ROBERT BADEN-POWELL, JEFE SCOUT DEL MUNDO
Teresio Bosco
HACIA RUSIA EN ESPIONAJE
Un
gran destino en un rectángulo de papel ** El
sordo tronar de los cañones ** El juego
terrible de la astucia ** ¿Locura que a
nada conduce? ** Los ojos del mundo sobre Mafeking ** Eloff
al ataque ** ¡Por fin la liberación!
Hacia un mundo de muchachos alegres ** La señal
de ¡Nave en peligro! ** Época de
viajes fabulosos ** Palabras mágicas
sobre un sombrero gris-ratón ** En misión
a la India ** Las emboscadas de los Phatan ** Hacia
Rusia en espionaje ** Un combate en la gran llanura ** Un
dictador negro y otro blanco ** Un problema urgente:
el de dos millones de jóvenes ** Seis
tiendas en Brownsea ** La temporada de las fogatas
y pistas ** Su retiro del ejército ** La
Ley Scout ** Un libro que hace estallar a los jóvenes ** Una
vuelta alrededor del mundo ** La guerra europea ** Jamboree,
encuentro de tribus ** Su muerte a los pies del
monte Kenya
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1886. Ascendido a capitán y otra vez en Inglaterra,
Robert recibe la orden de ir con su hermano menor a presenciar las grandes
maniobras del ejército ruso.
Porque el ministerio de Guerra británico ha sido informado, por su
servicio secreto, de que Rusia dispone de una novedad revolucionaria. Se trata
de pequeñas pastillas que, ardiendo alrededor de balones inmóviles,
permitirían presentar combates nocturnos iluminando a giorno los campos
de batalla.
A los hermanos Baden-Powell se les manda como "observadores oficiales", o sea, sin dejarse sorprender, deberán ejercer un auténtico espionaje.
Llegan, pues, a Krasoje Selo mientras los regimientos hacen
sus maniobras en la inmensa estepa circundante. Robert, aprovechando un momento
de gran confusión y entusiasmo, deja a su hermano en el lugar que las
autoridades les han asignado y se desliza a examinar el artefacto del balón
de marras que han abandonado los centinelas.
Enseguida, haciéndose pasar por un técnico autorizado, penetra
en el fuerte más cercano, saluda a los centinelas y se esconde hasta
la noche para observar de cerca los famosos experimentos luminosos. Trasladándose
sigilosamente esa noche logró apoderarse de algunos cohetes de fabricación
minuciosa y también de algunas de las misteriosas "pastillas",
que por lo demás, resultaron muy distantes de su fama.
Días después se ordena una nueva maniobra nocturna, pero esta vez en presencia del Zar. Ambos hermanos logran llegar al sector "reservado a los oficiales rusos". ¡Ay! de repente un reflector los ilumina y son arrestados. ¡Caramba! con las leyes rusas referentes a espionaje no se embroma: por lo menos 5 años de cárcel.
Pero mientras permanecen en un refugio bajo estricta vigilancia, Robert se juega el todo por el todo: ofrece una buena suma de dinero a un camarero si el ayuda a huir. Le va bien, porque resulta que el tal camarero es también espía al servicio de los alemanes. Se las arreglan para huir y abandonar Rusia a bordo de una nave inglesa.