ROBERT BADEN-POWELL, JEFE SCOUT DEL MUNDO
Teresio Bosco

PALABRAS MÁGICAS SOBRE UN SOMBRERO GRIS-RATÓN
Un gran destino en un rectángulo de papel ** El sordo tronar de los cañones ** El juego terrible de la astucia ** ¿Locura que a nada conduce? ** Los ojos del mundo sobre Mafeking ** Eloff al ataque ** ¡Por fin la liberación! Hacia un mundo de muchachos alegres ** La señal de ¡Nave en peligro! ** Época de viajes fabulosos ** Palabras mágicas sobre un sombrero gris-ratón ** En misión a la India ** Las emboscadas de los Phatan ** Hacia Rusia en espionaje ** Un combate en la gran llanura ** Un dictador negro y otro blanco ** Un problema urgente: el de dos millones de jóvenes ** Seis tiendas en Brownsea ** La temporada de las fogatas y pistas ** Su retiro del ejército ** La Ley Scout ** Un libro que hace estallar a los jóvenes ** Una vuelta alrededor del mundo ** La guerra europea ** Jamboree, encuentro de tribus ** Su muerte a los pies del monte Kenya

A los 12 años. Con su bolsón de libros Robert entra en el "colegio" inglés de Chaterhouse de Londres. Un "colegio" inglés no es un edificio enorme de clases y corredores, sino un conjunto de pequeñas habitaciones con grandes guirnaldas de hiedra, donde los niños viven en grupos, entregados al estudio y al deporte.

A Robert no le va bien con las tradiciones latinas y griegas, pero es todo un gallo en las ciencias naturales y en las competencias deportivas.

Además le encantan las bromas. Un día que están en el teatro, ante el atraso excesivo del prestidigitador de turno, alguien invita a Robert a que suba al proscenio y entretenga la impaciencia general. Sin hacérselo repetir, sube sin más, se arremanga la camisa y anuncia que va a realizar un estupendo número de hechicería. Para ello se hace prestar un sombrero, que resulta un flamante sombrero gris - ratón completamente nuevo... previos los conjuros y palabras mágicas del caso, saca de su bolsillo un respetable cortaplumas y sin más se pone a recortar el sombrero en delgadas tiras mientras el dueño de la prenda da muestras de visible inquietud. Pero en ese momento hace su entrada el prestidigitador esperado. Robert, con cara de fresco, le entrega las tiras del sombrero y dice a los espectadores: "Con todo agrado dejo que nuestro prestidigitador termine el juego", y se retira.

Es loco por el fútbol, y como guardavalla se gana con el tiempo una gran popularidad. "Cuando se presentaba con camiseta negra y pantaloncitos blancos - refiere un compañero - con la pelota bajo el brazo y la vieja gorra de la escuela echada atrás en la cabeza, la menuda muchedumbre de los pequeños salía fuera de sí y poco menos que lo adoraba".

Ya adulto, podrá escribir: "Muchas veces me han preguntado qué cosa me ha movido desde niño a jugar fútbol con tanto entusiasmo. Pues bien, fue obra de la amistad con un muchacho mayor que yo, que más tarde resultó un famoso futbolista profesional. Yo tuve el honor de cuidarle el abrigo mientras jugaba.

Jamás dio señales de darse prisa y sin embargo se colocaba siempre en forma de adueñarse de la pelota. Recuerdo con cuánta energía reprendió a un compañero que creía ser "de hombre grande" contar historietas sucias. Sentía singular admiración por su habilidad y su valentía.