ROBERT BADEN-POWELL, JEFE SCOUT DEL MUNDO
Teresio Bosco

LA SEÑAL DE ¡NAVE EN PELIGRO!
Un gran destino en un rectángulo de papel ** El sordo tronar de los cañones ** El juego terrible de la astucia ** ¿Locura que a nada conduce? ** Los ojos del mundo sobre Mafeking ** Eloff al ataque ** ¡Por fin la liberación! Hacia un mundo de muchachos alegres ** La señal de ¡Nave en peligro! ** Época de viajes fabulosos ** Palabras mágicas sobre un sombrero gris-ratón ** En misión a la India ** Las emboscadas de los Phatan ** Hacia Rusia en espionaje ** Un combate en la gran llanura ** Un dictador negro y otro blanco ** Un problema urgente: el de dos millones de jóvenes ** Seis tiendas en Brownsea ** La temporada de las fogatas y pistas ** Su retiro del ejército ** La Ley Scout ** Un libro que hace estallar a los jóvenes ** Una vuelta alrededor del mundo ** La guerra europea ** Jamboree, encuentro de tribus ** Su muerte a los pies del monte Kenya

"El período más hermoso de mi niñez fue cuando navegué alrededor de las costas de Inglaterra con 4 de mis hermanos. Éramos dueños de un barco a vela, en el cual vivíamos en acecho en la estación y el tiempo que fuera."

A él, Robert, el más pequeño de la compañía, le tocaba hacer de mozo; tenía que manejar la escoba, ordenar los cordeles, hacer de cocinero en un escaso reducto maloliente, repleto de las cosas más heterogéneas.

Warington, el mayor, corría con la organización de salvamentos. "Nosotros los pequeños implorábamos del cielo que no hubiera ninguna nave en peligro", - recuerda Robert -. Pero un buen día, en lo mejor de una tempestad se dió la señal de ¡nave en peligro! "Izando un velamen reducido, salimos de inmediato del puerto. El mar, amarillento y movido, causaba espanto. Ya en alta mar, la lluvia se hizo tan densa y la mar tan gruesa, que nuestra situación se tornó en extremo precaria. Sin embargo resistimos luchando por horas y horas. Al caer la noche, Warington dijo:"¡Qué bueno!, así podremos divisar la nave a través de las chispas de la chimenea". Pero nuestra búsqueda no tuvo resultado alguno. Y cuando regresamos al puerto, supimos que la embarcación de marras, desde horas estaba ya fuera de peligro".

En esa época, Roberto necesitaba dos renglones completos para escribir su nombre: Robert Stephenson Smyth Baden-Powell. Pero abreviaban y lo llamaban "Ste". Recordaba como en sueño el día de la muerte de papá, el reverendo Baden-Powell, pastor y profesor en Oxford, acaecida en 1860 cuando sólo empinaba sobre los tres años de edad. Recordaba, asimismo, cómo su mamá, siempre tan valiente, ese día lloró a mares.

Ella, la señora Henriette Grace, quedaba con 7 hijos, casi todos en sus brazos, pues el mayor contaba 13 años y el menor, un mes.