegres ** La señal de ¡Nave en peligro! ** Época de viajes fabulosos ** Palabras mágicas sobre un sombrero gris-ratón ** En misión a la India ** Las emboscadas de los Phatan ** Hacia Rusia en espionaje ** Un combate en la gran llanura ** Un dictador negro y otro blanco ** Un problema urgente: el de dos millones de jóvenes ** Seis tiendas en Brownsea ** La temporada de las fogatas y pistas ** Su retiro del ejército ** La Ley Scout ** Un libro que hace estallar a los jóvenes ** Una vuelta alrededor del mundo ** La guerra europea ** Jamboree, encuentro de tribus ** Su muerte a los pies del monte Kenya

 

Abril. Desde Londres la reina Victoria hace llegar a Baden-Powell el siguiente telegrama: "Sigo con admiración la paciente y porfiada defensa que con tanta valentía sostiene su comando, tan rico siempre en recursos". El aparato telegráfico golpea las palabras de la reina en el preciso momento en que Mafeking es blanco del bombardeo más encarnizado. Es que los boers han recibido nuevos refuerzos y lanzan una lluvia de granadas. Tanto el hospital como el campo de las mujeres han sido gravemente alcanzados.

Mayo 12. El general boer Sarel Eloff, que ha llegado con los refuerzos, ataca con 900 hombres. Hay que advertir que no se trata de boers (contrarios al ataque "al descubierto") sino de uitlanders, que son buscadores de oro, especuladores o aventureros que han seguido a Eloff movidos por la esperanza del saqueo.

La columna de los 900 atraviesa el río Molopo y en la oscuridad más completa llega por detrás del primer fortín, protegido por corridas de alambres de púa. El fortín es tomado por asalto antes de que los centinelas puedan dar la alarma.

Más allá comienzan las casas rojas de los negros. Alguien se ha despertado y se oye el diparo de algún fusil. Eloff, entonces, comprende que ya no corre el ataque sorpresivo y ordena arrasar a sangre y fuego. Luego, después de las casas de los negros se alza un fortín que defiende el centro de Mafeking.

Sorprendidos por el intenso fuego, los soldados deben rendirse, y también las caballerizas caen en poder del enemigo. El centro mismo de la ciudad está al alcance del general boer siempre que pueda contar con sus hombres, pero son pocos los que lo siguen, porque los uitlanders se han desparramado por los fortines, las caballerizas y la ciudad negra ávidos del botín. Eloff, entonces, ordena a sus oficiales que los reúnan a fuerza de revólver, pero después de media hora el panorama sigue casi igual, por lo cual juzga imposible pensar en el asalto al centro de la ciudad. Mientras tanto la guarnición de Baden-Powell ha tenido tiempo de despertar, de armarse y de organizar el contraataque.

Pero los asaltantes se han adueñado de una serie de trincheras que rodean los cuarteles. Deslizándose con la cabeza gacha, al frente de sus hombres, Robert encierra en un cerco de fusiles a los soldados de Eloff.

Es ya el alba y los boers se ven obligados a pasar del ataque a la defensa, lo que llevan a cabo con desesperado ardor por catorce horas, devolviendo golpe por golpe, produciendo incendios y devastando la ciudad. Pero están perdidos. Cuando cae la noche, los sobrevivientes emergen dle humo de los incendios con las manos arriba. Son 108 y entre ellos se cuenta Eloff, a quien llevan al Cuartel General.

- ¡Buenas noches, Eloff! - es el saludo de Baden-Powell mientras le dá la mano. - Llega usted muy a tiempo para la cena